Ijen, el infierno no está lejos

Desde el principio pareció todo muy sencillo, y por eso desconfiamos.

Rahmat el amigo de nuestro contacto de CS (couchsurfing) nos esperaba en su casa. Suponíamos que él también pertenecía a CS y que nos iba a alojar en Banyuwangi, en el extremo este de la isla de Java.

Durante nuestro viaje de Gilimanuk (Bali) a Ketapang (Java) le comenté a Pablo que me parecía raro que Rahmat nos haya aceptado sin siquiera pedirnos el nombre para chequear nuestro perfil.

-Sabés que tuve la misma sensación!- me contestó y ahí nuestras miradas sellaron el presagio de un cuento con final amargo.

Desde Ketapang a Banyuwangi nos tomamos un angkot que nos cobró el doble (el ticket costaba 5000 rupias -1USD=13000IDR Enero/16). Insistimos, regateamos, caminamos desinteresados como diciendo “nos vamos caminando”, pero el doble fue lo mínimo que conseguimos después de unos 30 minutos. El transporte público en Indonesia es algo que podríamos catalogar de inexistente, o al menos, es así si sos turista y pretendes pagar el precio local. Incluso, la gente por la calle y los vendedores a los que consultamos el precio del boleto, nos decían cifras muy distintas. Conclusión: no íbamos a conseguir viajar por el precio local, así que nos rendimos en el doble.

Cuando llegamos a Banyuwangi retomamos el tema del alojamiento que habíamos dejado atrás por escabroso y decidimos mandarle un mensaje a nuestro host para chequear sus intenciones. Necesitábamos internet y allá fuimos. Pero claro, qué ilusos! Ya no estábamos en Bali donde hay wifi hasta en los Warung (puesto callejero de comida local), habíamos llegado a Java. Atrás quedó el olor a incienso, los colores, las ofrendas hinduistas, el wifi y la gente que habla inglés. Los cinco primeros intentos de conversación en Java para conseguir internet y mandarle un mensaje a Rahmat se resolvieron con un gesto negativo hecho con la mano. A las pocas cuadras encontramos un hotel y dadas las circunstancias pensamos en quedarnos allí. Cuando entramos la recepción estaba vacía, llamamos varias veces pero nadie salió. Con disimulo caminamos por el pasillo que llevaba a las habitaciones para chequearlas por nuestra cuenta. Listo, pensamos, nos quedamos acá una noche, hacemos Rawah Ijen y nos vamos.

Después de un rato, apareció una señora y nos dijo un precio que se ajustaba perfectamente a nuestro presupuesto, todo parecía empezar a ponerse sobre ruedas pero cuando preguntamos cómo hacer para subir al monte Ijen la señora nos miró con cara rara y empezó a hablar en indonesio, llamó a otra persona y el joven que se acercó también puso una enorme cara de desconcierto. Entre las respuestas que obtuvimos fuera del hotel y las de dentro empezamos a dudar en poder acceder al monte Ijen esa misma noche y lamentablemente, tiempo es todo lo que echamos de menos en nuestro viaje por Indonesia.

Volvimos a cambiar el plan, Rahmat podía ser sospechoso pero al menos hablaba inglés.

La casa quedaba cerca de la estación, mejor dicho de “una” estación de tren en las afueras de la ciudad, alrededor, había dos o tres casas, dos despensas y dos warung donde comer. Cuando nos bajamos del angkot preguntamos por Rahmat y casualmente todos lo conocían. Nuestras sospechas se iban confirmando a cada paso.

Ni bien llegamos a la casa, lo esperado, nuestro amigo del contacto de CS nos iba a cobrar por la habitación… -Seguro?- le dijimos. Sí, muy seguro estaba Rahmat y con esa seguridad ahí no más, nos quiso alquilar sus motos para subir al monte Ijen. Para condimentar la escena cuando entramos, la habitación era un cubículo sucio con un colchón en el piso y sin ducha, -pero con wifi!- dijo Rahmat ante nuestra cara de desencanto. No es que seamos muy pretenciosos pero encima que nos mintieron… Después de un rato de caras largas optamos por alojarnos en unas habitaciones en el fondo de la casa de sus padres que tenían baño privado.

Nos podríamos haber ido pero el sólo hecho de pensar en lidiar nuevamente con los conductores de angkot nos hizo quedar allí. Desde lejos y con las cartas ya jugadas nos dimos cuenta que tendríamos que haber partido después del infortunio de sabernos engañados, pero… ¡qué fácil sería la vida con el diario del lunes!

Volvamos a Ijen, sabíamos que la subida de 45km era muy empinada y había que hacerlo de noche para ver antes del amanecer los colores azulados de los gases que desprende el azufre, sumado a esto, los últimos días había estado lloviendo.

Sin darnos demasiado respiro, Rahmat volvió a insistir con el alquiler de la moto: -La moto cuesta 75000 rupias- dijo, y un francés agregó desde atrás: -el camino está difícil yo fui ayer y me volví, hoy voy a intentar nuevamente-. Acto seguido, descartamos la moto.

Intentando dejar de lado la bronca por el uso indebido de couchsurfing y porque estábamos varados en el medio de la nada sin opciones económicas para cenar y sin la posibilidad de encontrar más turistas con quienes compartir los gastos de transporte, preguntamos inocentemente cuánto costaba subir en auto más las entradas. Creyendo que cobrarnos la habitación/pocilga había sido el máximo descaro, -alrededor de 800.000 rupias- dijo Rahmat sin mirarnos a los ojos. Whatttt????!!!!! No my friend pensamos por dentro, venimos de Argentina. Entonces pedimos un precio mejor, después de pensarlo un rato, Rahmat nos lanzó su oferta: les dejo gratis las máscaras para bajar al cráter! y ese, fue su precio final.

En el medio de la nada, chantajeados a través de CS, sin opciones para subir al  monte Ijen, decidimos salir a caminar para pensar más tranquilos.

El volcán Kawah Ijen, es un volcán activo al este de Java, cerca de la ciudad de Banyuwangi, es una parte constitutiva de la línea de fuego que representa la zona de mayor actividad geodinámicaa del planeta. En su interior hay una mina de azufre de propiedad privada.

El paisaje es colorido, el amarillo mostaza del azufre contrasta con el turquesa de la laguna que se halla en su interior y el azul francia de los vapores de ácido sulfúrico que se dejan ver por la noche.

La costosa entrada (100000 rupias días de semana, 150000 rupias los fines de semana) es recaudada por el gobierno para mantenimiento del lugar. El lugar es una montaña: todavía estamos intentando entender en qué consiste tal mantenimiento. El ascenso se hace por la noche para ver el fuego azul. El segundo fuego azul del mundo, promocionan los lugareños cuando entablan conversación con los turistas.

En la mina, los trabajadores entran por la noche para extraer pesadas cargas de azufre que venden en la entrada del volcán a unos pocos céntimos de dolar. Los gases de ácido sulfúrico que emite el volcán en un color azulado tienen un grado de toxicidad que atenta contra la vida, el azufre liquido de un amarillo profundo brota hirviendo a la superficie para cristalizarse en contacto con el aire. El paisaje, dicen los que fueron, es impactante, como así ver las condiciones en que trabajan los mineros.

El fotógrafo Olivier Grunewald realizó un trabajo sorprendente en el volcán Kawah Ijen, allí capturó los magníficos colores del paisaje así como las condiciones devastadoras del trabajo en la mina. Aquí compartimos parte de su trabajo.

Fotos de Olivier Grunewald

El fuego azul que no vimos, porque negociar el precio fue imposible y no íbamos a pagar semejante suma por subir una montaña, nos dejó igualmente una enseñanza. Algunos lugares se ponen de moda, la gente acude en masa a la cita, los locales ven la opción de hacer dinero, suben los precios y terminamos asistiendo a la locura de que subir a una montaña cueste alrededor de 40 dólares por persona. A veces el ser humano, mientras escribo esto pienso que esas veces son más de las que me gustaría, se enreda en situaciones que él mismo crea, que son ridículas e inoportunas, sin siquiera cuestionarlas. Y después vienen otros seres humanos y las repiten, y así hasta que en un momento todos creemos que es lo correcto, que fue así siempre y que no se puede cambiar esa realidad. Algo similar sucede con los trabajadores del interior de la mina. Allí asistimos al espectáculo de personas teniendo una vida inhumana para hacer más humana la vida de su familia, alguien enriqueciéndose en la cima de la mina, y todos los turistas de paseo por el cráter, como si esto no fuese una construcción humana, con el aditivo de que aquí se trata de una injusticia y opresión humana devastadora.

El fuego azul nos dio algo de luz y nos dejó un sabor amargo. Los primeros días en Java no serían los mejores, pero todo puede cambiar.

Documentales de Kawah Ijen:

Proceso de extracción de la mina

Datos sobre la producción y condiciones de trabajo

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