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Londres.Nota en diario Diagonales

 

“Vibrante y sin sol, Londres es la ciudad más cosmopolita y multirracial que conocí. Aquí,más de la mitad de la población es extranjera y esto otorga a esta urbe una particularidad que ninguna otra posee: lo londinense es principalmente la mixtura, un carácter que se forja en la mezcla, en la combinación milimetrada de la esencia de múltiples idiosincrasias a lo largo de los siglos sin que ellas se fundan en una sola. Sus calles son escenario de una tensión permanente donde cada grupo construye con ahínco su pequeño mundo, mientras los londinenses que son menos de la mitad de la población reclaman privilegios de propiedad que –pareciera- ya no les pertenecen”

Leenos en diario Diagonales:

http://www.diagonales.com/3222-Bonaerenses-por-el-mundo-Londres-la-unica-la-inigualable.note.aspx

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Música escocesa, no sólo hay gaitas en las tierras del norte

De paseo, y no tanto, porque también estuvimos viviendo y trabajando aquí en la ciudad de Edimburgo, capital de Escocia, tuvimos la oportunidad de acercarnos al mundo musical de este país. 

Antes de dejar estas tierras de gaitas, nos dimos el gusto de recorrer el norte del país, el lago Ness y la isla de Skye entre los puntos más conocidos. Entre montañas, lochs (lago en gaélico) y sorprendentes cielos azules, escuchamos los siguientes artistas, que te compartimos aquí para que musicalices tu visita a Escocia:

Broken records –http://www.brokenrecordsband.com/-Banda del 2006, formada en Edimburgo, con tres discos a la actualidad son llamados los Arcade Fire escoceses. Escuchá: A darkness rises up

Chvrches –http://chvrch.es/-Banda formada en 2011, nativos de Glasgow, cuna y escenario de la música en el país. Tuvieron el quinto lugar en Sound of 2013 de la BBC. Escuchá su album debut: The bones of what you believe 

Frightened Rabbit –http://frightenedrabbit.com/-Con cuatro discos esta banda de Selkirk ya tiene más de diez años. Escuchá uno de sus temas más conocidos : Get out

The Pantom Band –http://www.phantomband.co.uk/hello/– Banda asentada en Glasgow formada en 2002. Escuchá: Clapshot

Paolo Nutini –http://www.paolonutini.com/– Jóven solista de Paisley, reconocido como el mejor músico del momento por la BBC y con varios discos de platino. Escuchá a la revelación escocesa del momento: One Day 

Peatbog Faeries. –http://www.peatbogfaeries.com/-Antigua banda de la isla de Skye, aquí podrán apreciar más de la herencia celta. Con dos premios de la BBC a la banda en vivo del año. Escuchalos (live por supuesto): En el Beverley Folk Acoustic Roots Festival

Belle and Sebastian –http://www.belleandsebastian.com/. Grupo de Glasgow formado allá por los noventa con un merecido reconocimiento internacional. Escuchá: I want the world to stop

Franz Ferdinand –http://www.franzferdinand.com/– Banda de Glasgow, su nombre hace referencia al Archiduque de Austria cuyo asesinato desencadenó la primera guerra mundial. Escuchá: Take me out 

The Jesus and Mary Chain-http://thejesusandmarychain.uk.com/– Antiquísima banda de East Kilbride, se formó en 1984 y tras un paréntesis de casi una década en 1999, al día de hoy están tocando con mucho éxito. Este es el video de: Just Like Honey

Owl Jhon –http://owljohn.com/– Aquí algo de lo nuevo, este proyecto de 2014 es iniciativa de unos de los integrantes de Frightened Rabbit. Escuchalo: Los Angeles be kind

King Eider-http://kingeider.co.uk/. Banda de cinco integrantes formada en 2012, asentada en Edimburgo. Escuchalos: Fire

Estos son algunos, no todos, elegimos los que más nos gustaron obviamente. Los invitamos a agrandar la lista entre todos!

El Blog

Este blog empezó con nuestro viaje por Nueva Zelanda, en el año 2014. Nació entre las ganas de vomitar nuestras experiencias y el intento de generar información útil para otros viajeros. En el camino fue mutando y adquiriendo personalidad propia, por eso hoy es básicamente un popurrí de nuestros placeres. En él encontraras algunas películas que nos gustan mucho, organizadas por país de producción, algo de música que podrás combinar con la lectura de nuestros textos de viaje y mucho sobre nuestras percepciones alrededor del mundo. Generalmente yo, Josefina escribo y Pablo captura las imágenes, pero intentamos complementarnos y compartir nuestras tareas porque creemos que siempre el trabajo colectivo da mejores frutos.

Desde que comenzamos en Nueva Zelanda recorrimos el país de Sur a Norte, hicimos dedo, alquilamos un auto y viajamos en bus. Después visitamos Samoa, un viaje relámpago de 12 días.

A finales del año nos fuimos  a Japón por tres meses, viajamos mientras trabajábamos para economizar el viaje. Luego volamos a Corea del Sur donde enseñamos inglés a cambio de alojamiento y comida durante un mes y medio. Cansados del frío nos fuimos a Filipinas, visitamos Manila, las terrazas de arroz en el norte, Cebú y Negros. En Indonesia viajamos durante un mes por Bali, Java y Sumatra haciendo couchsurfing principalmente. Nos cruzamos a Camboya y estuvimos allí dos semanas, era nuestra segunda vez en el país, entonces aprovechamos para recorrer algunos rincones que habíamos pasado por alto. Nos pasamos a su vecino Vietnam, el país de los guerreros y aprovechando el visado gratuito de quince días con pasaporte europeo, visitamos el sur. Luego cruzamos a Laos, y al ritmo lento de los lugareños descubrimos su tierra de Sur a Norte. Ya casi sin fondos volvimos a Vietnam, y viajamos por el norte otros quince días.

El tiempo pasó de prisa y todavía nos queda mucho por compartir, poco a poco iremos actualizando el sitio y les traeremos novedades de viajes pasados y futuros. De momento estamos en Edimburgo y pronto volvemos a Argentina.

Los invitamos a hacernos consultas y sugerencias, siempre es bueno saberlos del otro lado y sentirnos acompañados en nuestro vuelo.

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Reflexiones del otro lado del globo

Una cámara de fotos water proof, porque seguro hago alguna inmersión de buceo, la malla, un par de ojotas, un sombrero y el bronceador, ropa poca total allá todo sale un dólar, la mochila está lista y empieza la aventura. Llegamos al sudeste y nada nos decepciona. La oferta de actividades es mayor de la que esperábamos y la gente es muy amable. La playa es mágica y la ropa efectivamente está un dólar, claro la fabrican acá, en talleres de los cuales seguro nos horrorizaríamos, pero esta vez la compramos. Los vendedores, porque aquí se vende todo, se ponen insistentes y nosotros andamos rezongando que no somos una billetera caminando, ellos tienen siempre una sonrisa y nosotros poca paciencia.
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Desde el museo de los vestigios de la guerra de Vietman en Saigón/ Ho Chi Min pienso qué ironía que resulta todo, ellos con una sonrisa y occidente perdiendo la paciencia fácilmente. Y justo allí mirando el presente con fotos del pasado pienso en mi viaje por estos lares. El Sudeste asiático puede ser un viaje de playas y templos, de mares turquesas, puestas de sol, budas y sahumerios, de chucherías en los mercados y comida barata.
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Este recóndito pedacito de mundo, que casi se cae del mapa para los occidentales y queda a más de 20 horas de vuelo, puede suponer el descubrimiento de otras culturas y religiones, una expedición exótica incentivada por las fotos coloridas de revistas de viajes, el viaje más económico a un destino remoto que nos podemos permitir, fiesta asegurada y podría seguir.
Same same but different, un viaje al sudeste también puede ser encontrarse con ciudades llenas de basura acumulada, que recibe numerosas ratas apenas cae el sol, con administraciones corruptas que poco hacen por el bienestar de los pobladores del lugar, con playas llenas de plástico, en las que hay que buscar el ángulo para que la foto se vea como en las publicidades y la arena blanca no esté manchada por los restos del almuerzo de los numerosos visitantes que llegan a diario. El Sudeste es prostitución de menores, extranjeros ostentando niñas en bares de precio turista, timos y sobreprecios en cada esquina y mucha desigualdad y pobreza.
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El Sudeste es la injusticia de playas enteras conquistadas por resorts de propiedad Rusa, China y el menor medida Alemana, pegados a casillas que no tienen ni agua potable ni luz. Es un sinfin de actividades montadas para el turista que destruyen el medio ambiente y nada tienen que ver con la cultura local, con las cuales se enriquece solo el sector que se pudo vincular al turismo, mientras la mayoría mira con calma un porvernir sin cambios. Es también guerras de hace muy poco, más alguna guerra de hoy y aquí me voy a detener.
Podemos hacer un resumen al mejor estilo telediario de medianoche donde no nos dicen nada pero creemos que nos dijeron todo y nos vamos a dormir tranquilos. O podemos buscar un camino más largo y menos acorde a los tiempos actuales de mensajes rápidos, textos cortos, reflexiones poco críticas y escuchas con prisa como dice nuestro amigo Mario. Cada uno tomará su mejor opción, aquí solo recordaremos un rincón del mundo que poco aparece en las noticias, los manuales y los libros de historia, pero que puede echarnos luz para pensarnos hoy de manera más integral.
Si solo pensamos un segundo en que la guerra de Vietnam termino hace tan sólo 40 años; que la guerra no fue solo la guerra sino también el bombardeo sistemático de sus países vecinos, Laos y Camboya, para evitar el avance del comunismo, que ello permitió el ascenso de los jemeres rojos que llevaron adelante el genocidio de una generación completa y que el resto del mundo dio vuelta la cara. Que esas intervenciones del mundo occidental en el Sudeste asiático tienen aún hoy consecuencias devastadoras. Y que mucho de lo que se vive en un lugar es gracias a lo que no se vive en otro. Si a la luz o mejor dicho a la sombra de tanta muerte e injusticia nos pensáramos hoy, con las invasiones en Siria y Palestina, el conflicto Coreano o la intervención en distintos países del tercer mundo, con toda la basura tecnológica de lo que diariamente consumimos vertida en estos países del final del mundo, que también sirven de mano de obra barata para la fabricación de tantas cosas que no precisamos para vivir, tal vez no nos encontremos en un par de décadas visitando horrorizados museos de los vestigios o campos de exterminio llenos de calaveras, tal vez los mares no tendrán más plástico que agua, tal vez el despliegue anti-terrorista de la actualidad y el anti-comunismo de antaño no se traduzcan en un anti-otro de mañana, y la guerra no sea por el petroleo, el agua o el Sol, sino que no haya guerra. Un viaje al sudeste además de playas azules, templos y monjes, banana pancake y pad thai, el encuentro con culturas muy distintas y la gracia de la hospitalidad casi permanente, fue para nosotros un viaje a nuestros días, la invitación a descubrir en profundidad que pasa hoy en el mundo, lejos y cerca de casa, para que el viaje futuro sea con museos de más colores y menos rejas.
 

Café Luwak

Empecemos con la historia que todos quieren escuchar, la del mejor café del mundo.

Cuando estacionamos la moto en Alam Bali, Julina nos recibe con una sonrisa. Sin dejarnos siquiera sacarnos el casco nos despliega un discurso prolijo, donde se presenta de memoria y nos invita a degustar los productos del lugar. Un poco aturdidos estacionamos la moto y le advertimos a Julina que no queremos trampas, sólo conocer cómo se produce este café tan particular y tal vez tomar una taza. Julina asiente y dice que no hay problema sin deshacer su sonrisa.

El Kopi (café) Luwak  o café de civeta es un tipo especial de café, su particularidad radica en que se obtiene de las deposiciones de este animal que es una mezcla de gato y suricata. Los animales, cuyo nombre es Luwak en Indonesia comen los granos de café, seleccionando los que están en el punto justo de maduración y luego en su estómago el proceso de fermentación sustrae acidez e intensifica el sabor, dando como resultado un café más sano y gustoso, con menos cafeína y un sabor más fuerte.

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Luwak

La seguimos por un pasillo cerrado, de palmeras y vegetación compacta. Ella va explicando el proceso de producción del café mientras toca las hojas suavemente. Nos muestra algunas vainas de cacao que también producen y nos dirige hacia un sector donde están los animales. Ahí remarca que estos ejemplares están allí sólo para que la gente los pueda ver pero que la producción se hace con animales salvajes que habitan en las grandes plantaciones del fondo. Con la conciencia tranquila, la seguimos ansiosos por nuestra taza de café. A mitad de camino un murciélago enorme, colgado boca abajo, nos mira pasar pero casi ni se mueve, yo paralizada por la impresión los imito unos segundos hasta que reaccionó y apuro el paso para no perder a Julina de vista.

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El murciélago de la plantación

Al final del pasillo se abre una enorme terraza que da a las plantaciones. Allí un chico tuesta el café manualmente. En unas cestas se puede ver el café recolectado, todavía con restos de excrementos, el café limpio, el café pelado y el café tostado. Julina explica esta última parte del proceso mientras pela algunos granos para que podamos olerlos.

Elegimos una mesa alta justo en el límite de la terraza y rápidamnete aparece otra chica y nos trae una degustación de cafés, tes y cacao que incluye: té de mangosteen, té de jengibre, té de lemongrass, té de canela, cacao, café de coco, café de vainilla, café de gingseng y café balinés. Mientras hablamos de las propiedades de los productos encargamos una taza de café Luwak.

El café Luwak es muy sabroso, tiene un gusto terroso y seco. Por su proceso de producción y por las pocas cantidades que se producen a nivel mundial ha llegado a ser el café más caro del mundo, costando hasta 400 euros el kilo. En indonesia se puede tomar una tasa por unos 3-4 dólares. Por el mismo precio tomamos el resto de los cafés saborizados y tes que también estaban muy buenos.

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Café Luwak
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Degustación de productos

Hasta aquí el vaso… o mejor dicho la taza media llena (de café). Pero todo tiene su dark side (lado oscuro) y después de la visita a la plantación de café Luwak me quedé pensando en que algo no me cerraba. Por un lado, tanto ofrecimiento “for free” como nos decían en la puerta me parecía sospechoso, principalmente porque todo lo vinculado al turismo tiene el sabor amargo de que uno se siente una billetera con patas, segundo, porque si el proceso de producción es tan sofisticado nunca puede valer una copa de café, sólo 3 euros. Intenté imaginarme los animales en libertad en las plantaciones del fondo y cuántos trabajadores se precisaban para recolectar las heces. Mi costado “grinch” se terminó de convencer, habíamos sido estafados. La falsificación y el maltrato de las civetas sería el título de la historia que algunos prefieren no conocer.

El café de civeta se produce en Indonesia, Filipnas, Vietnam y algunos lugares de India. En la mayoría de los lugares los animales están enjaulados y son alimentados por los productores exclusivamente con granos de café, siendo su dieta original mucho más variada. De esta forma el proceso químico que supuestamente sufren los granos de café no es el buscado. Para completar el mal trago los lugares de degustación generalmente venden falsificaciones a un precio cercano al original. Sacando cuentas, podríamos decir que caímos! Pagamos un café balinés común y silvestre 50.000 rupias indonesias. Sí, ríanse! Y finalmente nunca supimos si siquiera había allí, más que los dos o tres Luwak que vimos echados por ahí, que sospechamos, estaban sedados.

Si les interesa el tema nosotros encontramos en el blog Hastasiemprecatalina.com un artículo muy completo y detallado donde describe los orígenes del café, el proceso químico que realiza la civeta en su organismo y el maltrato de estos animales: Kopi Luwak, el café más caro del mundo se procesa a través de los excrementos de un animal.

También les dejamos un documental sobre el tema:

 Café Luwak y su cruel secreto documental

Café Luwak, su producción documental

Is it more fun in Philippines?

Después de veinte días en el país, nos quedan más preguntas que respuestas. Pero de algo estamos seguros: Filipinas es un país hermoso. Esta certeza se matiza con una realidad social desigual y de mucha pobreza, un descuido total del medio ambiente y una fuerte corrupción de sus gobernantes. Por otra parte viajar por el país es difícil: su territorio está compuesto por 7000 islas y su red de transporte es muy mala, generalmente existe un solo camino para comunicar ciudades y esto hace que colapsen permanentemente. Por último, si bien, como la mayoría de los países del sudeste asiático, es un destino económico, no lo es tanto como uno planea.

Nuestro recorrido comenzó en Manila, ciudad que se merece un post aparte y no justamente por lo magnífica. Luego viajamos hacia el norte a visitar los arrozales de Baguio, allí optamos por parar en Batad, un pequeño pueblo de montaña que vive del turismo y las plantaciones de arroz. Como la mayoría de los turistas visita a la aldea por el día pernoctando en el lugar uno puede alejarse de la horda de visitantes. Quedarnos allí algunos días nos permitió pasar tiempo con la comunidad, interiorizarnos en el proceso del cultivo del arroz, visitar la escuela y empaparnos de la cultura del lugar.

La segunda parada fue la isla de Cebú. Respetando el objetivo central de nuestro plan, evitar las grandes ciudades, aquí visitamos Malapascua, una pequeña isla del norte. Para llegar allí, pese a que no queda a más de 200km de la ciudad de Cebú, tardamos más de 6 horas combinando, sheepney, bus y bangka.

Malapascua es una isla de no más de 3km de diámetro que se puede recorrer a pie en 2 horas. Aquí se puede disfrutar de un ritmo más relajado y de un ambiente más familiar. Las pequeñas casillas ofrecen comidas típicas y la mayoría de los centros de buceos en la costa invitan a adentrarse en las profundidades del mar. En Malapascua se puede bucear con tiburones o sin asumir tantos riesgos descansar en una de sus blancas playas con aguas cristalinas.

Malapascua

Cerca de Cebú al sur, se puede cruzar a Negros, una isla menos turística con muchas oferta de actividades. Allí visitamos Dumaguete, Isla Apo y Siquijor. Negros lo tiene todo: iglesias, cascadas, cuevas, playas o nadar con tortugas son algunas de las muchas cosas para hacer en la región. Más económica y con menos turistas que el resto de las islas principales, Negros es una gran promesa.

Ahora bien, cómo es la sociedad Filipina? Hablar de los lugares sin mencionar la gente que lo habita, es prácticamente no decir nada. Aquí, la sociedad es alegre y optimista. En un país donde pareciera que peor ya no se puede, la gente sonríe en medio del polvo y la pobreza. Una sociedad resiliente que combina la capacidad de seguir adelante con una actitud especial con respecto a los visitantes, a veces hospitalaria y a veces hostil. Podríamos decir que en Filipinas nos sentimos, no del todo cómodos. Aunque no es justo juzgar el país por los veinte días que estuvimos allí, visitando sólo tres islas. La magnitud de la mixtura y la variedad cultural vinculada a las características peculiares de su territorio hacen imposible comprenderla a primera vista.  Esta es una población donde se siente la herencia hispana, en la religión y en su expresividad, que varía mucho sus maneras a medida que uno se interna en destinos más inhóspitos, donde la gente es más solidaria y servicial. Sin embargo, una joven filipina nos advirtió: ‘Nunca confíen en un filipino’ y algo de eso percibimos sobre todo en aquellos que trabajan vinculados al turismo.

Banaue

La comida, otro elemento que nosotros siempre consideramos a la hora de definir un lugar, nos dejó con ganas de trópico y colores. Los platos más populares, de sabores repetidos, son el Pancit, fideos hechos en caldo de cerdo y los Silog, arroz con huevo y pollo, salchicha o cerdo (No apto para vegetarianos!).

Habría que dejar que la experiencia decante pero los primeros registros no tuvieron mucho de fun in Philippines para nosotros. La sensación que nos deja un país depende mucho de cada viaje en particular, por eso es importante remarcar que esta fue nuestra experiencia y que si bien ella no fue del todo positiva recomendamos igualmente visitar este rincón del planeta. Nuestra conclusión inicial sería que Filipinas es más disfrutable si se visita con tiempo.

Las vicisitudes de compartir la morada. Parte 3.

Llegaste a Nueva Zelanda, varias cosas para organizar. Si buscas casa, mirá cómo conseguir alojamiento en Nueva Zelanda, si salís a hacer los mandados mirá tips para hacer las compras en Nueva ZelandaFaltaría lo más importante, buscar trabajo, para eso visitá la página más completa que hay respecto a la Working Holiday en Nueva Zelanda Yomeanimoyvos.

Nuestra experiencia de trabajo en Nueva Zelanda fue principalmente en la ciudad, en bares y supermercados. Esto tiene las ventajas de vivir en la ciudad y poder aprovechar su oferta cultural y de actividades, generalmente también uno puede hablar más el idioma y perfeccionarlo, con la desventaja de que en ocasiones la capacidad de ahorro es menor, pero esto es muy relativo. Nuestro consejo para conseguir trabajo es armar un CV y salir a recorrer, esta fue la forma más efectiva según nuestra experiencia.

Si te agarraron nervios, relajate leyendo nuestras historias de casa compartida y pensá que vas a conseguir trabajo más rápido de lo que imaginás!

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Acto tres. Casa uno.

Mount Victoria ParkFrío en Wellington. Nos alojamos en Lodge in the City…

Un lugar deprimente, su precio era la única razón para elegirlo. La cocina imposible de sucia, los pisos pegoteados, todas las ollas y los platos engrasados, muchas hornallas, prácticamente ninguna en funcionamiento. Los baños, escalofriantes, las alfombras con olor a rinoceronte y una sala de pool que parecía el descanso del tren fantasma. Había pasado una semana y todavía no conseguíamos trabajo, nos turnábamos en el pesimismo y siempre concluíamos, si en tres semanas no sale nada, movemos a otra ciudad. El chino del Fish and Chips de la vuelta, nos daba aliento cada día. Nosotros, intentábamos creer en sus vaticinios pero el tiempo pasaba, y nada.

Lodge in the City nos hacía perder plata y anímicamente no aportaba mucho, por eso empezamos desesperadamente a buscar una casa. Un poco con la esperanza de encontrar un trabajo y quedarnos ahí, un poco sabiendo que, tal vez, era una mala jugada.

La habitación era fría. En el living la estufa estaba prendida al máximo, exageraciones que a uno lo hacen dudar. La sospecha de percibir en el maquillaje exacerbado la necesidad de ocultar lo inevitable. Fiona fue muy simpática, al máximo, igual que la estufa. Alguien sabrá la razón por la cual quería huir de la casa lo antes posible. Se juntaron nuestras desesperaciones. Su “lo antes posible”, más el nuestro, resultaron en que a los dos días, ella se fue y nosotros llegamos con un colchón en andas que trasladamos por ocho cuadras ante la mirada atónita de los transeúntes.

A los varios días conocimos a Zane, con su largo pelo negro azabache y sus pantalones bien ajustados, siempre negros. Los ojos verdes, dulces, eran como un páramo en su imagen de metalero. La vida junto a Zane era tranquila, los árboles del fondo habían empezado a florecer y con la llegada de la primavera solíamos juntarnos en la mesa del fondo a charlar. Nos contamos nuestros viajes, nuestros aprendizajes a lo largo de la vida y coincidíamos siempre. Esa sensación mezcla de calma y felicidad como cuando encontrás una pieza que encastra en un rompecabezas de mil.

El aire se enrareció a los pocos días de los primeros brotes. Me llamó la atención la obsesión con la que Kate, la otra chica que vivía en la casa, ordenaba las ollas sobre las hornallas, mientras cocinábamos juntas, la impunidad con la que manipulaba mis alimentos en plena cocción. Esa noche, la del presagio de la tormenta, no encontramos los cubiertos en el cajón sino en living, acomodados con una exactitud milimétrica al costado de una mesa armada con premura, la precuela de una escena de película, obsesiones de nuestra flatmate que con un día y medio de anticipación, acomodó la mesa, preparó la comida y el postre y me persiguió segundo a segundo para que no deje migas en la mesada porque sus compañeras de trabajo vendrían a cenar en más de 36 horas.

Entonces, en el medio de una tarde serena, se desata la tormenta. Pablo es acusado de gastar el gel de limpieza facial de nuestra compañera de casa nro 1., Kate. Pablo no se maquilla y se lo explica a ella. También le aclara que se compra sus propios víveres, por lo tanto no precisa usar las cosas de nadie. Ella enloquece. También denuncia tener menos café. Pablo repite parsimoniosamente la explicación. Ella se encierra en el baño y empieza a golpear todo. Nos reunimos con Pablo y su novio, el de Kate, en la puerta del baño. Yo digo en español, total los otros dos no entienden: esta mujer está muy loca, mejor encerrémonos en la habitación, andá a saber dónde termina esto!!! Pregunto ingenuamente si había antecedentes de este episodio al novio. Me dice que no, primera vez. Qué raro pensé, todo indicaba que algo no andaba bien hace rato. Él la conoce hace dos años. No percicbió nada. Un negador. En medio de todo el exabrupto, sale Kate, la otra, la vecina de atrás. Intenta desconcertada ponerse al tanto. Pablo adrenalínico hace el reporte de los hechos. Yo me voy recluyendo en la habitación. El novio pide a gritos la salida. Ella sale. Salta por la ventana trasera del baño con rumbo desconocido. El baño cerrado por dentro. Ella no aparece ni responde el teléfono. La salimos a buscar. Después de media hora la encontramos. Escondida en el porche se ríe de nosotros con la mirada perdida.

Final del acto tres.

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Los días en Takaka…

Fui a Takaka por un presentimiento. Estaba buscando un poco más de tranquilidad, un poco más de verde y cielo. Mi estadía en Wellington me había dado mucho de esto, más amigos y tardes de café, pero todo tiene un ciclo y yo había terminado el mio en esa capital.

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No sabía nada del lugar, sólo busqué instintivamente opciones de woofing allí. La primer respuesta no fue la que deseaba, ya tenían gente para las fechas que yo buscaba. Sin darme por vencida, revisé otras opciones y una semana antes de viajar reiteré el pedido, con éxito esta vez.

Hacer woofing es una opción muy recomendable, si tus tiempos son flexibles y no querés gastar dinero en alojamiento (y muchas veces comidas). Woofing consiste en intercambiar algunas horas de trabajo, pueden varias entre 2 o 5 dependiendo lo que obtengas a cambio, por alojamiento y en ocasiones también comida. Para hacer woofing lo más sencillo es registrarse en alguna página, yo uso Helpx, armar un usuario y contactar a través de allí a los hosts. Sin embargo, si no tenés dinero para pagar la membresía también podés contactar Backpackers por mail, o ir al lugar que te interesa y consultar si hay familias que ofrecen woofing (esto se puede hacer en los backpackers o en la oficina de turismo). La experiencia en Backpackers es bien distinta que con familias, principalmente por la cantidad de horas de trabajo y por el tipo de relación que se establece con las personas que hospedan… En los Backpackers el vínculo es generalmente más impersonal pero se trabajan menos horas, con las familias uno realmente puede sentir que está compartiendo el modo de vida local, pero es más común que las horas de trabajo estén menos delimitadas y uno termine trabajando varias horas. En fin, hay según los gustos y las necesidades.

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Los días en Takaka, entonces, fueron haciendo woofing, en un hostel muy chiquito y familiar. Allí había varias personas viviendo permanente como Richard que trabajaba  en un negocio donde hacían excursiones para ir a pescar salmón y después ahumarlo, Rob que estaba haciendo la temporada del prunning de kiwi y el gran grupo de chicos de las islas Solomon y Vanuatu, que venían haciendo la temporada hacía algunos años, con una visa especial que los habitantes de estas islas tienen para trabajar en Nueva Zelanda. Después como todo hostel estaban los de paso, que salían o se preparaban para entrar en algún sendero, pasaban de visita y traían nuevas anécdotas al hogar.

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Takaka está en Golden Bay, al noroeste de la isla sur en Nueva Zelanda. Es el punto de partida para muchos que hacen las caminatas por el Parque Abel Tasman, pero también es una ciudad mágica y tranquila, llena de actividades al aire libre y con una comunidad muy cálida que siempre te devuelve una sonrisa de bienvenida cuando te ve pasar. La mayoría de los habitantes son trabajadores en sus propias granjas o artesanos. Hay aquí una cultura muy fuerte de preservación del medio ambiente y un manejo sustentable de la economía.

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Muchos dicen que es un rincón hippie en el sur de Nueva Zelanda. Takaka es esto y mucho más. Rodeada de bellezas naturales, esta pequeña ciudad de ritmo alegre y tranquilo, ofrece cobijo a todo aquel que tenga ganas de disfrutar y relajarse.

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Además de los paisajes increíbles, Takaka es un cofre de actividades de todo tipo: caminatas colectivas, música en vivo, yoga, muestras artísticas, ferias orgánicas, de productos artesanales, ropa usada, artesanías y quién sabe cuantas más que no llegué a descubrir.

Cerca de la ciudad hay varias playas que se pueden visitar o a pie o en bicicleta. Hacia el este, están Rototai, Phoara y Tata Beach, para el oeste Patons Rock Beach. Más allá obviamente la tierra continúa pero ya se hace necesario un auto. Las playas son amplias y desiertas, algunas con piedras otras con arenas doradas, algunas con aguas verde esmeralda, otras de celestes profundos. Además de las playas se pueden visitar Rawhiti Caves, Te Waikoropupu Springs y un laberinto de piedras gigantes repleto de muñequitos. A su vez este es el punto de partida para visitar el Parque Nacional Abel Tasman o emprender alguno de los senderos de la zona (Heaphy TrackKahurangi National Park).

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Para llegar a los puntos más distantes, si uno no tiene auto se puede llegar a dedo, es rápido, efectivo, seguro y económico. Me crucé más mujeres que hombres haciendo dedo solas y todas coincidieron en que no era nada peligroso. Sus consejos fueron claros: salir con tiempo, saber el recorrido, no hacer dedo cuando oscurece, no subir al auto si uno no se siente seguro, tomar apunte de la patente y mandársela a algún conocido que esté atento a la espera de nuestro mensaje a la llegada.

Si no tenían auto y con esto se convencieron, pueden visitar Farewell Spit que es una lengua de arena que se mete en el mar, por la que uno puede caminar y cruzar de lado a lado.

12019122_10204917543638848_1862791673_oO también, un poquitito más allá, a unos veinte minutos de camino de ripio está Wharariki Beach, una playa increíble con enormes rocas que forman túneles sobre el mar. Un lugar hermoso para ver el atardecer donde se pueden ver lobos marinos cuando la marea está baja (chequear marea en Wharariki)
12018665_10204917541518795_1753561796_oAquí, en este pequeño pueblo, conocí a Henri y Jhono, dos personas que me convidaron sus ganas de vivir, casi sin querer, tal vez sin darse cuenta. Hacía cinco años y con más de 70 se aventuraron al cambio de ciudad, al desafío de reconstruir un hostel y hacer de eso su medio de vida. Todos los días volvían a empezar, desde las 6:30 am preparaban el desayuno para sus huéspedes, cambiaban las sábanas, ordenaban la morada y por si esto fuera poco, refaccionaban su propia casa, de a poco, despacito…

A media mañana, tomábamos un té en los sillones junto a la ventana y todos los viernes nos reuníamos en una cena a la canasta, donde se intercambiaban recetas, historias y costumbres entre los que estuvieran en el hostel en ese momento. Parecía natural, pero atrás de esta reunión multicultural, estaba ellos dos manipulando los hilos para que todos nos sintiéramos cómodos y en casa.

En pocos días se irían a Australia, a recorrer en camioneta una parte del país. Cuando volví de visita, ya estaban en viaje, supe que también decidieron ir a las Islas Salomón a visitar a la troup.

Cuándo escucho gente preguntar: Y, te parece? A esta altura? Me acuerdo de ellos, de su fortaleza y coraje, y pienso, Sí! mejor ahora, mañana puede ser tarde!

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*Alojamiento en Takaka:

Barefoot Backpackers: en Commercial St, un lugar muy lindo y cálido.

Annies Nirvana: A la vuelta de la estación de servicio.

Kiwiana: Cerca de Barefoot alejándose del centro, cierra en invierno.

*Hacer las compras:

Hay un Fresh Choice en la entrada, frente al I-site y una dietética que vende muchísimos productos orgánicos a dos cuadras del supermercado.

*Dónde comer:

Dangerous Kitchen: Está en el centro, en Commercial St. a dos cuadras del I-site.

The Wholemeal cafe: En la misma cuadra que el anterior, antes era un cine.

*Bares

Roots Bar: Ubicado frente a la estación de servicio, a una cuadra del I-site.

Mussel Inn: Más lejos, como a 10km venden una cerveza artesanal muy rica y siempre tienen los mejores recitales de la zona.

*Dormir Gratis:

Abajo del puente que está antes de llegar a Pupu Springs, al lado del río se puede pasar la noche.

*Cómo llegar:

En combi desde Nelson con golden bay coachlines.

En auto.

A dedo.

Las pirámides de Egipto y nuestros amigos palestinos.

Egipto

Antes de viajar chequeé una y mil veces la página de la embajada de la Argentina en Egipto, me contacté con gente que estaba por viajar a Egipto igual que nosotros, en un par de semanas, en medio de la revolución. Hacía poco, se había cumplido un año de la masacre de Portsaid, en el partido de fútbol entre Al-Masry y Al-Ahly, y los enfrentamientos se reprodujeron. Este conflicto tenía un fuerte trasfondo político ya que cada uno de los equipos defendía respectivamente al régimen de Mubarak y la liberación de los pueblos árabes.

Habían pasado ya dos años de la revolución egipcia que derrocó al dictador Mubarak y Morsi estaba actualmente en el poder, pero la población seguía disconforme. Eran muchos años de corrupción y hambre de las mayorías.

Nosotros teníamos mucho miedo, los medios de comunicación mostraban un país al rojo vivo que asistía a una escalada de violencia sin precedentes. Finalmente, en una decisión un poco más instintiva  que racional, decidimos ir.

Llegamos al Cairo de noche. La mayoría de nosotros asociamos la noche al peligro, lo oscuro es siempre algo amenazante, el negro es un color malo. Cuando era chica, mi hermana que es mucho menor, le temía a la oscuridad y yo tenía que dormir con la luz prendida toda la noche, de lo contrario, ella no podía descansar en paz. A veces, dejaba prendido también el televisor porque era todavía más efectivo, y yo me aprendía de memoria los capítulos de los Rugrats y del chico con cabeza de balón, intentando develar cuál era la diferencia entre con luz y sin luz. La luz no es menos peligrosa que la oscuridad, el blanco no es mejor que el negro, de noche, solamente de noche brillan las estrellas y nosotros pudimos cruzar el Cairo tranquilos porque era de noche y la ciudad estaba durmiendo. Ni bien llegamos paramos cerca de las pirámides para visitarlas más fácilmente.

Nuestros primeros días los pasamos en Guiza, a unos kilómetros del centro del Cairo, y enfrente, justo enfrente de las pirámides. Esta opción nos parecía más oportuna pensando siempre que estar en el centro sería más peligroso. Esta fotografía de la actualidad egipcia que construimos leyendo lo que otro, con intereses creados contaban, estaba lejos de la realidad. El Cairo no era ni más ni menos peligroso que cualquier otra capital del mundo. Su gente estaba movilizada y comprometida, pero obviamente eso no implicaba ningún riesgo para nadie más que los que detentaban el poder de manera fraudulenta.

Las pirámides

Yo siempre me imaginé que las pirámides quedaban en el medio del desierto, que había que caminar horas bajo el sol para llegar, programando cuánta agua era necesaria para la travesía, pero no, Keops, Kefren y Micerinos estaban, ahí nomás, cruzando la calle desde nuestra habitación. Las pirámides están en el medio de un barrio empobrecido, con una autopista que pasa ahí atrás, a no muchos metros. Esto no quita que las pirámides no sean impresionantes, el sólo hecho de pensar en la organización de la comunidad entorno a su construcción, la cantidad de trabajo y sudor, las vidas que vieron pasar, me eriza la piel. Sin embargo, no son algo perdido en el medio de la nada, están ahí entre los comerciantes que intentan vender sus artículos, entre los dueños de camellos que no se cansan de ofrecerte un paseo por el predio, entre mucha gente que lleva adelante sus días de mucho trabajo y poca paga y que ya naturalizó las pirámides como parte del paisaje.

Guiza 2

Por el barrio de Guiza comimos los falafel más ricos de todo Egipto, mientras los vecinos llevaban en andas el cajón fúnebre de uno de ellos que ya había pasado a mejor vida, la gente se agolpaba para comprar el pan subvencionado por el gobierno, los más chicos se acercaban a jugar con nosotros. En medio de la revolución, por las calles de Egipto, me sentí segura, y esto no es poca cosa tratándose de un país árabe y musulmán donde más de las tres cuartas partes de las mujeres están la mayor del tiempo en sus casas, no trabajan ni tienen mucha presencia en la escena pública y cuando la tienen, es bajo sus ropajes negros y holgados. Lo que sucedía allí es que la comunidad se involucraba permanentemente en la cosa pública, cualquier cosa que sucediera en la calle, una pelea, un choque, un niño perdido hacía que todos y cada uno tomaran parte en el asunto. Por lo tanto, uno nunca se sentía solo, desamparado. Esta característica fue una de las cosas que más admiré de los egipcios, su capacidad de involucrarse, de interesarse por el otro. Guiza no era un lugar bello, era amenazante, vertiginoso, sucio y, sin embargo, uno se sentía seguro comiendo en la orilla de la vereda, viendo los camellos pasar, pero ya ven, al igual que las imágenes que nos venden de las pirámides, no todo es lo que parece.

Guiza 1

Cuando nos mudamos al centro del Cairo, el hotel donde paramos no era como en las fotos, los edificios de la ciudad eran muy antiguos, algo lúgubres y derruídos, cada entrada era aventurarse en un nuevo mundo, ya que las construcciones albergaban en sus distintos pisos los más variados negocios, casas de familia, hoteles y quien sabe que más.

Edificios del Cairo

El primer impacto fue algo temerario pero después descubrimos que todos los inmuebles tenían las mismas características y que como la andanza de perderse en las callecitas del Cairo, entre mercados y mezquitas, era todo un acontecimiento vagar por sus antiguas edificaciones, viajar en sus ascensores de madera con puertas manuales, subir las grandes escaleras de mármol y descubrir en cada piso una nueva historia que contar.

Mezquitas del cairo

Centro del Cairo

El taxi que nos llevó desde Guiza hasta el centro no fue la excepción. El recorrido debía costar algo de 20 liras turcas según nuestros cálculos y el taxímetro que rápidamente fue apagado por el conductor, pero si bien el taxista parecía agradable, cuando nos bajamos del taxi intentó cobrarnos mucho más de lo debido. Tampoco sentado al volante parecía tener el tamaño que tenía cuando se bajó del auto en medio de nuestra pelea. Y allí estábamos discutiendo con un grandote frente al alojamiento sin poder llegar a un acuerdo. En menos de unos minutos la policía y varios vecinos se hicieron presentes en medio de la calle repleta de autos.

Tránsito en el Cairo

Nosotros estábamos con las mochilas y lo único que queríamos era llegar, siempre nos parece una mala idea la de tomar un taxi pero a veces es necesario. Habitualmente intentamos negociar el precio al inicio para no tener ningún problema, pero como el taxista accedió a poner el taxímetro, cosa muy poco común por cierto, pensamos que nos habíamos eximido del engaño. Finalmente, ganamos la batalla, porque insistimos y porque la mayoría estaba a nuestro favor. La situación era horrible porque nosotros podíamos darnos cuenta que el país estaba en una crisis total de desigualdad y opresión para todos los trabajadores, pero tampoco íbamos a permitir que sacaran ventaja sobre nosotros que también habíamos hecho mucho esfuerzo para estar allí.

Por suerte y para pasar el mal trago, cuando llegamos al hotel nos recibió cálidamente Mohamed, un joven que creía fervientemente en la revolución y en la posibilidad de cambiar la realidad. Con el primer té de muchos empezamos a hablar de la situación política, de los deseos de libertad y justicia de la sociedad egipcia, la sangre corría ferviente por nuestras venas, parecía como si nos hubiésemos despertado de un sueño profundo invadidos por las ganas de correr a conquistar nuestros ideales. Mohamed es de esas personas que inspiran, que te invitan a cuestionarte, que se cuestionan.

Ese mismo día, él nos presentó a Mohamed y Adam. Nuestro primer encuentro fue muy agradable, tal es así que nos invitaron a cenar esa misma noche. Para nosotros, era raro que alguien que no conocíamos nos invite a cenar, a su vez eran mis primeros días en Egipto y todavía no me había acostumbrado a una situación que se repetiría más a menudo de lo que deseaba: ser la única mujer entre todos hombres, en los bares, en los hoteles, en los micros.

Esa noche hablamos principalmente de cómo era la vida en nuestros respectivos países, nuestras actividades en el día a día, dónde trabajábamos, cómo eran la relaciones entre hombres y mujeres, que hacíamos los fines de semana para despejarnos y descansar. “Los palestinos jugamos al fútbol con granadas” nos dijeron riéndose en la cena. Un chiste que representaba bastante claramente lo que la mayoría piensa del pueblo palestino. Esa noche tomamos conciencia de la masacre, de la injusticia, de la miseria de este mundo. Sí, ya lo sabíamos pero verlo en los ojos de las víctimas no fue lo mismo. Saber que no tienen estadios, que no hay espacios públicos para compartir, espectáculos, aeropuertos, que todos perdieron a alguien de su familia, instaló en nosotros un profundo interrogante: ¿Por qué nos matamos entre nosotros? ¿Por qué?

La noche supo aligerar los pesares, entre café y narguile intercambiamos experiencias de vida y tantas cosas que no eran lo que parecían: el amor, la religión, nuestras culturas. Lo que más nos gusta de conocer gente es descubrir y tratar de entender la vida ajena, los deseos y los ideales del prójimo… y comprender finalmente que todo, todo, es muy relativo y distante de las miradas llenas de prejuicios e imágenes armadas con las que observamos el mundo cotidianamente.

Mohamed, Mohamed y Adam

Mercados. Primera parte.

En un centro de detención cerca del aeropuerto, con el ruido de las turbinas de fondo, Samba, de Senegal, dice: “Enserio? Contame!”

Y Jonás, del Congo, con entusiasmo empieza a relatar su historia de amor: “En España, trabajábamos juntos en los tomates. Una mañana hubo una gran redada, corrí al pueblo para salvarme, corrí como un loco, y de repente una puerta se abre y una mano me agarra…”

Samba: “era ella?”

Jonás: “era ella…”

Por la noche, después de ver Samba (hacé click aquí para verla), la película donde aparece este diálogo, en el cual Samba y Jonás hablaban de sus vidas en Francia como inmigrantes ilegales, me desveló una idea que viene a mí a menudo: cuántas historias hay detrás de cada objeto, de cada persona…cuáles serían las historias detrás de los tomates que esa misma mañana había comprado yo en el mercado.

Excedida de cafés, una cadena de pensamientos se empezó a armar en mi mente y una cierta fijación emergió entorno a mi mañana en el mercado.

Nunca antes me había puesto a pensar en el placer que sentía al visitar los mercados de cada ciudad. La alegría de los colores, el camino pausado de los visitantes buscando los mejores precios y productos, los diferentes modos de acomodar la mercadería para cautivar la atención de los compradores, los olores penetrantes. Intenté repasar los mercados visitados, sus características, sus especificidades.

Cuánta personas reunidas en el mismo espacio y tiempo por un mismo motivo: intercambiar. Cuánta gente esa mañana, mientras preparaba algo caliente para tomar, pensó: hoy hay mercado. Cuántas familias se organizaron la noche anterior para su jornada de trabajo fuerte al día siguiente. Cuántos productos embalándose para ser transportados.

Y allí en el mercado el juego silencioso de los compradores, buscando, comparando. La selección minuciosa, la respiración acompasada del comprador de al lado que intenta cazar primero las mejores piezas. El ritmo de la gente recorriendo los pasillos, sin prisa, sin sobresaltos. Y el sin fin de intríngulis entre feriantes, proveedores, organizadores, municipales…

Mercado Atenas

Cuán lejos quedaba la tierra de la cual habían salido esas frutas y verduras? Qué trabajadores las habían cultivado? Cuáles eran sus historias de amor? Cuantos dueños habían tenido las prendas que se exponían en los puestos? Por cuántos países habían viajado? Dónde iríamos cada uno de nosotros después de nuestra visita al mercado? Cuáles las penas que arrastrábamos?

Ya eran como las 4 y tanto de la mañana y el mundo se me aparecía demasiado inabarcable, esos momentos de la noche dónde a uno le entra la desesperación de la finitud, por suerte después llega el sueño que todo lo barre por lo menos hasta el otro día, cuando la rueda vuelve a girar.

Esa mañana mientras calentaba el agua para tomar algo caliente, decidí comenzar una lista no exhaustiva de los mercados que conocí, sin orden ni sistematizidad, como el aquelarre de los mercados, mis recuerdos desalineados me llevaron a Roma, quizá porque el comercio fue la actividad central en la antigua Roma, quién sabe…

Recorrí con mi mente el interminable mercado de Porta Portese, su ropa usada de un euro, sus antigüedades y sus reliquias, los cuadros y esculturas de mármol, la multitud de inmigrantes buscando abrigo económico. Repasé los colores de las frutas y verduras de Campo di Fiori, entre edificios de otras épocas y fuentes de piedra. Allí mismo, donde hacía ya muchos años tenían lugar las ejecuciones públicas, donde la sangre ha sido derramada, ahora se levantaba un mercadillo donde los romanos llenaban sus neceseres.

Campo de Fiori

Me fui a Buenos Aires, pleno San Telmo, volví a sentir la suavidad de los guantes de cuero viejo y la mezcla de horror y ternura al ver los bebes de plástico sin ropa en las vidrieras, las lámparas de pequeños cristales formando un abanico de colores cuando la luz de la bombilla se chocaba con ellos, los discos clásicos del rock nacional, el olor a tabaco y café, los puestitos de antigüedades de latas que me trasladaban a mi infancia de yo-yo, trompos y perinolas.

San Telmo

Volví a Atenas, entre ruinas y calles zigzagueantes, entre plazas de cemento y músicos a la gorra importados de Europa del Este. Recapitulé las salida con urgencia del mercado de pescados por el olor inaguantable a tripas embebidas en mar. El aroma a ramas de canela que nos sacó del asco. Las aceitunas de todos los verdes, marrones y negros, de todos los tamaños y precios.

Grecia negocio de especias

Las cerezas rojo profundo que se deshacían en nuestras bocas, mientras los vendedores de carne acomodaban sus cortes cual piezas de museo. La vieja de los pistachos. La gente yendo y viniendo.

Grecia mercado

Crucé el globo hasta China, me perdí entre sapos y tortugas que me hicieron entender que mi vida es una entre tantas muy distintas. Las flores de te, de distintos tamaños y colores, su capacidad de transformarse después de entrar en contacto con el agua hirviendo y volverse otras, más grandes, más etéreas. La gente con sus carros eligiendo cuál gallina va a ser la próxima en encontrar su muerte, el ritual de selección. La calle húmeda y el cielo gris. Nosotros volveríamos a nuestro hostel en el barrio viejo y en miles de casas empezaría a hacer burbujas el agua de las ollas para preparar la cena.

China mercado

Mercados China

Recordé el mercado apostado en el frente del Templo Confucio, en Suzhou, todo estaba ubicado en el piso, había pequeños objetos antiguos, monedas, vajilla y una atmósfera enrarecida, tal vez, porque había pocas mujeres en el lugar y los hombres reunidos alrededor de las mercancías los asocié, de manera simplista e infantil, a la mafia china, tal vez, porque este mercado tenía pocos colores, y no había allí mucha gente. Probablemente esta era causa de mis percepciones, el escenario incompatible y la rápida relación que establezco entre mercado, gentío, vida, vibración, acogida, me hacían sentir este lugar como un sitio peligroso y mustio.

Mercado Confucio

Me dí cuenta que todavía me quedaban muchos mercados por rememorar, con una sonrisa en la cara, pensé: la próxima!