Carta desde Samoa

22 de Agosto de 2015, Samoa

Talofa Atahualpa,

Cómo estás? Te escribo desde Samoa, intenté comunicarme, pero para cargar internet en el celular necesitaba un chip que regalaban en el aeropuerto, el tema es que me enteré de eso como dos días después de llegar.

savai

Finalmente, nos vinimos para acá, cambiamos el pasaje a último momento y no hicimos tiempo a buscar información y organizar un poco el viaje, así que todo a la San Fasón.

Lo del viaje Tonga estaba interesante, pero con tan pocos días no nos convenía, el pasaje era más barato y lo de la visa (que se precisa) lo resolvíamos entrando con el pasaporte italiano, el tema es que la isla central Tongataupu no tiene muchas playas y las otras dos islas quedan a 12 y 24 horas de ferry o a ciento y pico de dólares de avión. La posibilidad de nadar con ballenas era prometedora pero nos teníamos que ajustar al tiempo que teníamos y al bolsillo, obvio.

Llegamos el jueves, nos trajimos la mochila de mano porque acá hace entre 27 y 30 grados todos los días aunque llueva, entonces no hacía falta más. Volamos a la tardecita por una aerolínea australiana, nos tocaron los asientos al lado de la salida de emergencia, y antes de despegar, la azafata vino a darnos indicaciones respecto a lo que debíamos hacer si ocurría algo, podés creer que la mujer nos decía: “Bueno si alguien de la tripulación da la indicación de evacuar y uds. no ven fuego ni agua por la ventanilla, tienen que abrir la puerta y salir, entendieron? Entonces repitan ¿Qué deben hacer en caso de emergencia?, y los de atrás respondieron en coro: Salir!!!” Vos podés creer que pagamos 500 dólares ida y vuelta y encima nos pedían que tomemos decisiones en caso de emergencia??!! Un-ve-lie-ba-ble!!! Bueno, obviamente cuando llegó la hora de comer y me di cuenta que no nos iban a dar más que un vaso de café no me llamo la atención, pero empecé a preocuparme porque llegábamos como a las 10 de la noche y desde el aeropuerto a la ciudad son como 50km, entonces temíamos que no haya nada abierto para comer a las 11 y pico… y teníamos un hambre que nos comíamos a la de la recepción del hotel si no encontrábamos nada!!!!

Cuando aterrizamos, el avión paró al lado de la puerta del aeropuerto, por la ventana se veían varias familias agitando los brazos. Me saqué el saco ni bien abandoné el último escalón de la escalera que llevaba al piso, un calor infernal, o mejor dicho un contraste terrible respecto al invierno neozelandés. Desde el control de equipajes, inocuo por cierto, se podían escuchar las melodías de varias guitarras, cuando atravesamos la puerta de arribos vimos que nos esperaba una banda con música de bienvenida, daba gusto llegar!

aeropuerto

En la atmósfera se respiraba arena y sol, la gente descalza, con los pareos de flores y colores típicos del país y muchas palmeras, me recordó al aeropuerto, ese tan pequeñito en el que hicimos la escala ates de llegar a Bangkok, ¿te acordás?

Antes de irnos cambiamos algo de plata, el cambio parecía bueno y más tarde comprobamos que sorpresivamente este iba a ser el mejor en el país.

Como cambiamos todo el viaje a último momento, los mails que mandamos nunca obtuvieron respuesta, por eso la primer noche dormimos en Tatiana Motel, la idea era dormir en el aeropuerto e ir temprano a la mañana siguiente a la otra isla, pero el aeropuerto se cierra y el lugar de donde sale el ferry, a tres kilómetros del aeropuerto, que es donde algunos locales pasan la noche, nos comentaron que no era 100 por ciento seguro, Tatiana nos respondió el mismo día, costaba 70 talas la habitación doble con desayuno y tenía un shuttle desde el aeropuerto al hotel por 25 talas por persona, así que tomamos esta opción. 

Cuando llegamos, apuradísimos por chequear si había algún lugar abierto para cenar pudimos percibir el ritmo pausado de la recepcionista que se repetiría en todos los samoanos, una frase una pausa, un poco de reflexión otra pausa, luego pararse lentamente, unos pasos sosegados otra pausa más, era momento de relajarnos.

La habitación era sencilla, como había poca gente en el hotel nos dieron una con baño privado por el mismo precio, dejamos las mochilas y salimos con pocas expectativas, eran las once y acostumbrados a Nueva Zelanda no esperábamos muchas opciones a esa hora. Menuda sorpresa cuando encontramos varias tienditas que servían café, una despensa, un restaurant y un mercado 24hs de frutas abierto. Tomamos el menú de 3 talas que incluía arroz, curry, pollo, y una especie de cabellos de ángel cocidos en caldo de carne, con una gaseosa de lima grande para tomar, viste que cuando uno tiene hambre cualquier plato parece el mejor del mundo, con esa poca objetividad te puedo decir que estaba delicioso.

La primera impresión, para romper mis reglas de que llegar de noche siempre es, cuando menos, incómodo, fue muy buena. La capital, un lugar pequeño, lleno de vegetación y colores, con pocas calles y gente en la puerta de las casas y los negocios que te saludaba al pasar, el ritmo lento de la vida, el calor pegajoso, todo, me pareció muy a tono con lo que deseaba en ese momento.

Si andás pensando en grandes lujos este no es el lugar, todo es muy sencillo y humilde, poco turismo, unas playas increíbles, nada de puestas en escena para el visitante, un lugar muy natural y aislado que obviamente forma parte de este planeta globalizado, no es un viaje antropológico a principios de siglo como te imaginarás …

La seguridad del lugar ya sabemos que es un poco real y un poco construcción en la cabeza de uno, teniendo en cuenta esto, te digo que yo me sentí muy segura!, pero… conocí a una chica a la que le sacaron el bolso en un bar (lo había dejado sobre la mesa de todas formas) y con el bolso se fue el pasaporte y algo de dinero. 

Bueno te sigo contando lo que hicimos, cuando nos despertamos al otro día paseamos un poco por el centro, a la espera de nuestro colectivo a Lalomanu, una playa al este de la capital, era como una hora y media de trayecto.

chiringuito samoa

El centro serán cuatro o cinco cuadras, se puede visitar la catedral, y hay un mercado que vende pareos, artesanías en coco y hojas de palmera y en la parte de atrás tiene un patio de comidas que ofrecen buñuelitos de banana, bolas de fraile rellenas de carne pollo frito y jugos con milo y leche. Ahí mismo, en el centro está, el centro de información turística que los martes, miércoles y jueves alrededor de 10:30am brinda una charla informativa sobre la cultura samoana, con preparación de comida y demostración de los tatuajes típicos que llevan hombres y mujeres en las piernas. Nosotros no pudimos ir porque no nos coincidieron los días y el día que podríamos haber ido, estábamos por tomarnos el micro que finalmente salió una hora y media tarde, situación que es muy común en relación a los horarios… pero nos comentaron que esto de la charla estaba muy interesante. Allí explican con detalle las características de la cultura samoana y las costumbres de la población. Las familias suelen ser muy grandes y unidas, viven todos juntos, padres, hijos, tíos y primos, generalmente en las tierras de la familia del hombre, excepto que la familia de la mujer tenga muchas tierras. Samoa vive de la pesca y el cultivo de banana, coco y taro.

bananos

cocotero

Las familias tienen un jefe, que siempre es el más fuerte, trabajador y apto para resolver los dilemas familiares. Estos jefes generalmente son los que tienen los famosos tatuajes samoanos. En otras épocas el tatuaje se relizaba para coronar el pasaje de la niñez a la edad adulta pero hoy en día, las familias ofrecen a los niños o jóvenes que creen capacitados para desempañar ese rol, realizarse el tatuaje característico que representa a los jefes de familia. Las mujeres que la familia elija para tatuarse serán las encargadas de promover la cultura. Los tatuajes tienen una gran importancia en las poblaciones polinesias, en Samoa representan el rango de la persona que los luce, son un símbolo de honor, poder y status. El tatuaje se realiza a la manera tradicional con una herramienta antigua, son varias sesiones de varias horas, pudiendo llegar a demorar varios días o meses, y significa mucho dolor, por esto aquellos que se tatúan son vistos por la comunidad como personas con mucho valor y si no llegan a concluir los tatuajes esto representa una vergüenza y deshonra para la familia. El tatuador es una persona muy respetada en la sociedad y este es un oficio que se transmite dentro de la familia, representando el mismo una gran responsabilidad. Los tatuajes tienen motivos tribales que cuentan la historia y la cultura samoana.

Las familias de cada una de las villas se organizan en un meeting semanal donde discuten las cuestiones de la comunidad y las resuelven según criterios propios, por encima de los cuales , están las reglas de la sociedad samoana pero siempre las comunidades establecen algunas reglas para dirimir la vida cotidiana.

terminal

Después de la vuelta al centro emprendimos viaje! Pero pará, no tan rápido que acá es todo lento… En la espera del colectivo, ahí a la orilla del mar, pasaron un montón de vendedores ambulantes, con bebidas frescas, machetes, empanadas de coco y ananá y bolas fritas de carne. Yo que no me puedo quedar quieta, bajé a comprar las empanadas y a recargar la botella de agua (hasta ahora parece potable, ya te diré la conclusión definitiva dentro de unos días) en el baño público que estaba ahí cerca, de paso recorrí los pasillos que se formaban entre los micros, viendo la gente y sus prácticas.

-micro samoa

El viaje en los colectivos es de lo más divertido. Los micritos están construidos en madera sobre un camión y están decorados de todos colores. Ahí adentro viaja todo lo que te imagines, gente, pollos, cemento, varas de maderas, cocos… el micro sale cuando sale, y va dejando a cada pasajero en la puerta de su casa, ni un metro más allá, por esto el viaje tiene una duración variable. Nuestra primer parada fue a cargar nafta, en un lugar pegado a un supermercado, ahí todos bajaron a hacer las compras, porque como descubriríamos después alrededor de la isla, hay pequeñas despencitas pero no grandes mercados con variedad de productos. Y allí arrancamos la travesía bien provistos, bien apilados, bien relajados, el colectivero se prendió su cigarro y paró a comprarse un coco a los pocos kilómetros y despacio pero seguro nos fue depositando, a nosotros, y a las cajas con provisiones, en cada uno de sus destinos.

colores

Una ley aprendí de estos viajes, Nadie viaja parado! Los samoanos pueden perder varios minutos armando un Tetris humano donde uno se sienta encima de otro, pudiendo esta pila alcanzar tres niveles, pero nadie viaja incómodo… Subyace a la ley un principio que te puedo decir que se respira en el aire, que consiste en vivir sencillo, tranquilo y disfrutando.

Después de una hora y piquito de viaje preguntamos por el alojamiento y en un inglés no muy fluido el ayudante del conductor nos dijo que me habíamos tomado el colectivo equivocado, nosotros debíamos ir a Saleapaga, la villa que estaba a 8-9 km más allá de la última parada. De paseo y con todo el día por delante esto no era un gran problema, imaginate el mar, la arena, las palmeras en la orilla, una tupida vegetación por detrás, una única carretera que da la vuelta a toda la isla y nada más…entonces las opciones eran caminar o tomar un taxi.

caminando hacia to sua

Nos bajamos del taxi en Fao Fao, nos recibió una señora que nos invitó un café para charlar de nuestra estadía allí… 70 talas cada unos con desayuno y cena.

La familia que manejaba el lugar era muy cálida, la comida abundante y variada y siempre hacían algún plato típico, probamos taros, que es como una papa-mandioca y hojas de taros con crema de coco, un manjar!, una especie de ceviche pero sin tanto limón, arroz con leche de coco… después los sábados a la noche estaba la FiaFia, que es una fiesta donde se hace una muestra de los bailes típicos polinesios y varios integrantes de la familia cantaron e hicieron demostraciones con fuego.

fia fia fuego

fia fia

El lugar para dormir, los fales, como las casas de ellos, son un ranchito con techo de hojas de palmera tejida, y las paredes pueden ser de pareo o de hojas de palmera tejida también, contiguo siempre hay una edificación de cemento donde está la cocina y el baño y un espacio grande como lugar de reunión.

De cualquier forma, todo el año hace calor así que no es necesario más lujos que estos. En las casas hay sólo agua fría y están rodeadas de mucha vegetación que le da al paisaje mucho color. Una cosa que me llamó la atención es que se pueden ver las tumbas de los familiares en las puertas de las casas. Igual, no desesperes, hay opciones con más confort, tenes que venir, te gustaría mucho.

mar

Como estuvimos pocos días decidimos estar en la playa antes que recorrer, hacía mucho que estábamos viviendo en el frío y necesitábamos un poco de energía, como verás en las fotos la arena es muy clara y el mar tiene una paleta de azules asombrosa. Alguna vez te preguntaste porque el agua se ve de este color en la mayoría de los lugares? Seguro que ya lo sabés, no me sorprendería… alrededor hay muchas palmeras, bananos y cocoteros, todo está en un estado muy salvaje, de hecho es la playa más virgen que conocí, la que más me gustó también. La gente vive del cultivo de la tierra y la pesca, también tienen gallinas y chanchos que andan correteando por ahí, verde y azul es básicamente el paisaje, pensé que ya no quedaban lugares así en el mundo, pero por suerte él siempre nos renueva la capacidad de asombro!

caras

El domingo antes de cruzar a la otra isla fuimos a misa. El séptimo día es muy especial, todos van a la Iglesia, es una sociedad muy creyente por herencia colonial y el descanso dominical es algo sagrado para ellos. Mujeres y hombres se visten con sus mejores ropas, preferentemente de blanco y concurren a la Iglesia donde distintos oradores van recitando versos que son respondidas por el coro.

día de iglesia

Bueno estas son algunas de las primeras impresiones, me imagino que en la isla de Pascua las costumbres serán parecidas… Charlamos alguna vez de la película Kon-Tiki? Falta poco para que nos veamos, en ese momento me vas a contar con detalle y vamos a charlar de todo.

cenote

En la isla donde llegamos, Upolu, estuvimos 4 días, como ya te dije pasamos unos días en Saleapaga y estuvimos en la capital, Apia, comiendo y paseando, ahí visitamos Tosua que es un cenote (20 talas la entrada), después nos tomamos el ferry para cruzar a Savai (hay cuatro por día  y sale 12 talas). Cuando llegamos, todos los colectivos se estaban yendo como despavoridos y nosotros nos subimos al primero que pudimos para no tener que pagar un taxi, el centro de información turística quedaba ahí a unas cuadras nomás pero como los que estaban en la estación del ferry eran los taxistas, no nos daban información precisa y nos querían cobrar para llevarnos allí…

Nos subimos al colectivo sin saber donde íbamos, fue la mejor opción… ahí hablamos con los pasajeros y decidimos ir a Manase, en el camino pasamos por lano, que también es una linda playa. Paramos en unos fales que no nos gustaron mucho, pero como pagamos todo el primer día para pelear el precio, después no pudimos cambiar. Te digo que igual estuvo bien, la playa era de las más lindas… Pasamos otros días de caminatas y descanso, el sol no daba tregua y obligaba siestas periódicas. Con más tiempo se puede alquilar un auto y recorrer la isla…para la próxima!! atardecer samoaTe veo en breves, te quiero mucho, Pini.

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