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Un paseo por los esteros

“El atardecer es seis y cuarto”, me dijo Tati, desde el final de la galería con la puerta entreabierta. Yo estaba del otro lado del pasillo, tirada al sol con mi cuaderno en la puerta de mi habitación. El olor a vainilla inundaba todavía el lugar. Las guainas, como les decía ella, limpiaban todos los días a partir de las 10 de la mañana y el rancho parecía recién inaugurado hasta la hora de la cena. Nosotras habíamos llegado después del mediodía, cansadas por el viaje, con más ganas de quedarnos que de salir a ver la puesta del sol. Habíamos organizado el viaje con mi mamá, con mucha anticipación, era nuestro paseo de reencuentro, no queríamos nada librado al azar.

atardecer

Los esteros del Iberá están en la provincia de Corrientes (Argentina) a unos 354 km de la ciudad de Corrientes capital. Este humedal de 25.000 km² constituyen la “Reserva Natural Provincial del Iberá”, el mismo es un conjunto de lagunas y embalsados que posee una fauna muy diversa, entre las que se destacan yacarés, carpinchos, ciervos de los pantanos y más de 350 especies de aves.

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Colonia Carlos Pellegrini es la localidad más cercana con alrededor de 1000 habitantes, unas cuantas manzanas rodeadas por calles de tierra, unas pocas despensas y un bar, una plaza central y un largo camino de tierra colorada que lleva hasta la reserva y el Centro de interpretación.

La gente tiene la cara curtida por el sol, un sol fuerte que la mayor parte del año obliga a todos a meterse en los ranchos a la hora de la siesta.

Planchada bajo el sol también está la laguna Iberá, con los yacarés y los carpinchos tirados sobre los bañados, un paisaje congelado y silencioso, interrumpido de a ratos por el grito de los chajás, como si de repente el audio y la imagen no coincidieran del todo.

yacaré

carpinchos

Chajá

yacaré

La vida vuelve al ruedo unas horas antes de que baje el sol. Los visitantes salen a tentar la suerte en busca de las especies del lugar. Y la suerte, aquí, siempre es benévola. Los yacarés esperan, ahí nomás, en sus veredas como invitando a tomar un mate. Los carpinchos, al costado miran con indiferencia fingida, como vecinas celosas y las diferentes especies de pájaros bailan alrededor en un vuelo refinado que no se puede ignorar.

El sol comienza a despedirse, se está acabando la fiesta. Los juncos y las flores del aguapé se duplican en el agua. Las lanchas van regresando, pero antes de llegar apagan sus motores para contemplar en silencio el cielo rojizo.

El despliegue colectivo de unos patos irrumpe el paisaje y todos volvemos del ensueño de ese momento supremo que, por suerte, se repite cada día.

patos

aguapé

Ya de vuelta al caserío, de vuelta el camino de tierra roja, el puente de tablones flojos que hacen las veces de vigía anunciando a ambos lados de la laguna cuando alguien se acerca.

A la mañana siguiente el canto de los gallos anuncia el nuevo comienzo. Hoy se sale a caminar. Por la selva en galería, en las alturas, se escucha el follaje ronronear. Son los monos aulladores disputándose el territorio mientras desayunan unos frutos de ñangapirí. Como una bailarina, de pies pequeños, pasa una corzuela intentando no hacerse oír, pero unos de los guías la ve, y ahí quedamos todos como atontados con su desfilar.

monos

En este remanso, lejos del ruido, pasan los días con calma.

Y qué hacen los fines de semana? No tienen hospital? Y si alguien tiene una urgencia? Dónde se puede comprar? … Estas son las preguntas de los que llegamos con la vorágine de la vida de cemento impregnada en la piel. La vida se hace lugar aquí, así, sin demasiadas cosas materiales.

Nosotras habíamos llegado a las dos de la tarde. El colectivo tardó alrededor de diez horas, era un servicio coche-cama con desayuno y cena (550 pesos en Sept/15 Flechabus). Cuando llegamos a la terminal de Mercedes estaba amaneciendo, faltaban un par de horas para que llegara nuestro traslado a Colonia Carlos Pellegrini. Preparamos unos mates y nos pusimos a jugar con los perros de la terminal.

terminalEstos lugares, me dan generalmente una sensación de tristeza y peligro. Las terminales, en general, tienen mucho de pasajero, de fugaz, de perecedero. Seguramente esa necesidad, común a todos, de permanencia en esta vida, de eternidad, hacen que lo efímero se nos aparezca cuanto menos incómodo. Con esto se conjuga una idea construida de pequeña: el barrio de la terminal de ómnibus de mi ciudad está rodeado de prostíbulos, casas de juego clandestino, aguantaderos, pensiones económicas y más. El desamparo, la falta de opciones se conectaron en mi imaginario con el peligro y la desdicha.

Con el tiempo y los viajes, descubrí que no todas las terminales son iguales, no todas son grises. La terminal de Mercedes era pequeñita y con poca gente. Mientras preparábamos el mate, apareció Daniel, el conductor que nos llevaría a nuestro destino (los traslados de Mercedes a la colonia cuestan alrededor de 250 pesos por persona Oct/15), se presentó y después de charlar un rato se fue a conversar con gente de la terminal… rápidamente pude percibir un aire hospitalario en el lugar y todas mis asociaciones se disiparon.

Los mates, la espera y partimos para Colonia Carlos Pellegrini. Tres largas horas de ripio y llegamos.

Cuando empecé a hacer la reserva del viaje unos meses antes, intenté comprar sólo el alojamiento, pero Tati, la dueña de la posada, me ofreció un paquete de alojamiento, comidas y excursiones. Acostumbrada a viajar sin reservas le comenté a mi mamá, quien sería mi compañera de viaje, que no me convencía ir con todo tan armado. Ella, que ya conocía el lugar, me dijo que le parecía lo mejor, porque tampoco era que hubiese muchas opciones.

Cuando llegamos, entendí bien de qué se trataba todo.

Viajar sin el “paquete” se puede obviamente, como siempre, sólo se trata de algo de tiempo, organización e ingenio.

Con respecto al alojamiento hay muchas posadas (pueden chequear aquí: alojamientos en Iberá), yo me alojé en posada Rancho Iberá y es muy recomendable, también está el camping que es muy lindo. Si uno viaja sin mucha reserva, tal vez lo mejor sea comprar víveres en Mercedes o alguna ciudad antes de llegar. Para las excursiones, varias se pueden realizar por cuenta propia caminando, aunque el avistaje de la mayor cantidad de especies se consigue dentro de la laguna, para ello se puede contratar una excursión en lancha o alquilar un kayak en el camping. Hay, también, varias excursiones a caballo por un palmar cercano o en Camba Trapo, estas se pueden contratar una vez en el lugar o chequear actividades en Iberá.

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Información útil:

http://www.acampante.com/ficha-localidad/colonia-carlos-pellegrini/corrientes/

http://www.ibera.gov.ar/

http://www.corrientes.com.ar/esteros-ibera-fauna.htm

https://www.facebook.com/guiasdelibera

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Estómago, lecciones de cocina nro.3

Por qué la gente piensa que el corazón está vinculado al amor?

Las teorías son varias y ninguna es certera, muchos estudios intentan determinar cual es la parte exacta del cuerpo relacionada con el amor, pero al representar este sentimiento una complejidad y abstracción intrínseca, aún hoy en día no hay respuestas definitivas.

La idea del corazón como fuente de amor esta asociada al concepto de chakras como centros de la «energía vital universal», de los cuales el que se encuentra a la altura del corazón se manifiesta, según se afirma, en forma de amor y compasión. Los antiguos, entre ellos Aristóteles, creían que el corazón era el contenedor de todas las pasiones, y por ello lo asociaban al amor. A su vez, varias culturas americanas se comían el corazón de otros humanos o animales porque creían que allí se concentraba la fuente de la vida y el amor. Sin embargo, como verán, no hay ninguna conexión lógica entre el corazón y el amor, sólo historias y creencias edificadas a lo largo de los años.

Tal vez, deberíamos empezar a pensar que el amor es algo que no tiene anclaje en el cuerpo humano, algo que constituye una fuerza sin existencia material.

Igualmente, si jugáramos a elegir cuál es la parte del cuerpo vinculada al amor, yo eligiría el estómago. Porque todo lo vinculado a la comida se me representa en conexión con el amor, porque cuando me enamoro me duele la panza, porque las comidas son ricas cuando se hacen con amor y porque cocinar, es un arte que exige amor y pasión.

Y así sucede en esta película brasilera, que justamente me gustó mucho porque está centrada en la cocina, la comida y el amor. Ya lo veremos a Raimundo Nonato, conquistador de estómagos, enamorándose y enamorando, inentando sobrevivir a través de la cocina.

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Ver Estómago

Título original Estômago/ Año 2007/ Duración 100 min./ País Brasil/ Director Marcos Jorge/ Guión Fabrizio Donvito, Cláudia da Natividade, Marcos Jorge, Lusa Silvestre/ Música Giovanni Venosta/ Fotografía Toca Seabra/ RepartoJoão Miguel, Fabiula Nascimento, Babu Santana, Carlo Briani, Zeca Cenovicz,Paulo Miklos, Jean Pierre Noher, Andrea Fumagalli/ ProductoraCoproducción Brasil-Italia; Zencrane Filmes / Indiana Production Company/ Género Comedia. Drama | Comedia negra. Cocina. Drama carcelario

Alas para volar

En estos días estuve recordando esos viajes por Brasil, de hace mucho, de hace poco. Entonces la música brasilera me acompañó toda la semana y este disco siempre vuelve, vuelve a llenarme el alma de sonrisas, a darme alas para volar…

Hacé click para escucharlos Tom Jobim, Vinicius de Moraes, Toquinho e Miucha Ao Vivo na Itália

vinicius.touqiño.miucha.jobin

Saudade da Bahía

“Pobre de quem acredita
na glória e no dinheiro para ser feliz”

(Pobre del que cree en la gloria y el dinero para ser feliz) 

Salvador de Bahía es música, colores, arte y alegría.

Antes de empezar a leer hacé click aquí para escuchar Saudade de Bahía un tema de Dorival Caymmi, bahiano de nacimiento, donde nos cuenta su saudade tiene de Bahía, interpretada por Caetano Veloso, Gilberto Gil, Gal Costa y María Bethania.

Pelourinho

Atahualpa, mi mamá, nos invitó a mi y a mi hermana a Salvador de Bahía. Yo acepté contenta, ella me preguntó que prefería y yo le dije que como era un regalo, aceptaría el obsequio tal como ella lo decidiera.

Mi mamá y yo tenemos dos formas muy diferentes de viajar. A mi, me gusta viajar barato, a ella cómodo. A mi me gusta caminar todo el día, a ella le gusta descansar, dice que como trabaja mucho durante el año, cuando se toma unos días libres prefiere no hacer nada. A mi me gusta viajar mucho tiempo, vivir la vida como de vacaciones, a mi mamá le gusta irse no más de quince días, si no, deja mucho solos a sus animalitos, Pepa la perra pelada, Cleopatra su gata siamesa y Huevos, el rey de la casa que también es gato. A ella, le gusta conocer los lugares destacados y después sentarse en algún bar a tomar algo rico, a mi me gusta recorrer toda la ciudad, perderme en los barrios, sentarme en las veredas a ver la gente volviendo del trabajo y tomar mi botella de agua recargada. A mamá, le gusta volver a bañarse, que haya olor rico en la habitación y tener ordenado, yo prefiero no volver en todo el día y del orden mejor no hablemos. Yo, de a ratos hablo con la gente y de a ratos prefiero observar, mamá siempre habla con todo el mundo, encuentra temas de conversación rápidamente y como conoce mucho de todo, le resulta muy fácil interiorizarse en la charla y establecer empatía con el prójimo. Viajamos distinto, sí, pero con nuestras diferencias radicales, las dos amamos viajar y eso nos hace profundamente felices.

Esta vez, nos juntaba una separación, yo me iba a ir a vivir un tiempo a Nueva Zelanda y mi mamá me invitó a Brasil, con mi hermana, para pasarnos unos días juntas. 

El viaje empezó armando las valijas, yo me llevé sólo un par de cosas porque en Brasil hace calor y al final uno siempre usa lo mismo todos los días, además, sabía que mi mamá y mi hermana siempre llevan de todo, más de lo necesario y yo puedo pedir prestado. Como siempre, el ritual de armado terminó unas horas antes de salir, a las corridas, como le gusta a mi vieja para sentir más intensamente la llegada de la calma. La calma llegó, pero más tarde, antes de eso tuvimos que llegar a Ezeiza, la frenética recorrida que hacen ellas por el Free shop para llegar siempre tarde al embarque, la escala en Guarulhos y, por fin, en Salvador.

Llegamos a la ciudad que supo ser la capital del imperio portugués del otro lado del charco. Allí se respiraba África, en la música, en la comida y en la religión. Esta  ciudad que tiene el mayor índice de población negra fuera de África, era el puerto al que arribaban los negros esclavos para ser comerciado en la plaza central, de allí el nombre del Pelourinho, Peló es una columna de piedra donde se colocaba a los esclavos para exhibirlos y comerciarlos. La ciudad antigua hoy inmersa en la cultura negra está comunicada con la parte nueva por el elevador Lacerda, allí abajo encontraremos el Mercado Modelo y el punto de partida para llegar a las playas de la ciudad.

Las Bahianas

Nos pasaron a buscar por el aeropuerto y nos llevaron al hotel, los beneficios de viajar como bacanas. El hotel, Aram Yami ( hacé click sobre el nombre si querés verlo), ubicado en lo alto del Pelouriño tenía pocas habitaciones, todas decoradas distintas, algunas con pajaritos colgados de las paredes, otras con imágenes de buda, los pasillos tenían muchas estatuas de los distintos orishas (santos del candomblé) y en el baño, lleno de lucecitas rojas, podías escuchar mantras después de encender la luz. Nuestra habitación tenía pisos de madera y una pileta en el balcón.

Por momentos, me preguntaba si esos lujos eran necesarios, yo siempre viajo distinto, más precario, más económico. Sin embargo, creo que hay mil formas de viajar, cada uno tiene la suya y ninguna es mejor ni peor, son sólo distintas. Por ejemplo, hace poco descubrí a los chicos de marcandoelpolo.com que viajan a dedo por Asia, a caminomundos.com que hace HouseSitting y viaja cuidando casas de familia, a los chicos de lavidadeviaje.com que recorrieron la Argentina en bicicleta, gente que hace gampling como una opción lujosa de camping para estar en contacto con la naturaleza sin perder el confort y tantos otros que podría nombrar. Creo que lo importante es viajar, viajar de todas formas, de todas las formas.

El primer día, sencillamente llegamos, acomodamos los bártulos y salimos a cenar a la noche. Yo elegí  un bolichito ahí cera del hotel, la gente dice que el Pelourinho no es seguro cuando cae el sol, eeee… no lo creo así, todo depende, el recepcionista del hotel, Daniel, fue muy claro, si uno llama mucho la atención y bueno, por ahí pasa un mal rato, pero si  sabe mimetizarse con la gente y anda de short y ojotas como todos, no pasa nada. El bar tenía unas pocas mesas en la calle, adentro no había espacio. Cuando fui a pagar pude descubrir que era una casa, la cocina estaba arriba y en el garage habían improvisado un mostrador con la caja registradora. Ahí pensé, era por esto que me gustaba el lugar, la energía que había en su interior era el reflejo que uno encuentra en los emprendimientos familiares tan comunes en los países que llegaron tarde a la repartija de beneficios, que nunca se independizaron del todo, que cíclicamente enfrentan crisis, donde la gente tiene que rebuscárselas, siempre, infinitamente.

Arte en el Pelourinho

A la mañana siguiente, después del desayuno, salimos a recorrer el Pelourinho. Caminamos por el largo del Pelourinho tropezándonos entre los adoquines, subiendo y bajando de los cordones porque las veredas son finitas, de una sola mano, y no pueden pasar dos personas a la vez. Las casas son de estilo colonial barroco cada una de distinto color, entre medio están las iglesias, los conventos y los pequeños bares y locales con productos típicos del lugar. Por las pequeñas callecitas se pueden escuchar los tambores del camdomblé, la capoeira, la samba y otros ritmos, entre subidas y bajadas uno disfruta de la música a cada paso, las bahianas con sus ropajes blancos, los ensayos para el carnaval. Todo el centro histórico que en su época fue una pequeña ciudad fortificada, hoy permite al visitante sentir la historia en sus calles, la mixtura de razas, de culturas, de creencias.

Largo del Pelourinho

El segundo día fue un día de iglesias, un día de santos y orishas. Visitamos todas las iglesias que están en el centro histórico. El Pelourinho es sinónimo de mixtura de religiones, las iglesias católicas fueron apropiadas por las religiones animistas africanas y hoy en día se puede apreciar una síntesis de los más particular. De camino al Terreiro de Jesús pasamos la Iglesia Nossa Senhora do Rosario dos Pretos, que es una iglesia cuyos devotos eran los negros esclavos, cuando entramos pudimos ver santos católicos de raza negra. Después visitamos la Catedral Basílica, el convento y la Iglesia e San Francisco y la Iglesia de San Pedro dos Clérigos. Todas las veces que entro a una iglesia en América Latina pienso durante cuántos años arrastramos estas cadenas impuestas del catolicismo. Mucha gente sentirá que su religión no representa ataduras, pero en el inicio más remoto la adopción de dicha religión no fue una decisión libre. Siempre pienso cuáles eran las religiones, las creencias y las verdades de los nativos del lugar, cómo interpretaban al mundo antes de que llegaran los colonizadores. En la Iglesia Nossa Senhora do Rosario dos Pretos (Nuestra Señora del Rosario de los Negros), que tiene un cementerio de negros en su patio trasero, las liturgias son con música de los cultos a los orishas del candomblé que es una religión africana. Todavía hoy en día como lo hacían los esclavos que llegaron a Brasil desde África se mezclan los cultos del catolicismo con las prácticas de la cultura africana. 

Además de toda la concentración de poder y dinero que representa la iglesia católica, el hecho de la imposición, la coerción y la imposibilidad de cuestionamiento que se asocian al catolicismo en América Latina me hacen siempre preguntarme ¿ por qué visito las iglesias? ¿no debería tener una posición más crítica y contundente? Después, con los pies en la tierra, reflexionó y revalorizo en hecho de que hoy en día, estos sitios representa las creencias de la población del lugar, entonces, digo, sí, vale la pena pasar a conocer.

Hace algunos años alguien en medio de una conversación sobre la religión, me dijo: ¿y vos en qué crees?. Yo tímidamente contesté: creo en la verdad, en el poder de la organización y la solidaridad, en la posibilidad del ser humano de ser feliz, creo en el amor, en la vida eterna. Y él me contestó: ves, es sencillamente lo mismo en lo que yo creo.

San Francisco

Coronamos la larga visita con un helado de sabores exóticos en la heladería Le Glacier Laporte que está frente al convento de San Francisco.

La tarde de ese segundo día la pasamos tomando mate al costado de la pileta, después la cena, después el sueño. Al día siguiente llegó Jorge Amado, el elevador Lacerda y el Mercado Modelo.

Elevador Lacerda

Ya aclimatadas, con mi hermana y su amiga, empezamos a salir a la noche a disfrutar de los ritmos del lugar, esa noche empezó en una fiesta con música en vivo en una de las plazas como le llamas los lugareños, estas son grandes espacios de cementos con varias barras que expenden bebida y un gran escenario. Siguiendo a la manada terminamos bailando en la vereda de la esquina de un bar en cuyo interior los músicos tocaban sus cavaquinhos y guitarras mientras la gente iba y venía moviéndose al compás. 

Al la tarde noche del día siguiente antes de dejar la ciudad para ir a Imbassaí, visitamos la Iglesia Nosso Senhor do Bonfim. Esta Iglesia no queda en el centro histórico sino a unos kilómetros de allí, se podía hacer caminando, pero el grupo optó por un auto de alquiler.

En el interior de la iglesia había una sala de los más peculiar, el techo estaba repleto de extremidades de cera y sus paredes tapizadas de fotos y cartas de agradecimiento, los brazos, cabezas y piernas colgadas daban cuenta de las partes sanadas por el señor de Bonfim (buen fin)  y en las paredes se podían leer las historias de los milagros. El señor Bonfim ha realizado las más diversas maravillas y según sus devotos es un santo muy cumplidor. Santo que puede cobijar bajo su manto distintas religiones y culturas, ya que también representa al orisha oxalá, es venerado todos los años durante ocho días, la fiesta es un inmenso carnaval cuyo momento cúlmine es el lavado de la iglesia, las bahianas con sus vestidos blancos cargan los cuencos de agua fresca sobre sus cabezas hasta las escalinatas de la iglesia, al ritmo del los cantos del candomblé y la samba.

Mi mamá, que no pudo presenciar esta ceremonia por la época en la que viajamos, decidió visitar un terreiro y pasar así una noche de candomblé.

En la iglesia de Bonfin nos regalaron las famosas fitiñas de Salvador, estas cintitas de colores, cada uno de los cuales representa un orisha de la religión yoruba, son usadas por los visitantes para atarlas en las rejas de la iglesia a modo de ofrenda o en sus muñecas haciendo tres nudos, uno por cada deseo. 

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Después de estos tres hermosos días en Salvador nos fuimos para Imbassaí.

Si vos te quedas más, también podes visitar:

*Farol da Barra y sus playas aledañas. Es un conjunto de playas que queda a unos 7 km del Pelourinho, estas son playas que están en la ciudad y por ahí no son las más lindas de la zona, por lo que si querés disfrutar de lugares paradisíacos tal vez lo mejor es tomarse algunos días más e ir a Praia do Forte, Morro do Sao Pablo o Imbassaí.

*Río Vermelho, es un lindo paseo para hacer cuando cae el sol y quedarse a cenar.

*Itapua, queda a unos 20 km del centro histórico, es un pequeño pueblo de pescadores

A todos los destinos se llega cómodamente en taxi o autobús dependiendo del presupuesto.

Comida típica bahiana para disfrutar:

*Bocaditos de acarajé: son una especie de buñuelos de frijoles fritos en aceite de dendé.

*Moqueca: es un guisado con tomate, cebolla, ajo, leche de coco, pescado y aceite de dendé que se sirve con arroz y farofa.

Mercados. Primera parte.

En un centro de detención cerca del aeropuerto, con el ruido de las turbinas de fondo, Samba, de Senegal, dice: “Enserio? Contame!”

Y Jonás, del Congo, con entusiasmo empieza a relatar su historia de amor: “En España, trabajábamos juntos en los tomates. Una mañana hubo una gran redada, corrí al pueblo para salvarme, corrí como un loco, y de repente una puerta se abre y una mano me agarra…”

Samba: “era ella?”

Jonás: “era ella…”

Por la noche, después de ver Samba (hacé click aquí para verla), la película donde aparece este diálogo, en el cual Samba y Jonás hablaban de sus vidas en Francia como inmigrantes ilegales, me desveló una idea que viene a mí a menudo: cuántas historias hay detrás de cada objeto, de cada persona…cuáles serían las historias detrás de los tomates que esa misma mañana había comprado yo en el mercado.

Excedida de cafés, una cadena de pensamientos se empezó a armar en mi mente y una cierta fijación emergió entorno a mi mañana en el mercado.

Nunca antes me había puesto a pensar en el placer que sentía al visitar los mercados de cada ciudad. La alegría de los colores, el camino pausado de los visitantes buscando los mejores precios y productos, los diferentes modos de acomodar la mercadería para cautivar la atención de los compradores, los olores penetrantes. Intenté repasar los mercados visitados, sus características, sus especificidades.

Cuánta personas reunidas en el mismo espacio y tiempo por un mismo motivo: intercambiar. Cuánta gente esa mañana, mientras preparaba algo caliente para tomar, pensó: hoy hay mercado. Cuántas familias se organizaron la noche anterior para su jornada de trabajo fuerte al día siguiente. Cuántos productos embalándose para ser transportados.

Y allí en el mercado el juego silencioso de los compradores, buscando, comparando. La selección minuciosa, la respiración acompasada del comprador de al lado que intenta cazar primero las mejores piezas. El ritmo de la gente recorriendo los pasillos, sin prisa, sin sobresaltos. Y el sin fin de intríngulis entre feriantes, proveedores, organizadores, municipales…

Mercado Atenas

Cuán lejos quedaba la tierra de la cual habían salido esas frutas y verduras? Qué trabajadores las habían cultivado? Cuáles eran sus historias de amor? Cuantos dueños habían tenido las prendas que se exponían en los puestos? Por cuántos países habían viajado? Dónde iríamos cada uno de nosotros después de nuestra visita al mercado? Cuáles las penas que arrastrábamos?

Ya eran como las 4 y tanto de la mañana y el mundo se me aparecía demasiado inabarcable, esos momentos de la noche dónde a uno le entra la desesperación de la finitud, por suerte después llega el sueño que todo lo barre por lo menos hasta el otro día, cuando la rueda vuelve a girar.

Esa mañana mientras calentaba el agua para tomar algo caliente, decidí comenzar una lista no exhaustiva de los mercados que conocí, sin orden ni sistematizidad, como el aquelarre de los mercados, mis recuerdos desalineados me llevaron a Roma, quizá porque el comercio fue la actividad central en la antigua Roma, quién sabe…

Recorrí con mi mente el interminable mercado de Porta Portese, su ropa usada de un euro, sus antigüedades y sus reliquias, los cuadros y esculturas de mármol, la multitud de inmigrantes buscando abrigo económico. Repasé los colores de las frutas y verduras de Campo di Fiori, entre edificios de otras épocas y fuentes de piedra. Allí mismo, donde hacía ya muchos años tenían lugar las ejecuciones públicas, donde la sangre ha sido derramada, ahora se levantaba un mercadillo donde los romanos llenaban sus neceseres.

Campo de Fiori

Me fui a Buenos Aires, pleno San Telmo, volví a sentir la suavidad de los guantes de cuero viejo y la mezcla de horror y ternura al ver los bebes de plástico sin ropa en las vidrieras, las lámparas de pequeños cristales formando un abanico de colores cuando la luz de la bombilla se chocaba con ellos, los discos clásicos del rock nacional, el olor a tabaco y café, los puestitos de antigüedades de latas que me trasladaban a mi infancia de yo-yo, trompos y perinolas.

San Telmo

Volví a Atenas, entre ruinas y calles zigzagueantes, entre plazas de cemento y músicos a la gorra importados de Europa del Este. Recapitulé las salida con urgencia del mercado de pescados por el olor inaguantable a tripas embebidas en mar. El aroma a ramas de canela que nos sacó del asco. Las aceitunas de todos los verdes, marrones y negros, de todos los tamaños y precios.

Grecia negocio de especias

Las cerezas rojo profundo que se deshacían en nuestras bocas, mientras los vendedores de carne acomodaban sus cortes cual piezas de museo. La vieja de los pistachos. La gente yendo y viniendo.

Grecia mercado

Crucé el globo hasta China, me perdí entre sapos y tortugas que me hicieron entender que mi vida es una entre tantas muy distintas. Las flores de te, de distintos tamaños y colores, su capacidad de transformarse después de entrar en contacto con el agua hirviendo y volverse otras, más grandes, más etéreas. La gente con sus carros eligiendo cuál gallina va a ser la próxima en encontrar su muerte, el ritual de selección. La calle húmeda y el cielo gris. Nosotros volveríamos a nuestro hostel en el barrio viejo y en miles de casas empezaría a hacer burbujas el agua de las ollas para preparar la cena.

China mercado

Mercados China

Recordé el mercado apostado en el frente del Templo Confucio, en Suzhou, todo estaba ubicado en el piso, había pequeños objetos antiguos, monedas, vajilla y una atmósfera enrarecida, tal vez, porque había pocas mujeres en el lugar y los hombres reunidos alrededor de las mercancías los asocié, de manera simplista e infantil, a la mafia china, tal vez, porque este mercado tenía pocos colores, y no había allí mucha gente. Probablemente esta era causa de mis percepciones, el escenario incompatible y la rápida relación que establezco entre mercado, gentío, vida, vibración, acogida, me hacían sentir este lugar como un sitio peligroso y mustio.

Mercado Confucio

Me dí cuenta que todavía me quedaban muchos mercados por rememorar, con una sonrisa en la cara, pensé: la próxima!