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Desde el fondo del mar. Pesca indiscriminada en Filipinas

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Llegamos a la orilla cuando el sol tocaba el horizonte del otro lado del mar. Los barqueros se abalanzaron para vendernos la travesía a un precio descomunal.

-Es el último barco para cruzar, si no, deberán esperar a mañana- decían convencidos de que esa era la mejor estrategia para que aceptemos el sobreprecio.

Decidimos no cruzar, la noche nos atraparía antes de desembarcar en Malapascua: la oscuridad, las mochilas, el mar y sus olas no eran una buena combinación. A la mañana siguiente un intento de barca nos arrimó a la isla, una roca pequeña que se podía descubrir en un puñado de horas.

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Marielle todavía estaba dentro del mar cuando golpeamos su puerta, nos recibió su amigo y ella llegó más tarde, con los pelos duros de agua salada. Entonces nos contó sus aventuras submarinas, su otra vida en el fondo del mar. Marielle es instructora de buceo, por eso pasa muchas horas de su día sumergida. Allá abajo, dice Marielle, hay muchas especies pero, poco a poco, la vida del otro lado de la superficie cristalina que rodea la isla va mermando por la pesca indiscriminada.

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El triángulo de Coral es uno de los ecosistemas marinos más ricos del mundo. Tiburones, tortugas y otras especies en peligro de extinción mueren accidentalmente por los métodos de pesca agresivos que no distinguen entre especies. Esta zona que abarca Filipinas, Indonesia y las Islas Solomon está en una situación de emergencia en lo que se refiere a la conservación de su biodiversidad.

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– En un municipio colocaron una virgen en el fondo del mar- dice Marielle- el intendente fue muy inteligente, porque acá en Filipinas, la comunidad es muy creyente y la virgen submarina desalienta la pesca con explosivos y con cianuro, que es ilegal, pero el gobierno no tiene forma de controlarla-  hace una pausa, enciende uno de los veinte cigarrillos que fuma durante su día afuera del mar y continúa- el tema de la pesca es muy complicado, porque hay muchas mafias y corrupción involucradas, hace poco una familia de un chico francés que se había instalado en el país con su esposa e hija, apareció muerta y el caso no se esclareció. Lo mataron porque estaba reclamando y organizando a la gente. La verdad, no sé si tiene solución, lamentablemente cada vez hay menos corales, menos peces y más basura.

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Los arrecifes coralinos son el amazonas del fondo del mar. Hoy una tercera parte de ellos está en peligro de extinción como consecuencia de la acción humana.

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Reflexiones del otro lado del globo

Una cámara de fotos water proof, porque seguro hago alguna inmersión de buceo, la malla, un par de ojotas, un sombrero y el bronceador, ropa poca total allá todo sale un dólar, la mochila está lista y empieza la aventura. Llegamos al sudeste y nada nos decepciona. La oferta de actividades es mayor de la que esperábamos y la gente es muy amable. La playa es mágica y la ropa efectivamente está un dólar, claro la fabrican acá, en talleres de los cuales seguro nos horrorizaríamos, pero esta vez la compramos. Los vendedores, porque aquí se vende todo, se ponen insistentes y nosotros andamos rezongando que no somos una billetera caminando, ellos tienen siempre una sonrisa y nosotros poca paciencia.
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Desde el museo de los vestigios de la guerra de Vietman en Saigón/ Ho Chi Min pienso qué ironía que resulta todo, ellos con una sonrisa y occidente perdiendo la paciencia fácilmente. Y justo allí mirando el presente con fotos del pasado pienso en mi viaje por estos lares. El Sudeste asiático puede ser un viaje de playas y templos, de mares turquesas, puestas de sol, budas y sahumerios, de chucherías en los mercados y comida barata.
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Este recóndito pedacito de mundo, que casi se cae del mapa para los occidentales y queda a más de 20 horas de vuelo, puede suponer el descubrimiento de otras culturas y religiones, una expedición exótica incentivada por las fotos coloridas de revistas de viajes, el viaje más económico a un destino remoto que nos podemos permitir, fiesta asegurada y podría seguir.
Same same but different, un viaje al sudeste también puede ser encontrarse con ciudades llenas de basura acumulada, que recibe numerosas ratas apenas cae el sol, con administraciones corruptas que poco hacen por el bienestar de los pobladores del lugar, con playas llenas de plástico, en las que hay que buscar el ángulo para que la foto se vea como en las publicidades y la arena blanca no esté manchada por los restos del almuerzo de los numerosos visitantes que llegan a diario. El Sudeste es prostitución de menores, extranjeros ostentando niñas en bares de precio turista, timos y sobreprecios en cada esquina y mucha desigualdad y pobreza.
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El Sudeste es la injusticia de playas enteras conquistadas por resorts de propiedad Rusa, China y el menor medida Alemana, pegados a casillas que no tienen ni agua potable ni luz. Es un sinfin de actividades montadas para el turista que destruyen el medio ambiente y nada tienen que ver con la cultura local, con las cuales se enriquece solo el sector que se pudo vincular al turismo, mientras la mayoría mira con calma un porvernir sin cambios. Es también guerras de hace muy poco, más alguna guerra de hoy y aquí me voy a detener.
Podemos hacer un resumen al mejor estilo telediario de medianoche donde no nos dicen nada pero creemos que nos dijeron todo y nos vamos a dormir tranquilos. O podemos buscar un camino más largo y menos acorde a los tiempos actuales de mensajes rápidos, textos cortos, reflexiones poco críticas y escuchas con prisa como dice nuestro amigo Mario. Cada uno tomará su mejor opción, aquí solo recordaremos un rincón del mundo que poco aparece en las noticias, los manuales y los libros de historia, pero que puede echarnos luz para pensarnos hoy de manera más integral.
Si solo pensamos un segundo en que la guerra de Vietnam termino hace tan sólo 40 años; que la guerra no fue solo la guerra sino también el bombardeo sistemático de sus países vecinos, Laos y Camboya, para evitar el avance del comunismo, que ello permitió el ascenso de los jemeres rojos que llevaron adelante el genocidio de una generación completa y que el resto del mundo dio vuelta la cara. Que esas intervenciones del mundo occidental en el Sudeste asiático tienen aún hoy consecuencias devastadoras. Y que mucho de lo que se vive en un lugar es gracias a lo que no se vive en otro. Si a la luz o mejor dicho a la sombra de tanta muerte e injusticia nos pensáramos hoy, con las invasiones en Siria y Palestina, el conflicto Coreano o la intervención en distintos países del tercer mundo, con toda la basura tecnológica de lo que diariamente consumimos vertida en estos países del final del mundo, que también sirven de mano de obra barata para la fabricación de tantas cosas que no precisamos para vivir, tal vez no nos encontremos en un par de décadas visitando horrorizados museos de los vestigios o campos de exterminio llenos de calaveras, tal vez los mares no tendrán más plástico que agua, tal vez el despliegue anti-terrorista de la actualidad y el anti-comunismo de antaño no se traduzcan en un anti-otro de mañana, y la guerra no sea por el petroleo, el agua o el Sol, sino que no haya guerra. Un viaje al sudeste además de playas azules, templos y monjes, banana pancake y pad thai, el encuentro con culturas muy distintas y la gracia de la hospitalidad casi permanente, fue para nosotros un viaje a nuestros días, la invitación a descubrir en profundidad que pasa hoy en el mundo, lejos y cerca de casa, para que el viaje futuro sea con museos de más colores y menos rejas.
 

Is it more fun in Philippines?

Después de veinte días en el país, nos quedan más preguntas que respuestas. Pero de algo estamos seguros: Filipinas es un país hermoso. Esta certeza se matiza con una realidad social desigual y de mucha pobreza, un descuido total del medio ambiente y una fuerte corrupción de sus gobernantes. Por otra parte viajar por el país es difícil: su territorio está compuesto por 7000 islas y su red de transporte es muy mala, generalmente existe un solo camino para comunicar ciudades y esto hace que colapsen permanentemente. Por último, si bien, como la mayoría de los países del sudeste asiático, es un destino económico, no lo es tanto como uno planea.

Nuestro recorrido comenzó en Manila, ciudad que se merece un post aparte y no justamente por lo magnífica. Luego viajamos hacia el norte a visitar los arrozales de Baguio, allí optamos por parar en Batad, un pequeño pueblo de montaña que vive del turismo y las plantaciones de arroz. Como la mayoría de los turistas visita a la aldea por el día pernoctando en el lugar uno puede alejarse de la horda de visitantes. Quedarnos allí algunos días nos permitió pasar tiempo con la comunidad, interiorizarnos en el proceso del cultivo del arroz, visitar la escuela y empaparnos de la cultura del lugar.

La segunda parada fue la isla de Cebú. Respetando el objetivo central de nuestro plan, evitar las grandes ciudades, aquí visitamos Malapascua, una pequeña isla del norte. Para llegar allí, pese a que no queda a más de 200km de la ciudad de Cebú, tardamos más de 6 horas combinando, sheepney, bus y bangka.

Malapascua es una isla de no más de 3km de diámetro que se puede recorrer a pie en 2 horas. Aquí se puede disfrutar de un ritmo más relajado y de un ambiente más familiar. Las pequeñas casillas ofrecen comidas típicas y la mayoría de los centros de buceos en la costa invitan a adentrarse en las profundidades del mar. En Malapascua se puede bucear con tiburones o sin asumir tantos riesgos descansar en una de sus blancas playas con aguas cristalinas.

Malapascua

Cerca de Cebú al sur, se puede cruzar a Negros, una isla menos turística con muchas oferta de actividades. Allí visitamos Dumaguete, Isla Apo y Siquijor. Negros lo tiene todo: iglesias, cascadas, cuevas, playas o nadar con tortugas son algunas de las muchas cosas para hacer en la región. Más económica y con menos turistas que el resto de las islas principales, Negros es una gran promesa.

Ahora bien, cómo es la sociedad Filipina? Hablar de los lugares sin mencionar la gente que lo habita, es prácticamente no decir nada. Aquí, la sociedad es alegre y optimista. En un país donde pareciera que peor ya no se puede, la gente sonríe en medio del polvo y la pobreza. Una sociedad resiliente que combina la capacidad de seguir adelante con una actitud especial con respecto a los visitantes, a veces hospitalaria y a veces hostil. Podríamos decir que en Filipinas nos sentimos, no del todo cómodos. Aunque no es justo juzgar el país por los veinte días que estuvimos allí, visitando sólo tres islas. La magnitud de la mixtura y la variedad cultural vinculada a las características peculiares de su territorio hacen imposible comprenderla a primera vista.  Esta es una población donde se siente la herencia hispana, en la religión y en su expresividad, que varía mucho sus maneras a medida que uno se interna en destinos más inhóspitos, donde la gente es más solidaria y servicial. Sin embargo, una joven filipina nos advirtió: ‘Nunca confíen en un filipino’ y algo de eso percibimos sobre todo en aquellos que trabajan vinculados al turismo.

Banaue

La comida, otro elemento que nosotros siempre consideramos a la hora de definir un lugar, nos dejó con ganas de trópico y colores. Los platos más populares, de sabores repetidos, son el Pancit, fideos hechos en caldo de cerdo y los Silog, arroz con huevo y pollo, salchicha o cerdo (No apto para vegetarianos!).

Habría que dejar que la experiencia decante pero los primeros registros no tuvieron mucho de fun in Philippines para nosotros. La sensación que nos deja un país depende mucho de cada viaje en particular, por eso es importante remarcar que esta fue nuestra experiencia y que si bien ella no fue del todo positiva recomendamos igualmente visitar este rincón del planeta. Nuestra conclusión inicial sería que Filipinas es más disfrutable si se visita con tiempo.