Archivo de la etiqueta: China

Mercados. Primera parte.

En un centro de detención cerca del aeropuerto, con el ruido de las turbinas de fondo, Samba, de Senegal, dice: “Enserio? Contame!”

Y Jonás, del Congo, con entusiasmo empieza a relatar su historia de amor: “En España, trabajábamos juntos en los tomates. Una mañana hubo una gran redada, corrí al pueblo para salvarme, corrí como un loco, y de repente una puerta se abre y una mano me agarra…”

Samba: “era ella?”

Jonás: “era ella…”

Por la noche, después de ver Samba (hacé click aquí para verla), la película donde aparece este diálogo, en el cual Samba y Jonás hablaban de sus vidas en Francia como inmigrantes ilegales, me desveló una idea que viene a mí a menudo: cuántas historias hay detrás de cada objeto, de cada persona…cuáles serían las historias detrás de los tomates que esa misma mañana había comprado yo en el mercado.

Excedida de cafés, una cadena de pensamientos se empezó a armar en mi mente y una cierta fijación emergió entorno a mi mañana en el mercado.

Nunca antes me había puesto a pensar en el placer que sentía al visitar los mercados de cada ciudad. La alegría de los colores, el camino pausado de los visitantes buscando los mejores precios y productos, los diferentes modos de acomodar la mercadería para cautivar la atención de los compradores, los olores penetrantes. Intenté repasar los mercados visitados, sus características, sus especificidades.

Cuánta personas reunidas en el mismo espacio y tiempo por un mismo motivo: intercambiar. Cuánta gente esa mañana, mientras preparaba algo caliente para tomar, pensó: hoy hay mercado. Cuántas familias se organizaron la noche anterior para su jornada de trabajo fuerte al día siguiente. Cuántos productos embalándose para ser transportados.

Y allí en el mercado el juego silencioso de los compradores, buscando, comparando. La selección minuciosa, la respiración acompasada del comprador de al lado que intenta cazar primero las mejores piezas. El ritmo de la gente recorriendo los pasillos, sin prisa, sin sobresaltos. Y el sin fin de intríngulis entre feriantes, proveedores, organizadores, municipales…

Mercado Atenas

Cuán lejos quedaba la tierra de la cual habían salido esas frutas y verduras? Qué trabajadores las habían cultivado? Cuáles eran sus historias de amor? Cuantos dueños habían tenido las prendas que se exponían en los puestos? Por cuántos países habían viajado? Dónde iríamos cada uno de nosotros después de nuestra visita al mercado? Cuáles las penas que arrastrábamos?

Ya eran como las 4 y tanto de la mañana y el mundo se me aparecía demasiado inabarcable, esos momentos de la noche dónde a uno le entra la desesperación de la finitud, por suerte después llega el sueño que todo lo barre por lo menos hasta el otro día, cuando la rueda vuelve a girar.

Esa mañana mientras calentaba el agua para tomar algo caliente, decidí comenzar una lista no exhaustiva de los mercados que conocí, sin orden ni sistematizidad, como el aquelarre de los mercados, mis recuerdos desalineados me llevaron a Roma, quizá porque el comercio fue la actividad central en la antigua Roma, quién sabe…

Recorrí con mi mente el interminable mercado de Porta Portese, su ropa usada de un euro, sus antigüedades y sus reliquias, los cuadros y esculturas de mármol, la multitud de inmigrantes buscando abrigo económico. Repasé los colores de las frutas y verduras de Campo di Fiori, entre edificios de otras épocas y fuentes de piedra. Allí mismo, donde hacía ya muchos años tenían lugar las ejecuciones públicas, donde la sangre ha sido derramada, ahora se levantaba un mercadillo donde los romanos llenaban sus neceseres.

Campo de Fiori

Me fui a Buenos Aires, pleno San Telmo, volví a sentir la suavidad de los guantes de cuero viejo y la mezcla de horror y ternura al ver los bebes de plástico sin ropa en las vidrieras, las lámparas de pequeños cristales formando un abanico de colores cuando la luz de la bombilla se chocaba con ellos, los discos clásicos del rock nacional, el olor a tabaco y café, los puestitos de antigüedades de latas que me trasladaban a mi infancia de yo-yo, trompos y perinolas.

San Telmo

Volví a Atenas, entre ruinas y calles zigzagueantes, entre plazas de cemento y músicos a la gorra importados de Europa del Este. Recapitulé las salida con urgencia del mercado de pescados por el olor inaguantable a tripas embebidas en mar. El aroma a ramas de canela que nos sacó del asco. Las aceitunas de todos los verdes, marrones y negros, de todos los tamaños y precios.

Grecia negocio de especias

Las cerezas rojo profundo que se deshacían en nuestras bocas, mientras los vendedores de carne acomodaban sus cortes cual piezas de museo. La vieja de los pistachos. La gente yendo y viniendo.

Grecia mercado

Crucé el globo hasta China, me perdí entre sapos y tortugas que me hicieron entender que mi vida es una entre tantas muy distintas. Las flores de te, de distintos tamaños y colores, su capacidad de transformarse después de entrar en contacto con el agua hirviendo y volverse otras, más grandes, más etéreas. La gente con sus carros eligiendo cuál gallina va a ser la próxima en encontrar su muerte, el ritual de selección. La calle húmeda y el cielo gris. Nosotros volveríamos a nuestro hostel en el barrio viejo y en miles de casas empezaría a hacer burbujas el agua de las ollas para preparar la cena.

China mercado

Mercados China

Recordé el mercado apostado en el frente del Templo Confucio, en Suzhou, todo estaba ubicado en el piso, había pequeños objetos antiguos, monedas, vajilla y una atmósfera enrarecida, tal vez, porque había pocas mujeres en el lugar y los hombres reunidos alrededor de las mercancías los asocié, de manera simplista e infantil, a la mafia china, tal vez, porque este mercado tenía pocos colores, y no había allí mucha gente. Probablemente esta era causa de mis percepciones, el escenario incompatible y la rápida relación que establezco entre mercado, gentío, vida, vibración, acogida, me hacían sentir este lugar como un sitio peligroso y mustio.

Mercado Confucio

Me dí cuenta que todavía me quedaban muchos mercados por rememorar, con una sonrisa en la cara, pensé: la próxima!

Anuncios

Llegando a China

Era un mediodía de principio de Marzo. Salimos del subte y el sol encandilaba. Nos sentamos al borde de la escalera de salida y abrimos el mapa. De repente caímos en la cuenta de que estábamos en China. Lo más impactante fue la iconografía. Era lo más parecido a estar en otro planeta. Sin poder hablar su idioma, sin poder leer sus carteles, estábamos literalmente perdidos en Shanghai.

Las calles de China

La primer sensación fue de desesperación. Para dónde vamos? A quién le preguntamos? Nos bajamos bien del subte?

Recobrar la calma era el primer paso si queríamos llegar al hotel. En las escaleras del subte permanecimos alrededor de una hora, procesando la realidad. Habitar lo desconocido era como estar caminando al borde del abismo, por eso la distancia entre el final de la escalera de salida del subte y los próximos 50 metros parecía un salto al vacío. Y de alguna forma, efectivamente lo era porque caminar en cualquier dirección era exactamente indiferente ya que no podíamos ni entender el cartel de señalización de la calle en la que estábamos.

Las calles de China

Empezamos por pensar cómo hacer para llegar al alojamiento que era nuestro segundo lugar seguro después del subte. El mapa de la guía de viaje no ayudaba mucho, por eso, empezamos a preguntar. Menuda sorpresa cuando descubrimos que casi nadie hablaba inglés y que de las pocas calles que tenían la traducción de sus nombre, esta no coincidía con la de nuestros mapas. Respiramos profundo, el sol nos acompañaba, empezamos a andar.

Las calles de China

Viajar a china por cuenta propia es un poco más difícil que otros países por la barrera idiomática. Pocos chinos hablan inglés, pocas cosas tienen traducción. La guía de viaje y la organización previa ayudan mucho.

Después de varias vueltas llegamos al hostel. Reconocimos que las dificultades comunicacionales eran algo que no habíamos previsto y que sería una variable con lo que tendríamos que lidiar a lo largo del viaje.

Ciudad vieja de Shanghai

Elegir la comida, sacar pasajes, averiguar lugares para ir a visitar, se convirtieron en tareas que exigían ingenio, paciencia y creatividad. Ya no era sólo buscar la opción más económica, más interesante o la manera más cómoda, sino que ahora también había que encontrar la forma de comunicarlo.

Muchas veces hasta en los hoteles u oficinas de turismo los trabajadores no hablaban inglés, allí empezaba la búsqueda del tesoro para encontrar alguien que con buena predisposición y un poco de manejo de este idioma, nos oficie de traductor.

En china la gente es muy amable. Siempre intentan ayudarte. Ser un extranjero tiene sus ventajas. El turismo internacional no es tan abultado como en otros destinos más populares, por lo que realmente en cualquier lugar de china uno llama la atención de la mayoría. Muchos te piden una foto cual si fueras una estrella de Hollywood y siempre están abiertos a darte una mano.

Las calles deChina

Quedarme sin pasaporte en China y unas semanas de viaje nos enseñaron varias maneras alternativas a la hora de comunicarnos. Así fue que empezamos a viajar por adelantado, es decir, pensábamos con anticipación las actividades de los días venideros de manera tal de poder pedirle a aquellos angloparlantes que encontrábamos que nos escriban frases claves en chino para utilizar en el futuro. Nuestras tarjetas milagrosas nos permitieron sacar tickets, encontrar direcciones, comer y alojarnos. Esta fue la forma más efectiva ya que estábamos viajando sin teléfono y la opción de utilizar el traductor en la computadora, la mayoría de las veces, no era cómoda. Por otro lado, copiar caracteres chinos si uno nunca tuvo contacto con el idioma es bastante difícil porque un trazo demás cambia el significado de la palabra completamente.

Que no te llame la atención que ni en las oficinas de turismo hablen inglés. De paseo por Suzhou, la ciudad de los jardines, empezamos a definir nuestro próximo destino, así fue que elegimos Wuzhen una ciudad sobre el agua, llena de canales, que vendría a ser como la Venecia del este o la ciudad de los puentes como la llaman todos. Allí se filmo una famosa novela china y el destino es muy popular entre los nativos. Lo primero que pensamos fue ir a la oficina de turismo, ya estábamos familiarizados con la ciudad y recordábamos que en el centro cerca de la calle principal había una.

Como era de esperar, la empleada de la oficina de turismo no hablaba inglés. Nos costó explicarle que lo que deseábamos era visitar Wuzhen, la ciudad de los puentes, por eso revisamos la oficina y encontramos folletería con la excursión, nuestro dedo índice resolvió esta vez el dilema. Ella rápidamente comenzó a tipear en la computadora, sin embargo  Google traductor no nos sirvió demasiado. En los folletos, la excursión para llegar a la ciudad era muy económica y tenía todo incluído, pero por alguna razón no podíamos comprarla. Después de varias conjeturas y de sacar conclusiones alrededor de algunas palabras claves que nos había arrojado nuestro amigo Google, nos dimos cuenta que la cuestión central radicaba en que no eramos chinos, la tarifa era solo para ciudadanos y nosotros al ser extranjeros no podíamos acceder a ella. La oficina de turismo estaba destinada a los propios chinos y no estaba pensaba para el turismo internacional que por cierto es muy poco. Conclusión: era inevitable hacerlo por nuestra cuenta. Nosotros no somos muy amantes de los paquetes de viaje, siempre preferimos ir a nuestro ritmo, trazar la propia ruta e ir haciendo en función de las ganas sin estar sometidos a tiempos ajenos, pero este resultaba muy atractivo por su precio y las facilidades que otorgaba, de todas formas no éramos chinos así que lamentablemente tuvimos que aceptar nuestro lugar de turistas, poco disimulable por cierto, y entre guías y blogs pudimos realizar nuestra visita a la ciudad de los puentes. Sin embargo, esta fue la confirmación de algo que veníamos hablando durante el viaje: viajar por china es complicado, pero como todo, se puede! Si bien es un destino con ciertas dificultades vinculadas al lenguaje, estas se pueden sortear con organización previa y tiempo! Lo más importante siempre es animarse, salir a la calle, caminar, perderse, preguntar y descubrir los lugares increíbles que este país nos ofrece.

Las calles de China

Nuestros tips son:

*Aprovechá la luz del día si no conoces el lugar. Siempre intentá llegar de día a las ciudades que no conoces, principalmente para ver un poco cómo es el movimiento, cual es el mejor lugar para parar y para tener tiempo en caso de no encontrar alojamiento rápido.

* Consultá guías de viaje. Las guías de viaje siempre te llevan donde van la mayoría de los turistas y muchas veces uno intenta evitar estos sitios para conocer un poco el día a día de los lugares, su gente y sus costumbres, sin embargo, las guías ayudan a organizar un viaje y hay lugares que más allá que sean turísticos son hermosos y vale la pena visitar.

* Las tarjetas milagrosas. Cuando te encuentres con alguien que habla inglés pedile que te escriba en chino distintas tarjetas que digan por ejemplo: necesito un hotel económico, un ticket para…, donde puedo comer rico y barato, etc.

* La bendita tecnología. Obviamente si tenes internet disponible 24/7 porque viajas con un teléfono de esos súper inteligentes (no es nuestro caso) todo es más sencillo. Igualmente, a veces es interesante perderse un poco, buscar ayuda, hablar con desconocidos!

 * Consultá blogs de viajes, en este viaje nosotros aún no teníamos este hábito pero ahora siempre los usamos, tienen información actualizada, de primera mano y están escritos por viajeros. Hay muchos pero estos son mis preferidos para info útil: viajesconmochila.blogspot, mochileandoporelmundo.com, viajandoporahí.com