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“La ruta del café”, nota en la revista Almundo Marcopolo

Aquí les compartimos un artículo que escribimos para la revista Almundo Marcopolo, donde  contamos nuestras experiencias del cafe en distintos puntos del planeta tierra. No te la pierdas!

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Las vicisitudes de compartir la morada. Parte 3.

Llegaste a Nueva Zelanda, varias cosas para organizar. Si buscas casa, mirá cómo conseguir alojamiento en Nueva Zelanda, si salís a hacer los mandados mirá tips para hacer las compras en Nueva ZelandaFaltaría lo más importante, buscar trabajo, para eso visitá la página más completa que hay respecto a la Working Holiday en Nueva Zelanda Yomeanimoyvos.

Nuestra experiencia de trabajo en Nueva Zelanda fue principalmente en la ciudad, en bares y supermercados. Esto tiene las ventajas de vivir en la ciudad y poder aprovechar su oferta cultural y de actividades, generalmente también uno puede hablar más el idioma y perfeccionarlo, con la desventaja de que en ocasiones la capacidad de ahorro es menor, pero esto es muy relativo. Nuestro consejo para conseguir trabajo es armar un CV y salir a recorrer, esta fue la forma más efectiva según nuestra experiencia.

Si te agarraron nervios, relajate leyendo nuestras historias de casa compartida y pensá que vas a conseguir trabajo más rápido de lo que imaginás!

*

Acto tres. Casa uno.

Mount Victoria ParkFrío en Wellington. Nos alojamos en Lodge in the City…

Un lugar deprimente, su precio era la única razón para elegirlo. La cocina imposible de sucia, los pisos pegoteados, todas las ollas y los platos engrasados, muchas hornallas, prácticamente ninguna en funcionamiento. Los baños, escalofriantes, las alfombras con olor a rinoceronte y una sala de pool que parecía el descanso del tren fantasma. Había pasado una semana y todavía no conseguíamos trabajo, nos turnábamos en el pesimismo y siempre concluíamos, si en tres semanas no sale nada, movemos a otra ciudad. El chino del Fish and Chips de la vuelta, nos daba aliento cada día. Nosotros, intentábamos creer en sus vaticinios pero el tiempo pasaba, y nada.

Lodge in the City nos hacía perder plata y anímicamente no aportaba mucho, por eso empezamos desesperadamente a buscar una casa. Un poco con la esperanza de encontrar un trabajo y quedarnos ahí, un poco sabiendo que, tal vez, era una mala jugada.

La habitación era fría. En el living la estufa estaba prendida al máximo, exageraciones que a uno lo hacen dudar. La sospecha de percibir en el maquillaje exacerbado la necesidad de ocultar lo inevitable. Fiona fue muy simpática, al máximo, igual que la estufa. Alguien sabrá la razón por la cual quería huir de la casa lo antes posible. Se juntaron nuestras desesperaciones. Su “lo antes posible”, más el nuestro, resultaron en que a los dos días, ella se fue y nosotros llegamos con un colchón en andas que trasladamos por ocho cuadras ante la mirada atónita de los transeúntes.

A los varios días conocimos a Zane, con su largo pelo negro azabache y sus pantalones bien ajustados, siempre negros. Los ojos verdes, dulces, eran como un páramo en su imagen de metalero. La vida junto a Zane era tranquila, los árboles del fondo habían empezado a florecer y con la llegada de la primavera solíamos juntarnos en la mesa del fondo a charlar. Nos contamos nuestros viajes, nuestros aprendizajes a lo largo de la vida y coincidíamos siempre. Esa sensación mezcla de calma y felicidad como cuando encontrás una pieza que encastra en un rompecabezas de mil.

El aire se enrareció a los pocos días de los primeros brotes. Me llamó la atención la obsesión con la que Kate, la otra chica que vivía en la casa, ordenaba las ollas sobre las hornallas, mientras cocinábamos juntas, la impunidad con la que manipulaba mis alimentos en plena cocción. Esa noche, la del presagio de la tormenta, no encontramos los cubiertos en el cajón sino en living, acomodados con una exactitud milimétrica al costado de una mesa armada con premura, la precuela de una escena de película, obsesiones de nuestra flatmate que con un día y medio de anticipación, acomodó la mesa, preparó la comida y el postre y me persiguió segundo a segundo para que no deje migas en la mesada porque sus compañeras de trabajo vendrían a cenar en más de 36 horas.

Entonces, en el medio de una tarde serena, se desata la tormenta. Pablo es acusado de gastar el gel de limpieza facial de nuestra compañera de casa nro 1., Kate. Pablo no se maquilla y se lo explica a ella. También le aclara que se compra sus propios víveres, por lo tanto no precisa usar las cosas de nadie. Ella enloquece. También denuncia tener menos café. Pablo repite parsimoniosamente la explicación. Ella se encierra en el baño y empieza a golpear todo. Nos reunimos con Pablo y su novio, el de Kate, en la puerta del baño. Yo digo en español, total los otros dos no entienden: esta mujer está muy loca, mejor encerrémonos en la habitación, andá a saber dónde termina esto!!! Pregunto ingenuamente si había antecedentes de este episodio al novio. Me dice que no, primera vez. Qué raro pensé, todo indicaba que algo no andaba bien hace rato. Él la conoce hace dos años. No percicbió nada. Un negador. En medio de todo el exabrupto, sale Kate, la otra, la vecina de atrás. Intenta desconcertada ponerse al tanto. Pablo adrenalínico hace el reporte de los hechos. Yo me voy recluyendo en la habitación. El novio pide a gritos la salida. Ella sale. Salta por la ventana trasera del baño con rumbo desconocido. El baño cerrado por dentro. Ella no aparece ni responde el teléfono. La salimos a buscar. Después de media hora la encontramos. Escondida en el porche se ríe de nosotros con la mirada perdida.

Final del acto tres.

*

Los días en Takaka…

Fui a Takaka por un presentimiento. Estaba buscando un poco más de tranquilidad, un poco más de verde y cielo. Mi estadía en Wellington me había dado mucho de esto, más amigos y tardes de café, pero todo tiene un ciclo y yo había terminado el mio en esa capital.

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No sabía nada del lugar, sólo busqué instintivamente opciones de woofing allí. La primer respuesta no fue la que deseaba, ya tenían gente para las fechas que yo buscaba. Sin darme por vencida, revisé otras opciones y una semana antes de viajar reiteré el pedido, con éxito esta vez.

Hacer woofing es una opción muy recomendable, si tus tiempos son flexibles y no querés gastar dinero en alojamiento (y muchas veces comidas). Woofing consiste en intercambiar algunas horas de trabajo, pueden varias entre 2 o 5 dependiendo lo que obtengas a cambio, por alojamiento y en ocasiones también comida. Para hacer woofing lo más sencillo es registrarse en alguna página, yo uso Helpx, armar un usuario y contactar a través de allí a los hosts. Sin embargo, si no tenés dinero para pagar la membresía también podés contactar Backpackers por mail, o ir al lugar que te interesa y consultar si hay familias que ofrecen woofing (esto se puede hacer en los backpackers o en la oficina de turismo). La experiencia en Backpackers es bien distinta que con familias, principalmente por la cantidad de horas de trabajo y por el tipo de relación que se establece con las personas que hospedan… En los Backpackers el vínculo es generalmente más impersonal pero se trabajan menos horas, con las familias uno realmente puede sentir que está compartiendo el modo de vida local, pero es más común que las horas de trabajo estén menos delimitadas y uno termine trabajando varias horas. En fin, hay según los gustos y las necesidades.

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Los días en Takaka, entonces, fueron haciendo woofing, en un hostel muy chiquito y familiar. Allí había varias personas viviendo permanente como Richard que trabajaba  en un negocio donde hacían excursiones para ir a pescar salmón y después ahumarlo, Rob que estaba haciendo la temporada del prunning de kiwi y el gran grupo de chicos de las islas Solomon y Vanuatu, que venían haciendo la temporada hacía algunos años, con una visa especial que los habitantes de estas islas tienen para trabajar en Nueva Zelanda. Después como todo hostel estaban los de paso, que salían o se preparaban para entrar en algún sendero, pasaban de visita y traían nuevas anécdotas al hogar.

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Takaka está en Golden Bay, al noroeste de la isla sur en Nueva Zelanda. Es el punto de partida para muchos que hacen las caminatas por el Parque Abel Tasman, pero también es una ciudad mágica y tranquila, llena de actividades al aire libre y con una comunidad muy cálida que siempre te devuelve una sonrisa de bienvenida cuando te ve pasar. La mayoría de los habitantes son trabajadores en sus propias granjas o artesanos. Hay aquí una cultura muy fuerte de preservación del medio ambiente y un manejo sustentable de la economía.

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Muchos dicen que es un rincón hippie en el sur de Nueva Zelanda. Takaka es esto y mucho más. Rodeada de bellezas naturales, esta pequeña ciudad de ritmo alegre y tranquilo, ofrece cobijo a todo aquel que tenga ganas de disfrutar y relajarse.

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Además de los paisajes increíbles, Takaka es un cofre de actividades de todo tipo: caminatas colectivas, música en vivo, yoga, muestras artísticas, ferias orgánicas, de productos artesanales, ropa usada, artesanías y quién sabe cuantas más que no llegué a descubrir.

Cerca de la ciudad hay varias playas que se pueden visitar o a pie o en bicicleta. Hacia el este, están Rototai, Phoara y Tata Beach, para el oeste Patons Rock Beach. Más allá obviamente la tierra continúa pero ya se hace necesario un auto. Las playas son amplias y desiertas, algunas con piedras otras con arenas doradas, algunas con aguas verde esmeralda, otras de celestes profundos. Además de las playas se pueden visitar Rawhiti Caves, Te Waikoropupu Springs y un laberinto de piedras gigantes repleto de muñequitos. A su vez este es el punto de partida para visitar el Parque Nacional Abel Tasman o emprender alguno de los senderos de la zona (Heaphy TrackKahurangi National Park).

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Para llegar a los puntos más distantes, si uno no tiene auto se puede llegar a dedo, es rápido, efectivo, seguro y económico. Me crucé más mujeres que hombres haciendo dedo solas y todas coincidieron en que no era nada peligroso. Sus consejos fueron claros: salir con tiempo, saber el recorrido, no hacer dedo cuando oscurece, no subir al auto si uno no se siente seguro, tomar apunte de la patente y mandársela a algún conocido que esté atento a la espera de nuestro mensaje a la llegada.

Si no tenían auto y con esto se convencieron, pueden visitar Farewell Spit que es una lengua de arena que se mete en el mar, por la que uno puede caminar y cruzar de lado a lado.

12019122_10204917543638848_1862791673_oO también, un poquitito más allá, a unos veinte minutos de camino de ripio está Wharariki Beach, una playa increíble con enormes rocas que forman túneles sobre el mar. Un lugar hermoso para ver el atardecer donde se pueden ver lobos marinos cuando la marea está baja (chequear marea en Wharariki)
12018665_10204917541518795_1753561796_oAquí, en este pequeño pueblo, conocí a Henri y Jhono, dos personas que me convidaron sus ganas de vivir, casi sin querer, tal vez sin darse cuenta. Hacía cinco años y con más de 70 se aventuraron al cambio de ciudad, al desafío de reconstruir un hostel y hacer de eso su medio de vida. Todos los días volvían a empezar, desde las 6:30 am preparaban el desayuno para sus huéspedes, cambiaban las sábanas, ordenaban la morada y por si esto fuera poco, refaccionaban su propia casa, de a poco, despacito…

A media mañana, tomábamos un té en los sillones junto a la ventana y todos los viernes nos reuníamos en una cena a la canasta, donde se intercambiaban recetas, historias y costumbres entre los que estuvieran en el hostel en ese momento. Parecía natural, pero atrás de esta reunión multicultural, estaba ellos dos manipulando los hilos para que todos nos sintiéramos cómodos y en casa.

En pocos días se irían a Australia, a recorrer en camioneta una parte del país. Cuando volví de visita, ya estaban en viaje, supe que también decidieron ir a las Islas Salomón a visitar a la troup.

Cuándo escucho gente preguntar: Y, te parece? A esta altura? Me acuerdo de ellos, de su fortaleza y coraje, y pienso, Sí! mejor ahora, mañana puede ser tarde!

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*Alojamiento en Takaka:

Barefoot Backpackers: en Commercial St, un lugar muy lindo y cálido.

Annies Nirvana: A la vuelta de la estación de servicio.

Kiwiana: Cerca de Barefoot alejándose del centro, cierra en invierno.

*Hacer las compras:

Hay un Fresh Choice en la entrada, frente al I-site y una dietética que vende muchísimos productos orgánicos a dos cuadras del supermercado.

*Dónde comer:

Dangerous Kitchen: Está en el centro, en Commercial St. a dos cuadras del I-site.

The Wholemeal cafe: En la misma cuadra que el anterior, antes era un cine.

*Bares

Roots Bar: Ubicado frente a la estación de servicio, a una cuadra del I-site.

Mussel Inn: Más lejos, como a 10km venden una cerveza artesanal muy rica y siempre tienen los mejores recitales de la zona.

*Dormir Gratis:

Abajo del puente que está antes de llegar a Pupu Springs, al lado del río se puede pasar la noche.

*Cómo llegar:

En combi desde Nelson con golden bay coachlines.

En auto.

A dedo.

Cuál es el origen de las poblaciones polinesias?

En esta película, el antropólogo Thor Heyerdahl, intenta verificar su hipótesis para dar respuesta a esta pregunta, arriesgándose a vivir aventuras extraordinarias…

Ver Kon Tiki

kon tiki

Título original kon-tiki/ año 2012/ duración 109 min./ país noruega/ director joachim rønning, espen sandberg/ guión petter skavlan, allan scott/ música johan söderqvist/ fotografía geir hartly andreas senrepartopål sverre hagen, anders baasmo christiansen, gustaf skarsgård, odd magnus williamson, tobias santelmann, jakob oftebro, agnes kittelsen, eleanor burke,manuel cauchi/ productora coproducción noruega-reino unido-dinamarca; recorded picture company (rpc) / nordisk film production / dcm productions/ género aventuras. drama | aventuras marinas. años 40. supervivencia. basado en hechos reales/ web oficial http://www.kontikifilmen.com/

Carta desde Samoa

22 de Agosto de 2015, Samoa

Talofa Atahualpa,

Cómo estás? Te escribo desde Samoa, intenté comunicarme, pero para cargar internet en el celular necesitaba un chip que regalaban en el aeropuerto, el tema es que me enteré de eso como dos días después de llegar.

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Finalmente, nos vinimos para acá, cambiamos el pasaje a último momento y no hicimos tiempo a buscar información y organizar un poco el viaje, así que todo a la San Fasón.

Lo del viaje Tonga estaba interesante, pero con tan pocos días no nos convenía, el pasaje era más barato y lo de la visa (que se precisa) lo resolvíamos entrando con el pasaporte italiano, el tema es que la isla central Tongataupu no tiene muchas playas y las otras dos islas quedan a 12 y 24 horas de ferry o a ciento y pico de dólares de avión. La posibilidad de nadar con ballenas era prometedora pero nos teníamos que ajustar al tiempo que teníamos y al bolsillo, obvio.

Llegamos el jueves, nos trajimos la mochila de mano porque acá hace entre 27 y 30 grados todos los días aunque llueva, entonces no hacía falta más. Volamos a la tardecita por una aerolínea australiana, nos tocaron los asientos al lado de la salida de emergencia, y antes de despegar, la azafata vino a darnos indicaciones respecto a lo que debíamos hacer si ocurría algo, podés creer que la mujer nos decía: “Bueno si alguien de la tripulación da la indicación de evacuar y uds. no ven fuego ni agua por la ventanilla, tienen que abrir la puerta y salir, entendieron? Entonces repitan ¿Qué deben hacer en caso de emergencia?, y los de atrás respondieron en coro: Salir!!!” Vos podés creer que pagamos 500 dólares ida y vuelta y encima nos pedían que tomemos decisiones en caso de emergencia??!! Un-ve-lie-ba-ble!!! Bueno, obviamente cuando llegó la hora de comer y me di cuenta que no nos iban a dar más que un vaso de café no me llamo la atención, pero empecé a preocuparme porque llegábamos como a las 10 de la noche y desde el aeropuerto a la ciudad son como 50km, entonces temíamos que no haya nada abierto para comer a las 11 y pico… y teníamos un hambre que nos comíamos a la de la recepción del hotel si no encontrábamos nada!!!!

Cuando aterrizamos, el avión paró al lado de la puerta del aeropuerto, por la ventana se veían varias familias agitando los brazos. Me saqué el saco ni bien abandoné el último escalón de la escalera que llevaba al piso, un calor infernal, o mejor dicho un contraste terrible respecto al invierno neozelandés. Desde el control de equipajes, inocuo por cierto, se podían escuchar las melodías de varias guitarras, cuando atravesamos la puerta de arribos vimos que nos esperaba una banda con música de bienvenida, daba gusto llegar!

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En la atmósfera se respiraba arena y sol, la gente descalza, con los pareos de flores y colores típicos del país y muchas palmeras, me recordó al aeropuerto, ese tan pequeñito en el que hicimos la escala ates de llegar a Bangkok, ¿te acordás?

Antes de irnos cambiamos algo de plata, el cambio parecía bueno y más tarde comprobamos que sorpresivamente este iba a ser el mejor en el país.

Como cambiamos todo el viaje a último momento, los mails que mandamos nunca obtuvieron respuesta, por eso la primer noche dormimos en Tatiana Motel, la idea era dormir en el aeropuerto e ir temprano a la mañana siguiente a la otra isla, pero el aeropuerto se cierra y el lugar de donde sale el ferry, a tres kilómetros del aeropuerto, que es donde algunos locales pasan la noche, nos comentaron que no era 100 por ciento seguro, Tatiana nos respondió el mismo día, costaba 70 talas la habitación doble con desayuno y tenía un shuttle desde el aeropuerto al hotel por 25 talas por persona, así que tomamos esta opción. 

Cuando llegamos, apuradísimos por chequear si había algún lugar abierto para cenar pudimos percibir el ritmo pausado de la recepcionista que se repetiría en todos los samoanos, una frase una pausa, un poco de reflexión otra pausa, luego pararse lentamente, unos pasos sosegados otra pausa más, era momento de relajarnos.

La habitación era sencilla, como había poca gente en el hotel nos dieron una con baño privado por el mismo precio, dejamos las mochilas y salimos con pocas expectativas, eran las once y acostumbrados a Nueva Zelanda no esperábamos muchas opciones a esa hora. Menuda sorpresa cuando encontramos varias tienditas que servían café, una despensa, un restaurant y un mercado 24hs de frutas abierto. Tomamos el menú de 3 talas que incluía arroz, curry, pollo, y una especie de cabellos de ángel cocidos en caldo de carne, con una gaseosa de lima grande para tomar, viste que cuando uno tiene hambre cualquier plato parece el mejor del mundo, con esa poca objetividad te puedo decir que estaba delicioso.

La primera impresión, para romper mis reglas de que llegar de noche siempre es, cuando menos, incómodo, fue muy buena. La capital, un lugar pequeño, lleno de vegetación y colores, con pocas calles y gente en la puerta de las casas y los negocios que te saludaba al pasar, el ritmo lento de la vida, el calor pegajoso, todo, me pareció muy a tono con lo que deseaba en ese momento.

Si andás pensando en grandes lujos este no es el lugar, todo es muy sencillo y humilde, poco turismo, unas playas increíbles, nada de puestas en escena para el visitante, un lugar muy natural y aislado que obviamente forma parte de este planeta globalizado, no es un viaje antropológico a principios de siglo como te imaginarás …

La seguridad del lugar ya sabemos que es un poco real y un poco construcción en la cabeza de uno, teniendo en cuenta esto, te digo que yo me sentí muy segura!, pero… conocí a una chica a la que le sacaron el bolso en un bar (lo había dejado sobre la mesa de todas formas) y con el bolso se fue el pasaporte y algo de dinero. 

Bueno te sigo contando lo que hicimos, cuando nos despertamos al otro día paseamos un poco por el centro, a la espera de nuestro colectivo a Lalomanu, una playa al este de la capital, era como una hora y media de trayecto.

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El centro serán cuatro o cinco cuadras, se puede visitar la catedral, y hay un mercado que vende pareos, artesanías en coco y hojas de palmera y en la parte de atrás tiene un patio de comidas que ofrecen buñuelitos de banana, bolas de fraile rellenas de carne pollo frito y jugos con milo y leche. Ahí mismo, en el centro está, el centro de información turística que los martes, miércoles y jueves alrededor de 10:30am brinda una charla informativa sobre la cultura samoana, con preparación de comida y demostración de los tatuajes típicos que llevan hombres y mujeres en las piernas. Nosotros no pudimos ir porque no nos coincidieron los días y el día que podríamos haber ido, estábamos por tomarnos el micro que finalmente salió una hora y media tarde, situación que es muy común en relación a los horarios… pero nos comentaron que esto de la charla estaba muy interesante. Allí explican con detalle las características de la cultura samoana y las costumbres de la población. Las familias suelen ser muy grandes y unidas, viven todos juntos, padres, hijos, tíos y primos, generalmente en las tierras de la familia del hombre, excepto que la familia de la mujer tenga muchas tierras. Samoa vive de la pesca y el cultivo de banana, coco y taro.

bananos

cocotero

Las familias tienen un jefe, que siempre es el más fuerte, trabajador y apto para resolver los dilemas familiares. Estos jefes generalmente son los que tienen los famosos tatuajes samoanos. En otras épocas el tatuaje se relizaba para coronar el pasaje de la niñez a la edad adulta pero hoy en día, las familias ofrecen a los niños o jóvenes que creen capacitados para desempañar ese rol, realizarse el tatuaje característico que representa a los jefes de familia. Las mujeres que la familia elija para tatuarse serán las encargadas de promover la cultura. Los tatuajes tienen una gran importancia en las poblaciones polinesias, en Samoa representan el rango de la persona que los luce, son un símbolo de honor, poder y status. El tatuaje se realiza a la manera tradicional con una herramienta antigua, son varias sesiones de varias horas, pudiendo llegar a demorar varios días o meses, y significa mucho dolor, por esto aquellos que se tatúan son vistos por la comunidad como personas con mucho valor y si no llegan a concluir los tatuajes esto representa una vergüenza y deshonra para la familia. El tatuador es una persona muy respetada en la sociedad y este es un oficio que se transmite dentro de la familia, representando el mismo una gran responsabilidad. Los tatuajes tienen motivos tribales que cuentan la historia y la cultura samoana.

Las familias de cada una de las villas se organizan en un meeting semanal donde discuten las cuestiones de la comunidad y las resuelven según criterios propios, por encima de los cuales , están las reglas de la sociedad samoana pero siempre las comunidades establecen algunas reglas para dirimir la vida cotidiana.

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Después de la vuelta al centro emprendimos viaje! Pero pará, no tan rápido que acá es todo lento… En la espera del colectivo, ahí a la orilla del mar, pasaron un montón de vendedores ambulantes, con bebidas frescas, machetes, empanadas de coco y ananá y bolas fritas de carne. Yo que no me puedo quedar quieta, bajé a comprar las empanadas y a recargar la botella de agua (hasta ahora parece potable, ya te diré la conclusión definitiva dentro de unos días) en el baño público que estaba ahí cerca, de paso recorrí los pasillos que se formaban entre los micros, viendo la gente y sus prácticas.

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El viaje en los colectivos es de lo más divertido. Los micritos están construidos en madera sobre un camión y están decorados de todos colores. Ahí adentro viaja todo lo que te imagines, gente, pollos, cemento, varas de maderas, cocos… el micro sale cuando sale, y va dejando a cada pasajero en la puerta de su casa, ni un metro más allá, por esto el viaje tiene una duración variable. Nuestra primer parada fue a cargar nafta, en un lugar pegado a un supermercado, ahí todos bajaron a hacer las compras, porque como descubriríamos después alrededor de la isla, hay pequeñas despencitas pero no grandes mercados con variedad de productos. Y allí arrancamos la travesía bien provistos, bien apilados, bien relajados, el colectivero se prendió su cigarro y paró a comprarse un coco a los pocos kilómetros y despacio pero seguro nos fue depositando, a nosotros, y a las cajas con provisiones, en cada uno de sus destinos.

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Una ley aprendí de estos viajes, Nadie viaja parado! Los samoanos pueden perder varios minutos armando un Tetris humano donde uno se sienta encima de otro, pudiendo esta pila alcanzar tres niveles, pero nadie viaja incómodo… Subyace a la ley un principio que te puedo decir que se respira en el aire, que consiste en vivir sencillo, tranquilo y disfrutando.

Después de una hora y piquito de viaje preguntamos por el alojamiento y en un inglés no muy fluido el ayudante del conductor nos dijo que me habíamos tomado el colectivo equivocado, nosotros debíamos ir a Saleapaga, la villa que estaba a 8-9 km más allá de la última parada. De paseo y con todo el día por delante esto no era un gran problema, imaginate el mar, la arena, las palmeras en la orilla, una tupida vegetación por detrás, una única carretera que da la vuelta a toda la isla y nada más…entonces las opciones eran caminar o tomar un taxi.

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Nos bajamos del taxi en Fao Fao, nos recibió una señora que nos invitó un café para charlar de nuestra estadía allí… 70 talas cada unos con desayuno y cena.

La familia que manejaba el lugar era muy cálida, la comida abundante y variada y siempre hacían algún plato típico, probamos taros, que es como una papa-mandioca y hojas de taros con crema de coco, un manjar!, una especie de ceviche pero sin tanto limón, arroz con leche de coco… después los sábados a la noche estaba la FiaFia, que es una fiesta donde se hace una muestra de los bailes típicos polinesios y varios integrantes de la familia cantaron e hicieron demostraciones con fuego.

fia fia fuego

fia fia

El lugar para dormir, los fales, como las casas de ellos, son un ranchito con techo de hojas de palmera tejida, y las paredes pueden ser de pareo o de hojas de palmera tejida también, contiguo siempre hay una edificación de cemento donde está la cocina y el baño y un espacio grande como lugar de reunión.

De cualquier forma, todo el año hace calor así que no es necesario más lujos que estos. En las casas hay sólo agua fría y están rodeadas de mucha vegetación que le da al paisaje mucho color. Una cosa que me llamó la atención es que se pueden ver las tumbas de los familiares en las puertas de las casas. Igual, no desesperes, hay opciones con más confort, tenes que venir, te gustaría mucho.

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Como estuvimos pocos días decidimos estar en la playa antes que recorrer, hacía mucho que estábamos viviendo en el frío y necesitábamos un poco de energía, como verás en las fotos la arena es muy clara y el mar tiene una paleta de azules asombrosa. Alguna vez te preguntaste porque el agua se ve de este color en la mayoría de los lugares? Seguro que ya lo sabés, no me sorprendería… alrededor hay muchas palmeras, bananos y cocoteros, todo está en un estado muy salvaje, de hecho es la playa más virgen que conocí, la que más me gustó también. La gente vive del cultivo de la tierra y la pesca, también tienen gallinas y chanchos que andan correteando por ahí, verde y azul es básicamente el paisaje, pensé que ya no quedaban lugares así en el mundo, pero por suerte él siempre nos renueva la capacidad de asombro!

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El domingo antes de cruzar a la otra isla fuimos a misa. El séptimo día es muy especial, todos van a la Iglesia, es una sociedad muy creyente por herencia colonial y el descanso dominical es algo sagrado para ellos. Mujeres y hombres se visten con sus mejores ropas, preferentemente de blanco y concurren a la Iglesia donde distintos oradores van recitando versos que son respondidas por el coro.

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Bueno estas son algunas de las primeras impresiones, me imagino que en la isla de Pascua las costumbres serán parecidas… Charlamos alguna vez de la película Kon-Tiki? Falta poco para que nos veamos, en ese momento me vas a contar con detalle y vamos a charlar de todo.

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En la isla donde llegamos, Upolu, estuvimos 4 días, como ya te dije pasamos unos días en Saleapaga y estuvimos en la capital, Apia, comiendo y paseando, ahí visitamos Tosua que es un cenote (20 talas la entrada), después nos tomamos el ferry para cruzar a Savai (hay cuatro por día  y sale 12 talas). Cuando llegamos, todos los colectivos se estaban yendo como despavoridos y nosotros nos subimos al primero que pudimos para no tener que pagar un taxi, el centro de información turística quedaba ahí a unas cuadras nomás pero como los que estaban en la estación del ferry eran los taxistas, no nos daban información precisa y nos querían cobrar para llevarnos allí…

Nos subimos al colectivo sin saber donde íbamos, fue la mejor opción… ahí hablamos con los pasajeros y decidimos ir a Manase, en el camino pasamos por lano, que también es una linda playa. Paramos en unos fales que no nos gustaron mucho, pero como pagamos todo el primer día para pelear el precio, después no pudimos cambiar. Te digo que igual estuvo bien, la playa era de las más lindas… Pasamos otros días de caminatas y descanso, el sol no daba tregua y obligaba siestas periódicas. Con más tiempo se puede alquilar un auto y recorrer la isla…para la próxima!! atardecer samoaTe veo en breves, te quiero mucho, Pini.

Las vicisitudes de compartir la morada. Alojamiento en Nueva Zelanda y mandados, Parte 2

Si ya conseguiste alojamiento (si todavía estas buscando lee Conseguir alojamiento en Nueva Zelanda), lo que sigue es salir a hacer los mandados. Y sí, mal que nos pese, si queremos ahorrar un poco nos conviene mandadear y cocinar. Aquí te dejo un link para que te organices a la hora de Hacer las compras en Nueva Zelanda y a continuación, la continuación de nuestras experiencias compartiendo casa!

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Acto dos. Casa dos.

Mount Victoria

Mount Victoria mi vecindario de bienvenida aunque esta era mi segunda casa.

La primera impresión cuando conocí a Locati fue: hay algo en su mirada que me hace sentir perdida, algo en sus manos que me dan cierta tristeza. Pero las condiciones eran buenas y pensé que, tal vez, era un juicio apresurado. Unos meses después confirmé una vez más que las primeras impresiones cuentan, porque justamente lo que determinó mi huida fue sentirme perdida con sus cambios de humor, sus ironías y el pesar que generaba en mí su desidia, su melancolía.

Después de la puerta, la escalera que subía a mi habitación, un pasillo zigzagueante y al final la cocina. Me gustaba la luz que entraba por la ventana, la que dejaban pasar las casas del final de la colina de enfrente. Siempre busco la luz, me gustaba sentarme al calor natural que generaba el sol a través del vidrio y pasar ahí el rato. Entre la mesa y la mesada no había mucho espacio, para estar realmente cómodos, cuando éramos más de dos, debíamos armar un rompecabezas con las sillas, ya que las mismas solo admitían una combinación posible. Sobre la mesada, la pava eléctrica y la tostadora y algunas migas olvidadas del desayuno.

Pero…un momento…¿Dónde está la tostadora? Cuando las cosas habitan siempre el mismo lugar y un día deciden mudarse, de manera inminente uno registra su falta y parece que está desordenado o demasiado ordenado, en fin, diferente. Busqué en una cocina que era lo suficientemente chica como para encontrar todo en no más de cinco minutos. En la mesada: no. En la mesa: no. En el armario: no. Sobre la heladera: no. ¿Dónde está la tostadora?

Me pareció raro, estaba segura de haberla visto esa misma mañana en su lugar. Hice una segunda repasada visual, porque tal vez había descuidado algún rincón y ante la negativa, decidí bajar a preguntarle a Locati el paradero de la tostadora.

Tirado en la alfombra, de costado, sosteniéndose la cabeza con una mano, estaba Locati. Me miró desde abajo y me saludó tranquilamente, como era su costumbre. Al instante, como resultado de un rápido registro panorámico, vi la tostadora, junto a él, también en el piso. Que raro, pensé. -Buscaba la tostadora- le dije, tratando de desentrañar por qué la tostadora estaba en el piso de su habitación. Tal vez se había roto, se me ocurrió. -Ah, sí, la tengo yo, la traje acá porque me quería fumar un cigarrillo y no encontré el encendedor, pero ya la subo- me dijo tranquilamente, como era su costumbre.

Subí la escalera, todavía pensando en la relación de los hecho que me describió como tan normales, quiso fumar, no encontró el encendedor, entonces agarró la tostadora y la llevó a su pieza para prender sus cigarros… después de repasar dos o tres veces la idea, todavía me resultaba de una rareza extraordinaria prender un cigarrillo con la tostadora, pero así era él.

Final del acto dos

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Si todavía no la viste, te podés mirar Una casa de locos (hacé click sobre el nombre), una película divertida que aborda este tema…

Las vicisitudes de compartir la morada. Alojamiento en Nueva Zelanda, Parte 1

Si llegaste a este post es porque estas por viajar a Nueva Zelanda con la Working Holiday (o ya llegaste) y querés resolver el tema alojamiento, por eso, si estás buscando la información concreta y toda compactada te invito a que visites el siguiente link CONSEGUIR ALOJAMIENTOEN NUEVA ZELANDA. Ahora si tenés un rato y querés leer mis experiencias compartiendo casa, quedate en este post y seguí leyendo la parte 1 de la trilogía.

*

Acto uno. Casa tres.

kelburn

Salí cansada y aburrida, no me gusta hacer el mismo trabajo durante mucho tiempo. Hacía ocho meses que trabajaba haciendo jugos y licuados, ocho meses en Nueva Zelanda, en la misma ciudad.

Dado que el plan inicial era estar a lo sumo tres meses en cada ciudad, ocho meses era casi tres veces nuestro plan corrompido. Sin embargo, cuando crucé la puerta y el sol iluminó mis mejillas, ese sentimiento gris se empezó a mezclar con mi entusiasmo por llegar a casa, preparar un café caliente y sentarme a escribir. Mis ansias crecían con las cuadras. La subida empinada antes de la llegada no me desanimó, las ventajas de tener un buen propósito.

Entré rápido, el aroma a pis de gato de la alfombra me dió un buen sopapo y aún así seguí adelante, decidida, ya casi no quedaban rastros del hastío de unos minutos atrás.

Agarré el café que tenía en la pieza, sí en la pieza, no es que me guste tanto el olor a café que uso los paquetes como aromatizante, la razón es otra: mi compañera de casa, la señorita “No pago la renta, ni me compró nada, total se lo puedo sacar a los demás” es tan fanática del café como yo, sólo que ella no tiene reparos a la hora de tomar el ajeno.

Ya en la cocina, distraída en los verdes de los árboles que se ven desde la ventana, puse a calentar el agua. Musicalizada por la melodía eléctrica de la pava, que por suerte no dura más que 45 segundos, intenté descubrir figuras en la luz filtrada por las hojas de las plantas que cotidianamente hacían de mis estadías en ese lugar un momento placentero. Por esos meses había empezado a refrescar en Wellington y los días de sol no abundaban. Me imaginé el café humeante sobre el escritorio que en ese entonces estaba en el patio de luz. A esa altura estaban por llegar los ratones, que desplazaron mi oficina de juguete a mi habitación, no quería compartir con ellos ningún espacio y se habían empecinado en invadir la parte trasera de la casa. Así que derrotada, trasladé todo a la pieza, el escritorio del antiguo compañero de casa, la silla del actual, una lámpara sin dueño y el alargue que me había traído de mis casa anterior, la número dos. Pero para eso faltaban unas semanas, todavía por esos días me sentaba en el patio de luz o la habitación de sol (traducción exacta del inglés) al lado del ventanal a tomar mi café caliente.

Todavía en la cocina, esperando el click de la pava que indica que se apagó y en medio de mis divagues, me interrumpe un: -Do you have some lipsticks?- que significa: tenés algún pintalabios (como le digo yo)?, -Eeeee…- digo, lo bueno de las frases que no necesitan traducciones, -Lipsticks you know- haciendo una seña como pintándose los labios en el aire y yo pienso, sí, sí, sé lo que es, lo que no sé es si prestártelo, -ok!- dije-One minute-. De camino a la pieza me debatía entre sí o no, por ahí lo precisa, pensé, pero algo me decía que no se lo preste, los platos sucios todo el tiempo, los abusos cafetales… sin mucha claridad tomé mi lápiz labial, salí de la habitación y le dije -I have this one- que significa: tengo este, ella lo agarró y desapareció como una ardilla. Yo me quedé medio perdida en el pasillo, lejos de mi café humeante, de mis papeles escritos y de mis musiquitas que no más de cinco minutos atrás estaban ahí al alcance de mi mano.

Pude intuir después de que mi vecina, “No me importa nada y qué”, cerró casi en mis narices la puerta del baño, el sentido de apropiación que ella rápidamente experimentaba con mis pertenencias. Entonces, en una acción meramente preventiva le dije -Are you thinking to keep it the whole night? Cause I will need it!-, es decir: Te lo pensás llevar toda la noche porque lo voy a precisar! -No it´s ok- contestó, -So give me it back in the bathroom-, agregué…

Algún gesto de ella me había dejado intranquila. Más tarde, aún sin recobrar mi tranquilidad de sol por la ventana descubrí qué era lo que me intranquilizó. Cuando la vi salir corriendo, y decidí chequear el baño, me encontré con la amarga noticia de mi lápiz labial ausente. Era la mentira en su mirada lo que me quitó la calma algunos minutos antes. Porque desde el inicio mi vecina de casa compartida tenía un plan: hacerse de mi pintalabios, que sabía estar en el baño pero ya no más a esa altura, para usarlo toda su noche de bares, y yo, pude develar su maquinación con sólo una mirada, pero guardé silencio, la dejé hacer su maniobra y después me enojé conmigo. Frente a la ventana del baño, donde tenía que estar mi labial gusto a fresa yacía la nada misma y ante el triste hallazgo sentí que la bestia Impotencia me abrazaba por detrás.

Fin del acto uno.

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Aquí les dejó una película vinculada a la temática, es la primera de una trilogía (pueden hacer click sobre el nombre): Una casa de locos (2002)

Hacer las compras en Nueva Zelanda

compras

Ya en Nueva Zelanda, los dólares que trajimos desde casa se van súper rápido entonces, hay que ahorrar. Las opciones para comprar alimentos en Nueva Zelanda no son tantas, la despensa de la esquina o el quioskito de la vuelta o los tan preciados “chinos” por sus bajos precios, no existen. Si no fuiste hasta el súper, perdiste!

Las principales cadenas en Nueva Zelanda son New World, Countdown y Pack´n Save, haciendo click sobre el nombre podés visitar la página de cada una de ellas y chequear cuál te queda más cerca.

El New World está presente en la mayoría de las ciudades y pueblitos, en este sentido es el que tiene más facilidad de acceso, pero sus precios suelen ser más caros.

new world

Countdown es un poco más económico pero no está en todas las ciudades y generalmente sus locales están en los barrios de las afueras y no en el centro.

Countdown

Pack´n Save es el bueno, bonito, barato, aquí encontrarás todo lo que precisas a los mejores precios. A su vez, en esta cadena las frutas y verduras están siempre a muy buen precio en comparación con los otros. Pero … es más difícil encontrar sus sucursales.

pack and save

En los pueblos más chicos y principalmente en la Isla Sur encontrarán 4 Squares y Fresh Choice que manejan los precios de New World, allí podrás comprar todo lo que precises, sólo que no hallarás variedad de marcas y precios.

Sin embargo si de vegetales se trata Nueva Zelanda no brinda muchas opciones. La mejor alternativa es organizarse y visitar las ferias que generalmente se realizan los fines de semana, si bien hay que levantarse temprano para obtener los mejores productos la relación precio-calidad realmente vale la pena. Acá te dejo los sitios de los principales mercados y ferias de Wellington y Auckland (haciendo click sobre el nombre de la ciudad te dirige a la página), si estas en alguna ciudad más pequeña lo mejor es preguntar a lugareños que te van a brindar la información exacta.

Consejos a la hora de hacer las compras y precios:

* Aprovechá los savers (ofertas), generalmente son descuentos de entre 1-3 dólares que se hacen algunos días de la semana. Si encontrás algunos productos en los que el descuento sea realmente bueno comprá dos o tres porque por ahí el producto no vuelve a estar en oferta hasta dentro de un par de semanas.

* Las marcas Pams y Budget son las marcas económicas pero la calidad es buena, no dudes en comprarlas.

* Llevate tu bolsa, en algunos súper las cobran.

Algunos precios aproximados dependiendo del lugar de la compra :

Fideos 500grs 1.20 nzd – Arroz 1.5 Kg 2.60 nzd – Tomate de lata 0.90 nzd – Pan lactal 1 nzd  – Carne picada Kg 12 nzd – Carne para milanesa Kg 12 nzd – Pollo pechuga Kg 11 nzd – Pollo pata Kg 6 nzd – Leche 2L 3.70 nzd –  Aceite Lt 6 nzd – Harina Kg 1-1.50 nzd – Huevos docena 5 nzd – Galletitas paquete 2-4 nzd  – Café 200grs 3-4 nzd – Te 100 saquitos 8 nzd – Manteca 500grs 3 nzd – Mermelada 300grs 2 nzd- Papa Kg 1-2 nzd – Cebolla Kg 1-2nzd – Zanahoria Kg 1-2 nzd – Brocoli unidad 1-2 nzd – Morrón unidad 1 nzd – Banana Kg 2-4 nzd – Manzana Kg 1-2 nzd – Chocolate Cadbury 200 grs 3 nzd – Cerveza pack 6 latitas 9 nzd – Vino 12-15 nzd – Papitas fritas 2 nzd. Estos son Precios 2015, pero como imaginarán en Nueva Zelanda no hay prácticamente inflación. La lista representaría un presupuesto de 100 nzd aproximadamente (comprando una de las opciones de pollo y una de las de carne roja), es decir 65-70 usd, teniendo en cuenta que incluye cosas que duran más de una semana como (aceite, manteca, té, mermelada, arroz) y que incluye vino, papitas fritas, chocolate ( que son cosas de las que uno podrías prescindir).

Conseguir alojamiento en Nueva Zelanda

Llegar a Nueva Zelanda con la Working Holiday es raro, principalmente por la mezcla de sentimientos: el miedo, la felicidad, las ansias, la curiosidad, la expectativa y los nervios se combinan en una mixtura única.

En ese mar de sensaciones uno debe procurarse un techo para dormir. Esto se puede hacer de antemano, reservando algunas noches en un hostel o alquilando una habitación en una casa compartida, obviamente esta segunda opción es la más económica.

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Si como la mayoría decidieron llegar a Auckland y quedarse allí unos días para hacer los primeros trámites (cuenta de banco, número de ird y chip para el celular) los hostels más conocidos son el Base Auckland (hagan click en el nombre y los deriva a la página) o YHA AUCKLAND, asimismo en cualquier página de búsqueda de alojamiento (acá les dejo dos BOOKING o HOSTELWORD) pueden chequear y conseguir algo un poco más barato.

Si decidieron irse a Wellington y empezar allí con los trámites, una vez más pueden alojarse en el YHA WELLINGTON o BASE WELLINGTON, o chequear el LODGE IN THE CITY y el TRECK GLOBAL que son opciones más económicas. Los precios de una cama en una habitación compartida van de 20 a 35 dólares neozelandeses.

Casa Compartida

A su vez, si te querés ir anticipando podés ir viendo una habitación en una casa compartida las cuales van de 100 a 250 aproximadamente, dependiendo de la ciudad, del barrio y de las características de la casa. Si querés buscar la mejor opción es TRADEME dentro de la categoría FLATMATES WANTED ( hacé click sobre el nombre y te lleva a la página), otra opción es meterte en las páginas de Facebook Flatmate Wanted de las distintas ciudades (FLATMATE WANTED WELLINGTON, FLATMATE WANTED AUCKLAND, etc.). Las ventajas de alquilar una habitación son el precio y la comodidad obviamente, sin embargo, las desventajas son que la mayoría no están amobladas ( es decir, no incluyen la cama, la cual se puede conseguir en Salvation Army por 60-100 dólares) y para entrar siempre piden un depósito bastante alto que se recupera cuando uno deja la pieza avisando con una anticipación pactada.

La casa

A su vez, en todas las ciudades hay pensiones u hoteles donde te podés quedar por estadías prolongadas, en los cuales las condiciones son un poco más flexibles y las habitaciones incluyen mobiliario, si andás por Wellington podés chequear el HOTEL ST.GEORGE.

Si elegiste irte directamente al campo a juntar frutas o a trabajar en un tambo, los empleadores generalmente te ofrecen alojamiento o te cobran muy poco por la acomodación.

Por último, si de ninguna forma querés pagar por el alojamiento podés intercambiar trabajo por alojamiento en hostel o granjas, para chequear esta opción visita HELPX y podrás ver las ofertas que hay, si efectivamente te decidís por esta alternativa debes pagar una membresía por un año de alrededor de 30USD.

Recordá que todas las páginas mencionadas tienen un link vinculado al que podes acceder haciendo click sobre la palabra.

Cualquier duda escribinos!

Mis anteojos nuevos

Canto horrible pero no me importa.

canto

Hace algunos días alguien llamado “mi papá” me dijo: vos lo que tenes que hacer, es hacer cosas, crear. Y yo pude entender el sentido más profundo de esa sencilla frase. Accionar, moverse, llevar nuestras ideas y deseos a la práctica es algo primordial para sentirse vivo, andando. Porque después de todo cuánto importa si lo que hacemos está bien o mal, si es bueno o malo. Donde está ese criterio absoluto que divide al mundo y nuestras acciones en un par binario donde no existen más opciones, bueno y malo, blanco y negro, rico y feo, cerca y lejos…

Entonces me decidí a hacer todas las cosas que me gustaban, aunque el resultado fuera malo según esta organización categórica del mundo limitada a un par de opciones. Iba a dejar todo tipo de exigencia en el placard y me iba a concentrar pura y exclusivamente a hacer aquello que me permitiera disfrutar, aunque lo hiciera de una forma pedorra. E iba a reivindicar esta nueva categoría, tan denostada por el mundo de la excelencia al cual adscribí acríticamente durante toda mi vida.

Empezaría a regocijarme en esos comentarios que antes me fastidiaban como repetidos pinchazos de cuchilla: “pero no te sale bien”, “y bueno por ahí tenes que seguir practicando”, “si… está bien, un poco incoherente tal vez”, “¿pero exactamente cuál es tu idea? porque es un poco inconcluso”. Pedorramente me iba a pasear por la vida aunque más liviana, más etérea, más real. A su vez, comenzaría un ejercicio diario de evaluar el mundo a través de una nueva estructura de categorías, pedorra sería mi preferida pero después habría otras, ni mejores ni peores…la lista no estaba definida pero algunas de las categorías serían indiferentemente, con el corazón, a la pasada, sin ganas, soberbio, con brillo, fucsia, celeste claro, con olor a rancio, groncho, vibrante… Tendría que caracterizar cada una de esas categorías que obviamente no guardarían relación unas con otras, ni existiría jerarquía entre ellas para después organizar mi mundo con las mismas. Sería tanta la ansiedad que casi con culpa por no haber finalizado la tarea de definición usaría como a escondidas mis anteojos categóricos. Me pasearía por la vereda, anteojada, fucsia, orgullosa y miraría a través de ellos los nuevos árboles, las nuevas casas y descubriría todo lo que antes no podía ver con mis antiguos anteojos de poco aumento.

Todo esto de las categorías me recordó un libro que había leído unos años atrás. El libro hablaba de los valores que inventamos, construimos y reproducimos para aprehender el mundo y evaluar nuestro paso por él, cuán arbitrarios se nos aparecen cuando tomamos distancia de ellos. Me puse a revisar el libro, intentando leer sus páginas como quien bebe agua a borbotones, queriendo saciar una sed de varios días. Estaba buscando esa vibración que sentí con la primera lectura, pero ya no estaba allí, como a Funes* le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente), a mi me molestaba que el libro de hace un par de años ya no fuese el mismo. El libro entre otras cosas hablaba de la moral: “…se «sabe» hoy qué es el bien y qué es el mal. Por ello tiene que sonar duro y llegar mal a los oídos el que nosotros insistamos una y otra vez en esto: es el instinto del animal gregario hombre el que aquí cree saber, el que aquí, con sus alabanzas y sus censuras, se glorifica a sí mismo, se califica de bueno a sí mismo: ese instinto ha logrado irrumpir, preponderar, predominar sobre todos los demás instintos, y continúa lográndolo cada vez más, a medida que crecen la aproximación y el asemejamiento fisiológicos, de los cuáles él es síntoma. La moral es hoy en Europa moral de animal de rebaño: – por lo tanto, según entendemos nosotros las cosas, no es más que una especie de moral humana, al lado de la cual, delante de la cual, detrás de la cual son o deberían ser posibles otras muchas morales, sobre todo morales superiores. Contra tal «posibilidad», contra tal «deberían», se defiende esa moral, sin embargo, con todas sus fuerzas: ella dice con obstinación e inflexibilidad: «¡yo soy la moral misma, y no hay ninguna otra moral!» – incluso se ha llegado, con ayuda de una religión que ha estado a favor de los deseos más sublimes del animal de rebaño y los ha adulado, se ha llegado a que nosotros mismos encontremos una expresión cada vez más visible de esa moral en las instituciones políticas y sociales: el movimiento democrático constituye la herencia del movimiento cristiano. Ahora bien, que el tempo [ritmo] de aquel movimiento les resulta todavía demasiado lento y somnoliento a los más impacientes, a los enfermos e intoxicados del mencionado instinto, atestíguanlo los aullidos cada vez más furiosos, los rechinamientos de dientes cada vez menos disimulados de los perros-anarquistas que ahora rondan por las calles de la cultura europea…”(F.N. Más allá del bien y del mal). 

Volví a tocar mi guitarra y canté, sin categorías, sin valoraciones, y me sentí feliz.

 

*Funes el memorioso de Jorge Luis Borges