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Bien limpitas las japonesitas

Qué es lo más lindo de Tokio? Es difícil elegir una sola opción. Creo que con mucho esfuerzo serán dos: andar en bicicleta por la ciudad y meterse en un onsen cuanto arremete el frío. Lo de la bicicleta es un placer que no depende del lugar, entonces pasemos a los onsen.

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Onsen son los baños termales que hay en todo Japón. El terreno volcánico de las islas permite que el agua emerja calentita desde el centro de la tierra en cualquier rincón del país. De allí que se puedan encontrar baños por todos lados. Los onsen, baños públicos/comunes de aguas termales, son un sitio muy peculiar. En ellos los japoneses pasan muchas horas, también comen, juegan a las cartas o toman un té entre amigos. La mayoría son bajo techo, los menos tienen piletas al aire libre. El ticket diario no tiene límite de permanencia y las salas están divididas para hombres y mujeres. En la entrada se dejan los zapatos, como en casi todos los lugares en Japón y después de pagar el ticket se pasa a las salas. Allí uno debe quitarse la ropa y guardarla en lockers, en ese espacio hay secadoras de pelo, tensiómetro, balanza  y algunas cosas más -la mayoría de pago-, también están los cuencos y banquitos que se usan en la zona de las piletas para bañarse antes de entrar a ellas. En ese otro espacio, en el que hace mucho calor -es bueno llevarse agua o una botella para recargar- hay shampoo y jabón líquido. El sector de duchas no está separado de las piletas, son unos duchadores muy bajitos para los cuales son necesarios esos banquitos que estaban afuera, luego hay varias piletas con distintas temperaturas, desde casi 50 grados a 10 aproximadamente, en las cuales es muy importante entrar desnudo, bañado y con el pelo recogido.

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Los baños comunes no son un lugar con glamour, son algo muy típico y tradicional, es un lugar de socialización muy importante para los japoneses. No pude averiguar si ir a los baños comunes tiene que ver sólo con el poder curativo de las aguas termales, si es una tradición de antaño o si tiene que ver con el tamaño diminuto de sus hogares, en los cuales el baño no es la excepción entonces los onsen permiten realizar una inmersión relajante que de otra forma sería imposible para la mayoría.

La experiencia es muy agradable, al principio es un poco extraño porque no está muy claro qué es lo que uno puede hacer y qué no, pero imitando a los nativo es fácil encontrar la lógica.

Este texto que está a continuación es el producto de un taller de escritura que hago con Francisco Magallanes y está basado en mi experiencia en los baños públicos japoneses.

Las mujeres del baño público

Después de llegar a la avenida hay que doblar a la derecha. Cruzar y tomar la  calle de la tabaquería: está  escondida en la manzana pero las luces de las máquinas expendedoras de mitad de cuadra sirven de señuelo.

En el norte se puede ver una torre gigante que por la noche se enciende con luces de colores. Todo alrededor parece conservar un orden silencioso pero son cientos los que pisan el cemento al ritmo de cada luz de semáforo. Una prolijidad de milenios esconde la esquizofrenia arquitectónica de la ciudad. Edificios que penetran el cielo se suceden con casas que resisten los años y la rapiña del hormigón. Las veredas están adornadas con macetas diminutas que se multiplican ante los ojos e imprimen algo de color a una ciudad en la que ya no quedan espacios de tierra para sembrar.

Cuando se apaga el murmullo suave de la avenida, sigue el barrio. Las calles se angostan, la ropa se seca en las ventanas, buscando un poco del aire que escasea en el interior. La marea humana tomó otro cause y sólo se pueden ver algunos viejos en chancletas paseando perros diminutos.

Un cartel verde indica la entrada. La primer puerta es transparente y de vidrio. El comienzo: sacarse los zapatos y  guardarlos en unos aparadores que van del techo al suelo sin pausa. Las puertas de cada receptáculo tienen vidrio y número para identificar fácilmente el propio calzado después de la aventura.

La segunda puerta es corrediza y de madera. Allí, en la recepción, dejo el ticket y el abrigo. Hay tres  hombres alrededor de una mesa.   Sostienen una charla pasajera, lo leo en sus gestos. Busco dónde dejar el bolso, pero para eso todavía falta otra puerta. Con una sonrisa alguien me indica que pase por la derecha.

Allí hay dos cortinas, una roja y otra azul, de un hule pesado e impermeable. La humedad seduce y llama. Soy mujer, me corresponde la roja. Trasciendo la cortina y el vapor me devora.

En esa habitación me quito la ropa y la pongo en un receptáculo donde solo caben mis pertenencias. Lo cierro con llave. El llavero, elástico, me sirve para recogersme el pelo.

La última puerta es de vidrio y como todo lo que hay del otro lado está chorreando agua. Ya desnuda, entro. La sala está llena de vapores. El brillo de los azulejos refleja un paisaje deformado por las gotas que se deslizan. En el suelo se juntan con el resto de las aguas y jabones y todos ensamblados bajan por la canaleta que lleva al desagüe.

Las duchas se encuentran a casi un metro del suelo. Justo debajo hay un espejo que devuelve a todas su silueta durante el baño. Los vidrios empañados disimulan el cuadro renacentista que se forma con la escena.

Al costado de la puerta se apilan banquitos y palanganas de plástico. Elijo un juego y me sienta frente a una ducha vacía. Lleno  de agua el recipiente y copio el ritual que realizan las demás.

Me choco con mi imagen en un fondo de seres desnudos que deambulan sin inhibición.  Observo los volúmenes, las texturas, el bello y sus distribuciones, los faltantes y sobrantes, los colores, la diversidad. Respiro la comodidad de ser sin disfraces.

Alguien me habla. Reconozco a esa mujer, también la vi ayer en el mismo lugar. No hablamos el mismo idioma, pero nos entendemos por señas. Registro el deber  de emprolijar mi pelo recogido antes de entrar al agua hirviendo. Respondo con una reverencia.

Comienzamos al unísono la ceremonia de limpieza. Los torsos se tapan de espuma. Con pedazos de lienzo jabonoso recorren su morfología en una danza lenta y sensual. El ambiente huele a limpio. El juego que despliegan los espejos enfrentados forman un colage psicodélico. Trocitos de cuerpos ajenos, desnudos y enjabonados se mezclan según el ángulo de observación. Las burbujas blancas viajan sobre las superficies, se detiene en las cavidades y toma velocidad con las curvas, dejando una estela que el agua borra lentamente. Así todo vuelve a empezar. Con cada episodio la apuesta es más alta: más agua, más jabón, más espuma.

Las mujeres pasan mucho tiempo lavando sus cuerpos,  los embadurnan y enjuagan limpiando las tristezas. Los frotan con fuerza y vierten grandes cantidades de agua para eliminar cualquier residuo de sensaciones.

Después entran al agua caliente, entrecierran los ojos y descansan. Los rostros se relajan y la mente desprovista de todo comienza a volar. Sin vestigios, sin rastros del día, más livianas y puras se elevan.

El agua purifica, reinventa. Entonces entran y salen. Se asean y acicalan. Se quitan los restos de muerte. Y vuelven al agua. Otra vez se friegan y purifican. El circuito se repite, por horas, la tarifa es una sola. Espuma, limpieza, hervor, espuma. Todo se barre de a poco. Las nostalgias, los pesares, las alegrías y las pasiones. Sin remanentes, la vida se reinicia. Listas para enfrentar de nuevo el mundo, se visten y salen, las mujeres del baño público.

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Si te digo Japón… Qué te imaginas?

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Cuando pensaba en Japón me imaginaba muchas luces, una ciudad a puro neón con edificios interminables en su carrera al cielo. Me imaginaba también pequeñas casas, con pisos de madera y papel de arroz en las ventanas, todo envuelto en un manto verde salpicado de cerezos. Mucho ruido y trajín con descansos de pausa. Lo que no me imaginaba era la conjugación de esos opuestos, cómo amalgamarlos, cómo ponerlos en diálogo. Había visto hace tiempo Perdidos en Tokio (2003) que me había acercado las luces, la ciudad y la sensación de que estar perdido a veces es el mejor camino y tres mediometrajes titulados Tokyo!(2008) que me dieron un poco de perspectiva en relación a la vida de la gente, una idea de las rarezas, las cosas impensadas, cómo la ciudad -ese espacio que construímos para vivir juntos- muchas veces nos transforma y nos aísla, y a partir de eso armé una idea vaga de Japón, la tierra del sol naciente.

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Esa construcción tenía poco de realidad y mucho de imaginación y pre-conceptos, entonces llegó un día mi mamá con una guía National Geographic de Japón. Te la regalo por si un día vas, me dijo, y con esa frase sentenció el destino.

En Noviembre de 2015, principalmente porque había una oferta de vuelo, emprendimos un viaje de tres meses por Japón. El viaje fue lento y gasolero: trabajamos en una cadena de hostels a cambio de alojamiento en tres ciudades de la isla principal de Japón -Honshu-, viajamos en bus y caminamos tanto, tanto como nunca hubiese imaginado.

Pero resulta, que afortunadamente, muy pocas cosas son como las imaginamos y la vida nos reserva una sorpresa en cada vuelta de esquina, en cada nuevo capítulo. Por esto, Japón resultó ser, todo lo que imaginada multiplicado por todo lo que no imaginaba: luces, luces y más luces, edificios modernos, pantallas gigantes, ascensores, puentes, trenes bala, galerías de arte moderno, baños termales, grandes shoppings, pisos y más pisos de locales escondidos en recovecos diminutos, parques, templos, festivales, muchos viejos y bicicletas, chicas vestidas como muñeca, elvis, peleadores de sumo, hombres de oficina, geishas, cafés de perros, de gatos, de búhos, comida precocida, comida de plástico en la vidriera de los restaurantes, hordas de gente durmiendo, en el subte, en los parques, en los negocios.

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Japón es un país insular del Pacífico oriental, tiene paisajes muy variados: grandes ciudades, playas paradisíacas y montañas de picos nevados, es decir, se adapta a todos los gustos. La isla principal -Honshu- alberga las ciudades más conocidas: Tokio, capital del país, es la mayor área metropolitana del mundo con más de treinta millones de habitantes, Kioto fue su capital durante largos períodos y hoy representa el centro histórico-cultural del país, Osaka es una ciudad moderna que se destaca por su actividad artística. Al norte en la isla de Hokkaido los visitantes se concentran en su oferta de deportes de nieve. Al sur hay numerosas islas con paisajes de playa.

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Es verdad que Japón puede ser un destino caro, pero depende mucho del tiempo con que uno cuente. El alojamiento y el transporte suelen ser costosos, ahora bien, si uno cuenta con tiempo hay opciones para economizar el viaje. Helpx y Workaway permiten intercambiar algunas horas de trabajo por alojamiento, Couchsurfing es otra opción que reduce tu gasto en alojamiento a cero y te permite conocer gente, realizar Housesitting -cuidar casas por un período de tiempo- implica también costo cero en alojamiento.  Con respecto al transporte, existe un pase de buses de Willer Express que es muy económico -en relación con el tren-, permite moverse en todo el país y se puede comprar ya estando allí -a diferencia del pase del tren-. La comida puede ser muy cara, pero hay muchos precios y calidades y eso permite reducir el presupuesto, también a partir de las siete de la tarde los supermercados hacen reducciones de hasta el 80% en comida.

Nosotros estuvimos un mes en Tokio y desde allí visitamos Yokohama y Nikko, tres semanas a Kanazawa y desde allí visitamos Shirakawa-go, luego nos movimos a Kioto, donde pasamos otras tres semanas y desde allí visitamos Kobe, Nara y Jigokudani  y por último estuvimos una semana en Osaka. Estos son los Blogs que nos ayudaron en nuestro viaje:

Mochileandoporelmundo en Japón

Japonismo

Cualquier consulta escribinos y te ayudamos con tu viaje por Japón!

Parque tomado, Nara y sus ciervos

A veces, pensás que nada te puede sorprender, que ya lo viste todo, lo terrible y lo maravilloso…pero la vida, se las rebusca y siempre te sorprende, a veces con un simple gesto, otras con ostentosas reliquias, o con alguna novedad que no imaginabas posible. A nosotros nos sorprendió en Nara con un parque público tomado por los ciervos.

Nara es una ciudad japonesa, en la región de Kansai, al Sur de la isla principal, muy cerquita de Kioto. Fue capital del país en el medioevo y alberga muchos de los templos mejores conservados de Japón. Sin embargo, lo más peculiar de esta ciudad es que además de sus 360.000 habitantes, está habitada por alrededor de 1200  ciervos que merodean por las calles libremente. Cuenta la leyenda que uno de los dioses del Santuario Kasuga hizo su aparición en el monte  Mikasa-yama sobre un ciervo blanco y a partir de allí se consideró a estos animales figuras sagradas.

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Al día de hoy los ciervos son considerados patrimonio natural y se los respeta mucho, pero ya no se somete a nadie a la pena capital como sucedía en la antigüedad con quienes mataban a los ciervos.

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Cuando organizamos la visita a Nara, leímos algo de los ciervos del parque, pero nunca imaginamos que eran tantos. Ese día nos levantamos temprano para que la jornada sea larga, preparamos una vianda (los ahorros de un mochilero en Japón) y partimos. Viajar por Japón es muy sencillo: toda la información está disponible en internet u oficinas de turismo que las hay por todos lados, siempre es clara y confiable y los medios de transporte son numerosos y con variedad de horarios, y brindan un servicio de muy buena calidad.

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Desde Kioto tomamos el tren a Nara, el clima estaba inestable, era Enero, recién comenzaba del invierno, unas brisas frescas y nubes grises dispersas dibujaban un buen escenario para nuestro paseo por el parque, el suelo tapizado de las hojas naranjas abandonadas por el otoño, daba algo de color al día monocromo. Desde la estación caminamos en dirección al parque, un poco perdidos con nuestro mapa de papel (todavía no habíamos descubierto Maps.me). Nara es pequeño y se puede recorrer fácilmente a pie. Los primeros ciervos nos recibieron en la vereda frente al parque. Si bien había varios turistas, el lugar es lo suficientemente grande como para darle al visitante una acogedora sensación de paz y soledad. Nosotros elegimos utilizar la mañana para caminar sin sentido, y visitar por la tarde algunas atracciones. Almorzamos en el lago Sagi-ike Pond del centro del parque, lejos de los ciervos y su hambre voraz y luego visitamos los templos de la zona.

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El parque, lugar preferido de estos animales es grande y acogedor, se puede recorrer todo a pie. Allí mismo están los principales templos y santuarios: el templo Todai-ji, el templo Kofuku-ji, el templo Gangō-ji y el santuario Kasuga,  que fueron declarados Patrimonio de la Humanidad en 1998.

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En algunas zonas del parque hay locales de comida y souvenirs, como para parar al mediodía a almorzar o comprar algún recuerdo. Si viajas con bajo presupuesto y te llevaste tu comida, en distintos puntos encontraras bebederos para recargar tu botella. Los ciervos que te acompañan en todo el paseo también tienen sus puestos de abastecimiento.

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En los distintos rincones encontraremos vendedores de galletas para ofrecerles a los ciervos, estas croquetas tienen una formulación especial, balanceada para estos animales, todos venden las mismas y al mismo precio. Pero cuidado! algunos son un poco atolondrados y pueden asustarte con sus movimientos bruscos intentando robarte comida.

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Aquí te dejamos un mapa para que organices tu recorrido, nosotros hicimos todo en un día completo. Sin embargo, no visitamos algunos templos que quedan alejados del parque. De regreso a la estación visitamos Naramachi, un barrio tradicional japones que te permitirá trasladarte en el tiempo.

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Si no tenés el JR Pass estos descuentos te pueden servir para llegar a Nara y recorrer la ciudad:

Hankyu Line, descuento para transporte.

Pase para visitar Kansai area, incluye otros beneficios además del transporte.

 

 

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Tres historias, tres directores, una ciudad que los une. Tres personajes excéntricos que ayudan a entender la esencia del lugar y la cultura. Japón es mucho más de lo que todos imaginamos. Carax, Gondry y Bong intentan un buceo a las profundidades de este país. Veamos si lo logran…

Tokyo

Ver Tokyo! online gratis

Título original Tôkyô!/ Año 2008/ Duración 110 min./ País Japón/ Director Bong Joon-ho, Leos Carax, Michel Gondry/  Guión Bong Joon-ho, Leos Carax, Michel Gondry/ Música Étienne Charry, Ryuichi Sakamoto, Haruomi Hosono, Yukihiro Takahashi/ Fotografía Masami Inomoto, Caroline Champetier, Jun FukumotoRepartoYû Aoi, YosiYosi Arakawa, Jean-François Balmer, Julie Dreyfus, Ayako Fujitani,Ayumi Ito, Teruyuki Kagawa, Ryo Kase, Denis Lavant, Yutaka Matsushige, Nao Omori, Sohee Park, Naoto Takenaka, Satoshi Tsumabuki, Hiroshi Yamamoto/ Productora Coproducción Japón-Francia-Corea del Sur-Alemania; Comme des Cinémas / Bitters End / Sponge / Backup Films / Picnic / Westdeutscher Rundfunk (WDR)/ Género Comedia. Drama. Fantástico | Película de episodios

Shirakawago, patrimonio de la humanidad

las tres casas

Shirakawago, también conocida como el pueblo del río blanco, está ubicada al este de Tokio, al suroeste de Kanazawa y al norte de Nagoya. Este pueblo de montaña fue declarado patrimonio de la humanidad en 1995. Allí encontraremos una atmósfera mágica, sus casa de estilo arquitectónico gassho- zukuri (este nombre hace referencia a la posición de las manos en forma de oración), las plantaciones de arroz en las inmediaciones, el río Shogawa que la atraviesa y a las grandes montañas que la rodean, otorgan a esta aldea un carácter único.

Casa tradicional

Plantacionesel pueblo

Las casas tienen sus techos a dos aguas en un ángulo bien pronunciado  y están cubiertos de una gruesa capa de paja, estas características permiten enfrentar la gran cantidad de nieve que cae en los inviernos evitando su acumulación y aislando el frío. Las mayoría de las casas, muy antiguas, funcionan como museos, bares o restaurantes. Tienen tres o cuatro pisos y unas pequeñas puertas y ventanas de madera. En la antigüedad se criaban gusanos de seda en los altillos.

Cualquier momento del año es propicio para visitar la aldea, si bien el paisaje cambia abruptamente, como ocurre en el resto del país. Mientras que en el verano el follaje se encontrará bien verde, en el otoño predominan los rojos y naranjas. la primavera es el momento en el cual los cerezos florecen y el invierno pintará de blanco el escenario.

Nosotros visitamos el lugar en invierno y nos pareció un espectáculo increíble. Los techos con un poco de nieve en sus bordes, una fina bruma y la nieve cayendo lentamente, eran ingredientes dignos de un paisaje encantado.

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Llegamos desde Kanazawa en colectivo por la mañana (Hokutetsu es la compañía que utilizamos), en la página están los horarios y las tarifas (el costo del ticket ida y vuelta es 3290 Yen Diciembre/15), es conveniente reservar con anticipación porque generalmente los lugares se agotan en los días previos.

También se puede llegar desde Takayama (Nohi bus) y desde Nagoya (Gifu bus la página está sólo en japonés) en bus. 

La opción del bus es la más económica y la única posible, ya que no se puede acceder a Shirakawago por tren.

Cuando llegamos a la aldea el colectivo nos dejó en la puerta del centro de información turística, allí se puede pedir un mapa (gratuito) para organizar el paseo y también hay baños públicos. Alrededor encontraremos algunos cafés y casas de venta de souvenirs. Por un largo puente colgante cruzamos el río y llegamos al lugar donde se encuentran las casas más antiguas, algunas de hasta 250 años.

El puente

Allí podremos visitar las casas de las familias principales (las entradas cuestan entre 300-400 yenes e incluyen té), el museo de la aldea, un mirador con unas increíbles vistas panorámicas (se puede subir en bus por 200 yenes, pero la caminata no son más de 10 minutos y es muy sencilla) y algunos templos.

el mirador

El día que visitamos la aldea nos levantamos bien temprano y después de una hora y 15 minutos, el bus nos dejó en el centro de información. Al principio del recorrido en el colectivo dormimos pero nos despertamos para disfrutar el último tramo de viaje, cuando las montañas y los bosques inundan el paisaje. Durante nuestro paseo nos dedicamos a caminar, recorrimos el pueblo y los alrededores.

En el centro hay una pequeña plaza y las calles principales tienen negocios para comprar comidas típicas y recuerdos del lugar. En las calles aledañas disfrutaremos de las casas tradicionales con sus huertas en los patios traseros, espantapájaros y herramientas de trabajo.

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otras casas

pequeños canalesEl paisaje parece sacado de un cuento de aventuras en el bosque, digno de una expedición. Nosotros caminamos desde la mañana hasta que cayó el sol. En el mapa que entregan en la oficina de información turística están marcados los atractivos principales aunque también es interesante caminar sin rumbo y recorrer las afueras donde hay grandes extensiones de campos sembrados.

Emprendimos la vuelta cuando comenzó a oscurecer. Si bien los alojamientos eran un poco más caros que en otras ciudades (a partir de 4000 Yen Diciembre/15), creemos que vale la pena pasar la noche, para ver el pueblo iluminado y las calles sin los turistas que llegan por el día.

Si uno está viajando a Japón por unos pocos días, tal vez se lo piense dos veces, porque es un destino al que no se puede llegar en tren y para aquellos que compraron el JR Pass es un gasto extra, pero realmente creemos que este destino vale la pena.
montañas

Perdidos en Tokio

Todo empieza en el bar de un hotel. Un actor venido a menos, una mujer hermosa con demasiado tiempo libre. Un marido ausente. Un escenario fascinante. Tokio, sus multitudes y sus soledades. Ellos comparten la nostalgia y el vacío. Sus vidas sin rumbo. El tejido de una amistad donde todo puede pasar.

 

 

perdidos en Tokio

Ver Perdidos en Tokio online gratis

Título original Lost in Translation/ Año 2003/ Duración 105 min./ País Estados Unidos/ Director Sofia Coppola / Guión Sofia Coppola/ Música  Brian Reitzell & Kevin Shields/ Fotografía Lance Acord/ Reparto Bill Murray, Scarlett Johansson, Giovanni Ribisi, Anna Faris, Fumihiro Hayashi,Akiko Takeshita, Catherine Lambert, Akiko Monou/ Productora Focus Features / American Zoetrope / Elemental Films/ Género Drama. Comedia | Comedia dramática. Película de culto/ Web oficial http://www.lost-in-translation.com

Photo exhibition. El comienzo/The beginning

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“La Mirada de Los Otros /Through the Eyes of Others” – is a photographic odyssey by Argentinian travelers Coco Fernandez & Pina Lamenza, who seek to explore human commonalities and reveal how what we share: our love of family & friends, work and moments of loneliness, overshadows our differences. Over the course of a year, they will visit Japan, South Korea, Philippines, Indonesia, Vietnam, Laos, Myanmar and Cambodia, seeking to demonstrate that places are no more than the people who live in them. The first exhibit on January 8-12 2016, at Khaosan Theater Bar, will capture the lights and shadows of life in Japan.

Tokio y sus barrios

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Tokio es una síntesis perfecta de rascacielos y recovecos, de tranquilidad y ajetreo, de gentío silencioso. Esta ciudad de alrededor de 14 millones de personas es una mezcla rara de tradición y modernismo. Por momentos, uno parece perdido en el siglo XVII, rodeado de templos custodiados por dioses cuyas imágenes infunden respeto, pagodas rojas y doradas con techos de esquinas puntiagudas, casas típicas japonesas, de puertas corredizas de madera, a través de las cuales se vislumbra su pequeñez de ambientes y los pisos de tatami. Pero de repente, se abre paso en el paisaje un gigante de cemento, acero y espejos, que uno mira desde abajo, mientras se cuela la idea: Cómo es posible tal inmensidad? Las más variadas formas, diseños y tamaños dan cuenta de un desarrollo arquitectónico extravagante, que se mezcla con pequeños locales muy especializados en los más variados rubros. En Tokio nos asombramos con negocios sólo de peines de madera, sólo de sobres, de pañuelos, de diferentes productos de Kitty (desde billeteras y paraguas hasta galletitas), de cepillos y sólo cepillos, de abanicos, de galletas con forma de pescado (típicas del lugar), de grullas de papel, de juguetes antiguos, de palitos para comer con infinidad de motivos diferentes…

Juguetes de otros tiempos

Antiguamente nominada Edo, fue la sede del poder Tokugawa ente 1603 y 1868, si bien la capital del país permanecía en Kioto. Con la Restauración Meiji (1868), Tokio adquiere su nombre actual y se convierte en la capital de Japón. Ya desde el siglo XVII, esta ciudad constituía una de las urbes más grandes del mundo, y este destino no se modificó nunca pese a las devastaciones que generaron la Segunda Guerra Mundial, sucesivos terremotos e incendios. Su crecimiento y desarrollo se disparó en los años 50 de tal manera que este proceso se denominó “el milagro japonés”. Aquí les compartimos una serie de videos cortos ( Las llaves del Japón ) que explican el crecimiento de Japón y su capital después de la Segunda Guerra Mundial.

Tokio se asienta sobre la bahía del mismo nombre y sus principales barrios de ubican al oeste del río sumida. Para que organicen su viaje les dejamos un mapa interactivo de la ciudad.

Vislumbrar su esencia lleva unos días. Sus barrios de mayor interés turístico son Asakusa, Sumida, Ginza, Shinjuku, Shibuya, Roppongi, Harajuku, Chiyoda, Akhiabara, Ueno y Odaiba entre 23 que componen la ciudad. Si pensamos en recorrer un barrio por día esto implicaría al menos diez días de visita. Sin embargo, con organización y algo de dinero destinado a subtes y trenes, se puede aprehender lo mejor de la ciudad, en menos de una semana.

Asakusa es el barrio más tradicional, con templos y santuarios de los más antiguos junto con el Tokyo Sky Tree del otro lado del río, una torre que emula una pagoda de la actualidad.

Senso-ji

Geishas asakusa

Sky Tree

Cerca está Ueno que posee un gran parque con museos y templos y un mercado a la salida donde se pueden encontrar productos baratos y un gran patio de comidas.

Ueno

Un poco más al sur está Akihabara donde se pueden ver muchos negocios vinculados al animé, locales de pachinko y maidreamin cafés, que son lugares para tomar algo donde las mozas están vestidas de muñecas.

Akihabara

Más al sur encontraremos Ginza y Chiyoda, allí podremos visitar el Palacio Imperial, varios jardines, el mercado de pescado más grande del mundo, tiendas de lujo, templos y el teatro Kabukiza. Al oeste el barrio de Shibuya nos sorprenderá con sus luces, edificios y pantallas gigantes, un poco más al norte podremos pasear por Harajuku, junto a personajes de lo más excéntricos. En la misma dirección está el parque Yoyogi, y aún más allá el templo Meiji Jingu en el parque que lleva su nombre.

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A la salida entraremos en Shinjuku, con varios negocios de venta de electrónica, bares, restaurantes y el edificio del Gobierno Metropolitano desde donde se puede disfrutar de una de las mejores vistas de la ciudad.

Rascacielos

Yendo hacia el sur-este cruzaremos Roppongi y la Torre de Tokio para llegar a Odaiba donde se emplazan grandes centros comerciales, parques temáticos y el Puente de Arco Iris.

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Del otro lado del Río, volviendo hacia el norte en Ryogoku se encuentra el Parque Sumida y el estadio de Sumo.

Puente

Algo más alejado pero a no más de 15 minutos de tren desde alguno de estos barrios centrales podremos encontrar Yanaka al norte de Ueno, un barrio con un mercado de productos tradicionales y una escalera donde suelen apostarse los gatos del barrio al caer la tarde. Shimo-kitasawa al oeste de Shinjuku, un barrio alejado con un estilo de lo más snob, sus calles están llenas de locales de ropa usada y bares decorados de manera singular.

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dulces japoneses

Desde Shinjuku también se puede visitar el barrio coreano cercano a la estación Shin-Okubo, con locales de comida típica y shows de ídolos coreanos. Al norte de Asakusa encontraremos Shibamata, con templos, museos y una calle comercial donde se han filmado películas históricas.

La forma más conveniente de moverse en la ciudad es el metro, en todas las estaciones encontraremos las máquinas para comprar los boletos que tienen la opción de modificar el idioma, luego se puede buscar el precio con el nombre de la estación a la que queremos ir. La red del metro es como una tela de araña y generalmente se puede llegar de varias formas a un mismo punto, todas cuestan lo mismo, lo que variará es el tiempo que tardamos. Aquí les dejamos la página para que consulten o también se pueden chequear las combinaciones en google map eligiendo la opción tren. Metro/Subte en Tokio.

Subte

Otra buena opción es la bicicleta que se puede alquilar por 300-400 yenes (3-4 dólares Nov/15) el día pero hay distancias de más de diez kilómetros entre algunos barrios, el tránsito es tranquilo y se puede andar por la vereda, sólo hay que prestar atención al estacionamiento porque hay pocos lugares donde está permitido, generalmente cerca de las estaciones de subte o en los supermercados.

Las opciones de comida y alojamiento son muy variadas, los precios varían en función de la calidad y la ubicación pero se pueden encontrar platos desde 140 yenes (1,30 dolares Nov/15) en adelante y una habitación compartida a partir de los 1700 yenes (14 dólares Nov/15).

Qué hacer? La lista podría ser interminable: bares de los más variados estilos y temáticas, con perros, con gatos, con buos, con gatos negros, con cabras, con mozas disfrazadas de muñecas, con robots, parques, jardines, museos, mercados y paseos para caminar incansablemente, shopings, festivales, galerías de arte, baños termales, espectáculos de geishas, torneos de sumo, fuegos artificiales, templos, festivales típicos … No más perderse por sus calles ya es una experiencia extraordinaria!

Geisha

Para más información: Guía de Tokio