Un paseo por los esteros

“El atardecer es seis y cuarto”, me dijo Tati, desde el final de la galería con la puerta entreabierta. Yo estaba del otro lado del pasillo, tirada al sol con mi cuaderno en la puerta de mi habitación. El olor a vainilla inundaba todavía el lugar. Las guainas, como les decía ella, limpiaban todos los días a partir de las 10 de la mañana y el rancho parecía recién inaugurado hasta la hora de la cena. Nosotras habíamos llegado después del mediodía, cansadas por el viaje, con más ganas de quedarnos que de salir a ver la puesta del sol. Habíamos organizado el viaje con mi mamá, con mucha anticipación, era nuestro paseo de reencuentro, no queríamos nada librado al azar.

atardecer

Los esteros del Iberá están en la provincia de Corrientes (Argentina) a unos 354 km de la ciudad de Corrientes capital. Este humedal de 25.000 km² constituyen la “Reserva Natural Provincial del Iberá”, el mismo es un conjunto de lagunas y embalsados que posee una fauna muy diversa, entre las que se destacan yacarés, carpinchos, ciervos de los pantanos y más de 350 especies de aves.

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Colonia Carlos Pellegrini es la localidad más cercana con alrededor de 1000 habitantes, unas cuantas manzanas rodeadas por calles de tierra, unas pocas despensas y un bar, una plaza central y un largo camino de tierra colorada que lleva hasta la reserva y el Centro de interpretación.

La gente tiene la cara curtida por el sol, un sol fuerte que la mayor parte del año obliga a todos a meterse en los ranchos a la hora de la siesta.

Planchada bajo el sol también está la laguna Iberá, con los yacarés y los carpinchos tirados sobre los bañados, un paisaje congelado y silencioso, interrumpido de a ratos por el grito de los chajás, como si de repente el audio y la imagen no coincidieran del todo.

yacaré

carpinchos

Chajá

yacaré

La vida vuelve al ruedo unas horas antes de que baje el sol. Los visitantes salen a tentar la suerte en busca de las especies del lugar. Y la suerte, aquí, siempre es benévola. Los yacarés esperan, ahí nomás, en sus veredas como invitando a tomar un mate. Los carpinchos, al costado miran con indiferencia fingida, como vecinas celosas y las diferentes especies de pájaros bailan alrededor en un vuelo refinado que no se puede ignorar.

El sol comienza a despedirse, se está acabando la fiesta. Los juncos y las flores del aguapé se duplican en el agua. Las lanchas van regresando, pero antes de llegar apagan sus motores para contemplar en silencio el cielo rojizo.

El despliegue colectivo de unos patos irrumpe el paisaje y todos volvemos del ensueño de ese momento supremo que, por suerte, se repite cada día.

patos

aguapé

Ya de vuelta al caserío, de vuelta el camino de tierra roja, el puente de tablones flojos que hacen las veces de vigía anunciando a ambos lados de la laguna cuando alguien se acerca.

A la mañana siguiente el canto de los gallos anuncia el nuevo comienzo. Hoy se sale a caminar. Por la selva en galería, en las alturas, se escucha el follaje ronronear. Son los monos aulladores disputándose el territorio mientras desayunan unos frutos de ñangapirí. Como una bailarina, de pies pequeños, pasa una corzuela intentando no hacerse oír, pero unos de los guías la ve, y ahí quedamos todos como atontados con su desfilar.

monos

En este remanso, lejos del ruido, pasan los días con calma.

Y qué hacen los fines de semana? No tienen hospital? Y si alguien tiene una urgencia? Dónde se puede comprar? … Estas son las preguntas de los que llegamos con la vorágine de la vida de cemento impregnada en la piel. La vida se hace lugar aquí, así, sin demasiadas cosas materiales.

Nosotras habíamos llegado a las dos de la tarde. El colectivo tardó alrededor de diez horas, era un servicio coche-cama con desayuno y cena (550 pesos en Sept/15 Flechabus). Cuando llegamos a la terminal de Mercedes estaba amaneciendo, faltaban un par de horas para que llegara nuestro traslado a Colonia Carlos Pellegrini. Preparamos unos mates y nos pusimos a jugar con los perros de la terminal.

terminalEstos lugares, me dan generalmente una sensación de tristeza y peligro. Las terminales, en general, tienen mucho de pasajero, de fugaz, de perecedero. Seguramente esa necesidad, común a todos, de permanencia en esta vida, de eternidad, hacen que lo efímero se nos aparezca cuanto menos incómodo. Con esto se conjuga una idea construida de pequeña: el barrio de la terminal de ómnibus de mi ciudad está rodeado de prostíbulos, casas de juego clandestino, aguantaderos, pensiones económicas y más. El desamparo, la falta de opciones se conectaron en mi imaginario con el peligro y la desdicha.

Con el tiempo y los viajes, descubrí que no todas las terminales son iguales, no todas son grises. La terminal de Mercedes era pequeñita y con poca gente. Mientras preparábamos el mate, apareció Daniel, el conductor que nos llevaría a nuestro destino (los traslados de Mercedes a la colonia cuestan alrededor de 250 pesos por persona Oct/15), se presentó y después de charlar un rato se fue a conversar con gente de la terminal… rápidamente pude percibir un aire hospitalario en el lugar y todas mis asociaciones se disiparon.

Los mates, la espera y partimos para Colonia Carlos Pellegrini. Tres largas horas de ripio y llegamos.

Cuando empecé a hacer la reserva del viaje unos meses antes, intenté comprar sólo el alojamiento, pero Tati, la dueña de la posada, me ofreció un paquete de alojamiento, comidas y excursiones. Acostumbrada a viajar sin reservas le comenté a mi mamá, quien sería mi compañera de viaje, que no me convencía ir con todo tan armado. Ella, que ya conocía el lugar, me dijo que le parecía lo mejor, porque tampoco era que hubiese muchas opciones.

Cuando llegamos, entendí bien de qué se trataba todo.

Viajar sin el “paquete” se puede obviamente, como siempre, sólo se trata de algo de tiempo, organización e ingenio.

Con respecto al alojamiento hay muchas posadas (pueden chequear aquí: alojamientos en Iberá), yo me alojé en posada Rancho Iberá y es muy recomendable, también está el camping que es muy lindo. Si uno viaja sin mucha reserva, tal vez lo mejor sea comprar víveres en Mercedes o alguna ciudad antes de llegar. Para las excursiones, varias se pueden realizar por cuenta propia caminando, aunque el avistaje de la mayor cantidad de especies se consigue dentro de la laguna, para ello se puede contratar una excursión en lancha o alquilar un kayak en el camping. Hay, también, varias excursiones a caballo por un palmar cercano o en Camba Trapo, estas se pueden contratar una vez en el lugar o chequear actividades en Iberá.

carpincho

Información útil:

http://www.acampante.com/ficha-localidad/colonia-carlos-pellegrini/corrientes/

http://www.ibera.gov.ar/

http://www.corrientes.com.ar/esteros-ibera-fauna.htm

https://www.facebook.com/guiasdelibera

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