Archivo de la categoría: Grecia

Milo la isla más austral de las cícladas

1

El mar egeo nos meció unas cuantas horas, el agua celeste se interrumpía de a ratos con algunas islas pequeñas. La puerta gigante de la bodega del ferry se abrió ante un terrón de casitas blancas amuchadas alrededor del puerto de Adamas. Un grupo de diez personas esperaba al final de la pasarela con carteles que ofrecían sus hospedajes. Nosotros decidimos según un criterio empático porque los precios no variaban demasiado. En un auto pequeño y un poco destartalado llegamos a la plantación de olivos de Antonia, donde con su marido había contruido algunas cabañas para alquilar.

4

20226650_10209379083934567_1992706128_o

6

3

El viento rige los días en las orillas de Milo y dependiendo de cómo sople son las playas que se pueden visitar. La isla es pequeña y el ritmo tranquilo, las casas blancas se conectan por unas escaleras de filos imprecisos y la mayor parte de las aberturas están pintadas en celeste. En el centro algunos comercios abastecen las necesidades del viaje. Alrededor de la isla las playas de rocas blancas y agua turquesa se suceden despobladas y sin ruido.

5

En un barco de velas visitamos la bahía de kleftiko. Entre las piedras el agua va y viene, al compás de las corrientes recorrimos el laberinto de cuevas hasta que el día se empezó a despedir.

2

20205517_10209379084214574_1531580093_o

20182141_10209379084254575_1639242479_o

Milo se hizo famosa por la Venus de Milo. La escultura que representa a Afrodita ,diosa del amor y la belleza, fue encontrada por un campesino es esta isla volcánica del grupo de las cícladas que aún no ha sido eclipsada, como  algunas de sus vecinas -Santorini y Míkonos-, por el turismo de masas. Allí se llega en Ferry Bluestar o Anek son las compañías princpales, conviene comprar los tickets en cualquier agencia o directamente en las oficinas, pero no es necesaria mucha antelación.

Algunas de las playas para visitar en Milo son:

Sarakinikoas,Papafragas, Pollonia,Paliochori, Papikinou, Tzigrado, Firiplaka, Provatas, Gerontas, Hivadolimni, Emporios, Kleftiko. Hay que chequear el viento antes de organizar la visita. Las visitas a Kleftiko, el imperdible de la isla, se pueden contratar en Adamas, puerto principal de la isla.

 

Anuncios

Mercados. Primera parte.

En un centro de detención cerca del aeropuerto, con el ruido de las turbinas de fondo, Samba, de Senegal, dice: “Enserio? Contame!”

Y Jonás, del Congo, con entusiasmo empieza a relatar su historia de amor: “En España, trabajábamos juntos en los tomates. Una mañana hubo una gran redada, corrí al pueblo para salvarme, corrí como un loco, y de repente una puerta se abre y una mano me agarra…”

Samba: “era ella?”

Jonás: “era ella…”

Por la noche, después de ver Samba (hacé click aquí para verla), la película donde aparece este diálogo, en el cual Samba y Jonás hablaban de sus vidas en Francia como inmigrantes ilegales, me desveló una idea que viene a mí a menudo: cuántas historias hay detrás de cada objeto, de cada persona…cuáles serían las historias detrás de los tomates que esa misma mañana había comprado yo en el mercado.

Excedida de cafés, una cadena de pensamientos se empezó a armar en mi mente y una cierta fijación emergió entorno a mi mañana en el mercado.

Nunca antes me había puesto a pensar en el placer que sentía al visitar los mercados de cada ciudad. La alegría de los colores, el camino pausado de los visitantes buscando los mejores precios y productos, los diferentes modos de acomodar la mercadería para cautivar la atención de los compradores, los olores penetrantes. Intenté repasar los mercados visitados, sus características, sus especificidades.

Cuánta personas reunidas en el mismo espacio y tiempo por un mismo motivo: intercambiar. Cuánta gente esa mañana, mientras preparaba algo caliente para tomar, pensó: hoy hay mercado. Cuántas familias se organizaron la noche anterior para su jornada de trabajo fuerte al día siguiente. Cuántos productos embalándose para ser transportados.

Y allí en el mercado el juego silencioso de los compradores, buscando, comparando. La selección minuciosa, la respiración acompasada del comprador de al lado que intenta cazar primero las mejores piezas. El ritmo de la gente recorriendo los pasillos, sin prisa, sin sobresaltos. Y el sin fin de intríngulis entre feriantes, proveedores, organizadores, municipales…

Mercado Atenas

Cuán lejos quedaba la tierra de la cual habían salido esas frutas y verduras? Qué trabajadores las habían cultivado? Cuáles eran sus historias de amor? Cuantos dueños habían tenido las prendas que se exponían en los puestos? Por cuántos países habían viajado? Dónde iríamos cada uno de nosotros después de nuestra visita al mercado? Cuáles las penas que arrastrábamos?

Ya eran como las 4 y tanto de la mañana y el mundo se me aparecía demasiado inabarcable, esos momentos de la noche dónde a uno le entra la desesperación de la finitud, por suerte después llega el sueño que todo lo barre por lo menos hasta el otro día, cuando la rueda vuelve a girar.

Esa mañana mientras calentaba el agua para tomar algo caliente, decidí comenzar una lista no exhaustiva de los mercados que conocí, sin orden ni sistematizidad, como el aquelarre de los mercados, mis recuerdos desalineados me llevaron a Roma, quizá porque el comercio fue la actividad central en la antigua Roma, quién sabe…

Recorrí con mi mente el interminable mercado de Porta Portese, su ropa usada de un euro, sus antigüedades y sus reliquias, los cuadros y esculturas de mármol, la multitud de inmigrantes buscando abrigo económico. Repasé los colores de las frutas y verduras de Campo di Fiori, entre edificios de otras épocas y fuentes de piedra. Allí mismo, donde hacía ya muchos años tenían lugar las ejecuciones públicas, donde la sangre ha sido derramada, ahora se levantaba un mercadillo donde los romanos llenaban sus neceseres.

Campo de Fiori

Me fui a Buenos Aires, pleno San Telmo, volví a sentir la suavidad de los guantes de cuero viejo y la mezcla de horror y ternura al ver los bebes de plástico sin ropa en las vidrieras, las lámparas de pequeños cristales formando un abanico de colores cuando la luz de la bombilla se chocaba con ellos, los discos clásicos del rock nacional, el olor a tabaco y café, los puestitos de antigüedades de latas que me trasladaban a mi infancia de yo-yo, trompos y perinolas.

San Telmo

Volví a Atenas, entre ruinas y calles zigzagueantes, entre plazas de cemento y músicos a la gorra importados de Europa del Este. Recapitulé las salida con urgencia del mercado de pescados por el olor inaguantable a tripas embebidas en mar. El aroma a ramas de canela que nos sacó del asco. Las aceitunas de todos los verdes, marrones y negros, de todos los tamaños y precios.

Grecia negocio de especias

Las cerezas rojo profundo que se deshacían en nuestras bocas, mientras los vendedores de carne acomodaban sus cortes cual piezas de museo. La vieja de los pistachos. La gente yendo y viniendo.

Grecia mercado

Crucé el globo hasta China, me perdí entre sapos y tortugas que me hicieron entender que mi vida es una entre tantas muy distintas. Las flores de te, de distintos tamaños y colores, su capacidad de transformarse después de entrar en contacto con el agua hirviendo y volverse otras, más grandes, más etéreas. La gente con sus carros eligiendo cuál gallina va a ser la próxima en encontrar su muerte, el ritual de selección. La calle húmeda y el cielo gris. Nosotros volveríamos a nuestro hostel en el barrio viejo y en miles de casas empezaría a hacer burbujas el agua de las ollas para preparar la cena.

China mercado

Mercados China

Recordé el mercado apostado en el frente del Templo Confucio, en Suzhou, todo estaba ubicado en el piso, había pequeños objetos antiguos, monedas, vajilla y una atmósfera enrarecida, tal vez, porque había pocas mujeres en el lugar y los hombres reunidos alrededor de las mercancías los asocié, de manera simplista e infantil, a la mafia china, tal vez, porque este mercado tenía pocos colores, y no había allí mucha gente. Probablemente esta era causa de mis percepciones, el escenario incompatible y la rápida relación que establezco entre mercado, gentío, vida, vibración, acogida, me hacían sentir este lugar como un sitio peligroso y mustio.

Mercado Confucio

Me dí cuenta que todavía me quedaban muchos mercados por rememorar, con una sonrisa en la cara, pensé: la próxima!

Un toque de canela para mirarse a los ojos. Lección de cocina nro. 1

Esta película me gustó mucho la primera vez que la vi, un poco menos la segunda, mi mamá siempre me dice que las segundas vueltas nunca son buenas, yo, igual no le creo mucho.

Me gustó porque me apasiona la cocina y el poder de las especias y los aromas. Porque un toque de canela o de comino pueden transformarlo todo y generar una atmósfera diferente, una percepción distinta. Porque los aromas se asocian a momentos de nuestras vidas y volvemos a ellos de la mano de cada fragancia, porque me intriga desde muy pequeña esa conexión en nuestro cerebro entre los olores y los recuerdos.

Para los amantes de la cocina!

Hace click acá para ver Un toque de canela

Un toque de canela

Título original Politiki kouzina (A Touch of Spice)/ Año 2003/ Duración 108 min./ País Grecia/ Director Tassos Boulmetis / Guión Tassos Boulmetis/ Música Evanthia Reboutsika/ Fotografía Takis Zervoulakos ./ Reparto Georges Corraface, Ieroklis Michailidis, Renia Louzidou, Stelios Mainas, Dina Michailidou/ Productora Greek Film Center / Filmnet / Cinegram/ Género Drama. Comedia | Cocina. Familia