Las vicisitudes de compartir la morada. Alojamiento en Nueva Zelanda, Parte 1

Si llegaste a este post es porque estas por viajar a Nueva Zelanda con la Working Holiday (o ya llegaste) y querés resolver el tema alojamiento, por eso, si estás buscando la información concreta y toda compactada te invito a que visites el siguiente link CONSEGUIR ALOJAMIENTOEN NUEVA ZELANDA. Ahora si tenés un rato y querés leer mis experiencias compartiendo casa, quedate en este post y seguí leyendo la parte 1 de la trilogía.

*

Acto uno. Casa tres.

kelburn

Salí cansada y aburrida, no me gusta hacer el mismo trabajo durante mucho tiempo. Hacía ocho meses que trabajaba haciendo jugos y licuados, ocho meses en Nueva Zelanda, en la misma ciudad.

Dado que el plan inicial era estar a lo sumo tres meses en cada ciudad, ocho meses era casi tres veces nuestro plan corrompido. Sin embargo, cuando crucé la puerta y el sol iluminó mis mejillas, ese sentimiento gris se empezó a mezclar con mi entusiasmo por llegar a casa, preparar un café caliente y sentarme a escribir. Mis ansias crecían con las cuadras. La subida empinada antes de la llegada no me desanimó, las ventajas de tener un buen propósito.

Entré rápido, el aroma a pis de gato de la alfombra me dió un buen sopapo y aún así seguí adelante, decidida, ya casi no quedaban rastros del hastío de unos minutos atrás.

Agarré el café que tenía en la pieza, sí en la pieza, no es que me guste tanto el olor a café que uso los paquetes como aromatizante, la razón es otra: mi compañera de casa, la señorita “No pago la renta, ni me compró nada, total se lo puedo sacar a los demás” es tan fanática del café como yo, sólo que ella no tiene reparos a la hora de tomar el ajeno.

Ya en la cocina, distraída en los verdes de los árboles que se ven desde la ventana, puse a calentar el agua. Musicalizada por la melodía eléctrica de la pava, que por suerte no dura más que 45 segundos, intenté descubrir figuras en la luz filtrada por las hojas de las plantas que cotidianamente hacían de mis estadías en ese lugar un momento placentero. Por esos meses había empezado a refrescar en Wellington y los días de sol no abundaban. Me imaginé el café humeante sobre el escritorio que en ese entonces estaba en el patio de luz. A esa altura estaban por llegar los ratones, que desplazaron mi oficina de juguete a mi habitación, no quería compartir con ellos ningún espacio y se habían empecinado en invadir la parte trasera de la casa. Así que derrotada, trasladé todo a la pieza, el escritorio del antiguo compañero de casa, la silla del actual, una lámpara sin dueño y el alargue que me había traído de mis casa anterior, la número dos. Pero para eso faltaban unas semanas, todavía por esos días me sentaba en el patio de luz o la habitación de sol (traducción exacta del inglés) al lado del ventanal a tomar mi café caliente.

Todavía en la cocina, esperando el click de la pava que indica que se apagó y en medio de mis divagues, me interrumpe un: -Do you have some lipsticks?- que significa: tenés algún pintalabios (como le digo yo)?, -Eeeee…- digo, lo bueno de las frases que no necesitan traducciones, -Lipsticks you know- haciendo una seña como pintándose los labios en el aire y yo pienso, sí, sí, sé lo que es, lo que no sé es si prestártelo, -ok!- dije-One minute-. De camino a la pieza me debatía entre sí o no, por ahí lo precisa, pensé, pero algo me decía que no se lo preste, los platos sucios todo el tiempo, los abusos cafetales… sin mucha claridad tomé mi lápiz labial, salí de la habitación y le dije -I have this one- que significa: tengo este, ella lo agarró y desapareció como una ardilla. Yo me quedé medio perdida en el pasillo, lejos de mi café humeante, de mis papeles escritos y de mis musiquitas que no más de cinco minutos atrás estaban ahí al alcance de mi mano.

Pude intuir después de que mi vecina, “No me importa nada y qué”, cerró casi en mis narices la puerta del baño, el sentido de apropiación que ella rápidamente experimentaba con mis pertenencias. Entonces, en una acción meramente preventiva le dije -Are you thinking to keep it the whole night? Cause I will need it!-, es decir: Te lo pensás llevar toda la noche porque lo voy a precisar! -No it´s ok- contestó, -So give me it back in the bathroom-, agregué…

Algún gesto de ella me había dejado intranquila. Más tarde, aún sin recobrar mi tranquilidad de sol por la ventana descubrí qué era lo que me intranquilizó. Cuando la vi salir corriendo, y decidí chequear el baño, me encontré con la amarga noticia de mi lápiz labial ausente. Era la mentira en su mirada lo que me quitó la calma algunos minutos antes. Porque desde el inicio mi vecina de casa compartida tenía un plan: hacerse de mi pintalabios, que sabía estar en el baño pero ya no más a esa altura, para usarlo toda su noche de bares, y yo, pude develar su maquinación con sólo una mirada, pero guardé silencio, la dejé hacer su maniobra y después me enojé conmigo. Frente a la ventana del baño, donde tenía que estar mi labial gusto a fresa yacía la nada misma y ante el triste hallazgo sentí que la bestia Impotencia me abrazaba por detrás.

Fin del acto uno.

*

Aquí les dejó una película vinculada a la temática, es la primera de una trilogía (pueden hacer click sobre el nombre): Una casa de locos (2002)

Anuncios

Un pensamiento en “Las vicisitudes de compartir la morada. Alojamiento en Nueva Zelanda, Parte 1”

Comentanos

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s