Estambul, amor a primera vista

Describir con una palabra la sensación que experimentamos cuando conocimos Estambul, es más que difícil. Fue una experiencia multicolor, profunda, punzante, abarcadora. Desde el primer momento allí estábamos, extasiados. Si quisiéramos compartir nuestra experiencia deberíamos decir: No pierdas el tiempo! Visitala! porque contarles exactamente como es les quitaría la posibilidad de vivirlo en carne propia,  porque esta es de esas ciudades para sorprenderse de primera mano, para desnudar sin intermediarios, con la propia mirada.

mezquitas

Creemos que la dificultad de ponerle palabras al sentimiento que tuvimos en nuestra primera cita con la ciudad tiene que ver con la energía que encierra este pedacito de mundo. Una vez, cuando le comenté a mi maestra de yoga que mi experiencia a la hora de practicar yoga era distinta dentro del salón de práctica respecto de cuando estaba en mi casa, sin importar que allí hubiese mucha gente o nadie, ella me explicó que mis percepciones tenían que ver con la energía acumulada en el lugar, con las prácticas ya realizadas, con su historia, con lo allí sucedido, con la vida de ese espacio. Y algo de esto se aplica a Estambul. Lo que uno experimenta al arribo es la energía arrasadora allí acumulada por miles de siglos, porque esta ciudad constituyó el centro del mundo repetidas veces y fue el núcleo de distintas civilizaciones, la madre de diferentes creencias. Allí se concentró la vida política y religiosa del los imperios latino, romano, bizantino y otomano. La historia de este lugar, su vida, todo lo allí sucedido, penetra en cada uno de nuestros poros, embriagándonos, haciéndonos sentir el brío de las cosas únicas.

El primer día, fue amor a primera vista, llegamos temprano y viajamos en subte desde el aeropuerto hasta la ciudad. Todo era fascinante, los edificios, la delicada mixtura entre oriente y occidente, las miradas agudas, las galerías de arte, los negocios de antigüedades, los bares, todo.

miradas estambul

Rápidamente ubicamos el hostel y dejamos las mochilas, lo poco que vimos en esas cuadras de camino al alojamiento nos gustó tanto que decidimos no hacer ninguna pausa, estaba empezando la tarde y nosotros salimos disparados como bengalas para aprovechar la luz. Era tanta la emoción, que no queríamos dormir con tal de estar allí más tiempo, y esto era loable porque Estambul es una de esas ciudades que no duermen. Sin embargo, el cansancio de caminarla, infinitamente, nos rindió, no queríamos pero teníamos que descansar, para poder disfrutarla.

A la segunda mañana, decidimos organizar un poco el paseo, para aprovechar el tiempo, que nunca es suficiente a la hora de conocer este pedacito de mundo. El hostel (Neverland) era hermoso, cálido, revolucionario, daban ganas de quedarse más pero la ciudad nos pedía a gritos que saliéramos a caminar.

Por dónde empezar? Con qué orden? Les diríamos que para esta ciudad no hay orden ni criterios, sólo caminar, dejarse llevar por el ruido y los aromas, y perderse por ahí.

Perdernos por ahí es algo que nos sucede a menudo, más a menudo de lo normal. Así, descubrimos lugares que no están marcados en los mapas, huequitos del planeta reservados para curiosos. Estambul es un lugar tan especial para esto, podríamos decir que es una búsqueda del tesoro a gran escala.

mezquita azul

Nuestros recuerdos, como los días en Estambul, están desorientados y desordenados en nuestras mentes, por lo que cualquier intento de sistematización sería en vano. Recordamos las luces de la ciudad, su música, su ritmo. Una sensación gratificante de la temperatura del lugar. Ni frío ni calor, el viento y la humedad acomodados perfectamente a nuestro deseo, como si fuesen variables que definimos a gusto. Nuestra memoria se amarran usualmente a los sentidos: una reminiscencia de olores y sabores, aroma a curry, a comino, a canela, a sisha de manzana… un arcoiris de fragancias y gustos, una mezcla dulce, picante y perspicaz que nos enamoraba cada día nuevamente, como si fuese el principio otra vez. Una remembranza de sonidos. Una melodía que nos despertaba a las 4 am, nos desvelaba a las 7, nos sorprendía a mediodía y en la vuelta al hostel por la tarde y que ya esperábamos con ansias por la noche perdidos en la ciudad, era la convocatoria de los fieles de Alá la oración obligatoria, que se oye cinco veces al día en cada remoto rincón del país.

bazar

Cuando volvimos a viajar con la mente y con las ganas. Intentábamos entre anécdotas, volver a cruzar el Bósforo en diferentes horarios para disfrutar los distintos momentos del sol sobre las mezquitas, las noches sobre el puente con los pescadores iluminados por las luces de neón de los bares. Volver a jugar con las gaviotas en nuestras fotos, volver a charlar con la gente que pasaba.

El bósforo

Los primeros días caminamos mucho, visitamos diferentes barrios y dejamos para el final los edificios históricos porque generalmente estaban repletos de gente. En las diferentes pasadas revisábamos cuál era el horario más oportuno, hasta descubrir que Estambul es gente, gente y más gente, en todos lados, a toda hora. Habiéndonos hecho amigos de esta idea, porque aunque parezca increíble, el gentío lleva un ritmo enérgico y agradable que no cansa, decidimos ir haciendo según las ganas.

vecinos

La segunda o tercer tarde, caminamos por atrás de la mezquita azul, un barrio residencial donde están la mayoría de las embajadas, cada calle desembocaba en otra más bonita y así caminando y caminando sin mapa ni dirección llegamos a un barrio muy cálido, donde la calle era una prolongación sin alteraciones de las casas y la gente permanecía en las veredas, jugando juegos de mesa o tomando un té como en el living de sus casas. Allí decidimos cenar, no sabíamos dónde estábamos y la vuelta seguro sería lo suficientemente larga como para hacernos llegar a medianoche. La comida, como todos los típicos platos turcos, estuvo deliciosa. En la sobremesa empezamos a chequear la vuelta con el dueño del hostal-restaurant y rápidamente se acercaron varios vecinos que nos ayudaron a encontrar el camino. Estábamos lejos pero la noche estaba estrellada y la vuelta se presentaba como el plan perfecto.

las callecitas

Las mañanas y las tardes se sucedieron muy rápidamente, a la misma velocidad que desaparecían los baklava cada noche junto al té.

Fuimos visitando los lugares de a poco para no empacharnos de belleza, entre tes a toda hora y gatos por todos lados. 

gatos

Pasamos varias noches perdidos en Istiklal Cadessi, vagando por bares amuchados en laberínticos edificios. Estruendo, luz y multitudes, el tranvía pisándonos los talones, artistas callejeros y mucho más.

Istlikal Cadessi

La calle Istiklal es la imagen más moderna y europea de la ciudad, el contraste perfecto respecto de Sulthanameth, el barrio donde se encuentran la mayoría de las mezquitas y se aglutinan la población más aferrada al islam.

La única ciudad capital bicontinental del mundo pide a gritos se descubierta, una y otra vez, por los siglos de los siglos.

Estambul la calle

Qué hacer en la ciudad:

* Paseo por el Bósforo: El crucero por el Bósforo es un paseo de un par de horas que realmente vale la pena, ya que permite ver la ciudad con un poco de perspectiva, así como el costado más oriental de la misma que tal vez no está tan cerca del centro neurálgico de la ciudad.

* Visita a las islas Príncipes: Si bien este paseo demanda un día y no está en los planes de muchos, representa una buena opción para hacer una pausa. El bullicio y gentío de Estambul son fascinantes pero a veces, hacer una pausa y recargar energía es necesario, para ello las islas de los príncipes son ideales. Actualmente utilizadas como casas de fines de semana, en su época solieron ser el lugar donde los príncipes con condenas eran exiliados. A las islas se llega en el ferry público en alrededor de una hora y media de viaje. Una vez en las islas se pueden recorrer caminando, en bicicleta o en carruajes tirados a caballo, los autos no están permitidos.

islas principe

* Mezquita azul: Paseo gratuito. Esta mezquita es reconocida por sus azulejos azules y una de las más importante de la ciudad. Ver: english.istanbul.gov.tr

* Aya Sofía: Actualmente convertida en museo, Aya Sofía fue una iglesia y posteriormente una mezquita. En su interior se puede disfrutar de una arquitectura asombrosa y de increíbles mosaicos bizantinos. Aquí está el sitio oficial para chequear horarios y precio de la entrada ayasofyamuzesi.gov.tr

* Palacio Topkapi: El Palacio Topkapi exige tiempo y paciencia. Siempre repleto de gente, es un sitio que permite percibir la organización de la vida islámica de las capas más altas de la sociedad. Si uno tiene la oportunidad es importante leer previamente un poco sobre el sitio y sus diferentes partes. Ver: topkapisarayi.gov.tr

* Gran Bazar y el Bazar de las Especias: El gran bazar es un lugar para recorrer pero no para comprar. Organizado más para el turismo que para los locales, es un buen sitio para percibir las dinámicas de los comerciantes, disfrutar de los colores y los aromas, sin embargo si se trata de hacer compras, detrás del gran bazar para el lado de la universidad hay otro mercado, no tan pintoresco pero mucho más económico. Ver: kapalicarsi.com.tr

gran bazar

 * Baños turcos: Si bien no disfrutamos de esta experiencia muchos nos dijeron que valía la pena. Después de las largas caminatas representa una buena opción para descansar el cuerpo. Aquí algunos de los más conocidos: www.suleymaniyehamami.com.tr y www.cemberlitashamami.com.

* Torre Galata: Ahí nomás del puente nos ofrece una hermosa vista de la ciudad.

Qué comer:

* Kebab, te y baklavas.

Para organizar tu viaje:

* Guía de Estam

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