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Cabo de Gata. Playas y naturaleza en el mediterráneo.

La ruta se despejó asombrosamente cuando en las señales comenzó a aparecer Cabo de Gata, el parque natural marítimo-terrestre más grande de Andalucía. Estábamos dejando atrás las aglomeraciones y por delante solo se veían sierras. Unas ondulaciones suaves nos mantenían en sube y baja por la carretera, hasta que en un momento apareció el mar por la ventanilla del auto. Se presentó de un azul intenso, con la brisa fresca que lo caracteriza. Desde Almería en dirección norte subimos hasta Las Negras, un pequeño poblado de casas bajas y blancas, con una playa amplia de cantos rodados. Este era el punto de partida para llegar a la cala de San Pedro, un minúsculo recodo del parque al que apenas ha llegado el hombre.

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El mediodía no daba tregua. La cala de San Pedro quedaba a tres kilómetros caminando por la ladera de la montaña, el camino lleno de polvo y piedras reflectaba el sol. La situación, así planteada nos hacía presagiar una playa desierta, pero no.

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Llegamos a una cala pequeña de agua transparente y arena blanca y si bien valió el esfuerzo, la pequeña cala estaba superpoblada. Aparentemente la fama del lugar está atrayendo cada vez más y más visitantes pese a las dificultades para llegar y sumado a la falta de servicios, la suciedad se acumula. Nada intolerable, pero hay que decirlo, había un poco de mugre. Lo más importante fue el entorno natural que enmarcaba esta y las otras las playas del parque, entorno que se encuentra en peligro constante si las visitas no son más conscientes en cuanto al cuidado y preservación del espacio.

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De vuelta nos cruzamos con dos fotógrafos que estaban realizando un fotoreportaje de todas las calas y nos recomendaron la cala del Plomo, San José y la playa de Los Muertos.

La segunda jornada las dedicamos a recomendaciones. Visitamos la cala del Plomo, a la cual se accede caminando 3 minutos.

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Y por la tarde fuimos a la playa de Los Muertos, un lugar paradisíaco (excepto por una construcción portuaria que se divisa a la izquierda) de agua cristalina donde la playa está constituida por pequeños cantos rodados con lo cual uno no debe sufrir las molestias de la arena.

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Recomendaciones:

*Es importante tener vehículo propio para moverse por la zona.

*Chequear el viento, en algunas playas es muy peligroso bañarse si hay viento de levante.

*En la mayoría de las playas no hay servicios -baños, duchas, lugar para comprar comida y bebida- por ello es muy útil ir equipado, sin demasiado peso considerando que algunas playas quedan lejos del lugar donde se deja el auto. Dentro de la zona hay muchos asentamientos grandes donde comprar las provisiones para luego recorrer el parque.

*El área del parque es de 460km, con un par de días se puede recorrer cómodamente. Sin embargo aquellos amantes del senderismo encontrarán aquí varias opciones que justifican una estadía más larga.

*información sobre playas, calas, pueblos y lugares de interés:

https://www.cabogataalmeria.com/Cabo-Gata/Playa/playas-Cabo-Gata-Nijar-Parque.html

*Rutas de senderismo:

https://www.parquenatural.com/rutas-cabo-de-gata

Hay transporte público en el parque y también es sencillo hacer dedo, aunque algunas rutas no son muy transitadas.

Aquí tienen un mapa del parque

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Reflexiones del otro lado del globo

Una cámara de fotos water proof, porque seguro hago alguna inmersión de buceo, la malla, un par de ojotas, un sombrero y el bronceador, ropa poca total allá todo sale un dólar, la mochila está lista y empieza la aventura. Llegamos al sudeste y nada nos decepciona. La oferta de actividades es mayor de la que esperábamos y la gente es muy amable. La playa es mágica y la ropa efectivamente está un dólar, claro la fabrican acá, en talleres de los cuales seguro nos horrorizaríamos, pero esta vez la compramos. Los vendedores, porque aquí se vende todo, se ponen insistentes y nosotros andamos rezongando que no somos una billetera caminando, ellos tienen siempre una sonrisa y nosotros poca paciencia.
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Desde el museo de los vestigios de la guerra de Vietman en Saigón/ Ho Chi Min pienso qué ironía que resulta todo, ellos con una sonrisa y occidente perdiendo la paciencia fácilmente. Y justo allí mirando el presente con fotos del pasado pienso en mi viaje por estos lares. El Sudeste asiático puede ser un viaje de playas y templos, de mares turquesas, puestas de sol, budas y sahumerios, de chucherías en los mercados y comida barata.
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Este recóndito pedacito de mundo, que casi se cae del mapa para los occidentales y queda a más de 20 horas de vuelo, puede suponer el descubrimiento de otras culturas y religiones, una expedición exótica incentivada por las fotos coloridas de revistas de viajes, el viaje más económico a un destino remoto que nos podemos permitir, fiesta asegurada y podría seguir.
Same same but different, un viaje al sudeste también puede ser encontrarse con ciudades llenas de basura acumulada, que recibe numerosas ratas apenas cae el sol, con administraciones corruptas que poco hacen por el bienestar de los pobladores del lugar, con playas llenas de plástico, en las que hay que buscar el ángulo para que la foto se vea como en las publicidades y la arena blanca no esté manchada por los restos del almuerzo de los numerosos visitantes que llegan a diario. El Sudeste es prostitución de menores, extranjeros ostentando niñas en bares de precio turista, timos y sobreprecios en cada esquina y mucha desigualdad y pobreza.
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El Sudeste es la injusticia de playas enteras conquistadas por resorts de propiedad Rusa, China y el menor medida Alemana, pegados a casillas que no tienen ni agua potable ni luz. Es un sinfin de actividades montadas para el turista que destruyen el medio ambiente y nada tienen que ver con la cultura local, con las cuales se enriquece solo el sector que se pudo vincular al turismo, mientras la mayoría mira con calma un porvernir sin cambios. Es también guerras de hace muy poco, más alguna guerra de hoy y aquí me voy a detener.
Podemos hacer un resumen al mejor estilo telediario de medianoche donde no nos dicen nada pero creemos que nos dijeron todo y nos vamos a dormir tranquilos. O podemos buscar un camino más largo y menos acorde a los tiempos actuales de mensajes rápidos, textos cortos, reflexiones poco críticas y escuchas con prisa como dice nuestro amigo Mario. Cada uno tomará su mejor opción, aquí solo recordaremos un rincón del mundo que poco aparece en las noticias, los manuales y los libros de historia, pero que puede echarnos luz para pensarnos hoy de manera más integral.
Si solo pensamos un segundo en que la guerra de Vietnam termino hace tan sólo 40 años; que la guerra no fue solo la guerra sino también el bombardeo sistemático de sus países vecinos, Laos y Camboya, para evitar el avance del comunismo, que ello permitió el ascenso de los jemeres rojos que llevaron adelante el genocidio de una generación completa y que el resto del mundo dio vuelta la cara. Que esas intervenciones del mundo occidental en el Sudeste asiático tienen aún hoy consecuencias devastadoras. Y que mucho de lo que se vive en un lugar es gracias a lo que no se vive en otro. Si a la luz o mejor dicho a la sombra de tanta muerte e injusticia nos pensáramos hoy, con las invasiones en Siria y Palestina, el conflicto Coreano o la intervención en distintos países del tercer mundo, con toda la basura tecnológica de lo que diariamente consumimos vertida en estos países del final del mundo, que también sirven de mano de obra barata para la fabricación de tantas cosas que no precisamos para vivir, tal vez no nos encontremos en un par de décadas visitando horrorizados museos de los vestigios o campos de exterminio llenos de calaveras, tal vez los mares no tendrán más plástico que agua, tal vez el despliegue anti-terrorista de la actualidad y el anti-comunismo de antaño no se traduzcan en un anti-otro de mañana, y la guerra no sea por el petroleo, el agua o el Sol, sino que no haya guerra. Un viaje al sudeste además de playas azules, templos y monjes, banana pancake y pad thai, el encuentro con culturas muy distintas y la gracia de la hospitalidad casi permanente, fue para nosotros un viaje a nuestros días, la invitación a descubrir en profundidad que pasa hoy en el mundo, lejos y cerca de casa, para que el viaje futuro sea con museos de más colores y menos rejas.